Dos propuestas recientes han vuelto a poner en duda algo que parecía resuelto: quién puede votar. Una pediría acreditar un conocimiento mínimo del Estado antes de sufragar; la otra sustituiría el voto individual por un voto por hogar, emitido por un solo responsable de la familia. Ambas nacieron en redes y ambas apuntan a problemas reales, como una ciudadanía poco informada y un voto expuesto a la compra y la coacción.
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