La rebelión de las masas ¿fenómeno actual?

Gerardo Antonio López Hernández

La rebelión de las masas, ¿fenómeno actual?
O acaso hay un ambiente de masificación inserto en sus sociedades que los tienen aletargados; conformes con el estado de las cosas; o ¿se han acostumbrado a vivir en un cerco, como aves de corral que con los granos y agua que reciben llenan todas sus aspiraciones?

José Ortega y Gasset (1883-1953) publicó el libro “La Rebelión de las Masas” en 1930; en realidad fue un compendio de una serie de artículos que escribió para el diario español El Sol, desde 1927.

Se podría decir que es uno de sus libros más importantes de este gran autor; un clásico del pensamiento en lengua castellana. Aspectos filosóficos, morales y sociopolíticos son vinculados en forma magistral. Hace un análisis de circunstancias pasadas presentes y futuras; nos ubica en la realidad -podría decirse atemporal- de un fenómeno social que impacta en pleno siglo XXI.

En el sitúa a las masas como protagonistas del poder social. La masa que, como definición no puede establecer ni dirigir su propia existencia porque en esencia es amorfa, caótica, sin dirección.

Para situarnos en la época que lo escribió, es necesario recordar que recién había concluido la Guerra Civil Española, que costó un millón de muertos y en la que participaron activamente naciones y hombres que representaban las principales corrientes políticas de ese tiempo: el comunismo y el fascismo.

En el párrafo inicial, Ortega y Gasset desarrolla su idea del «hombre-masa», tomado en su conjunto —las masas populares— y en su individualidad.

Su aportación fundamental es la posibilidad de que la masa intervenga en decisiones políticas, hecho grave por no considerar al hombre masa cualificado para esta actividad e incluía también a la burguesía integrada por “individuos sin calidad”; aunque admitía que en las clases populares podrían encontrarse “almas egregiamente disciplinadas”. Al final, en las élites, se estaba produciendo el advenimiento del hombre masa.

…cada grupo social contaría con una minoría selecta de personas, minoría mayoritaria en las élites (que en su actualidad se estaría corrompiendo, poniendo como ejemplo el acceso de «intelectuales incualificados, incalificables y descalificados «.

La división de la sociedad en masas y minorías excelentes no es, por lo tanto, una división en clases sociales, sino en clases de hombres, y no puede coincidir con la jerarquización en clases superiores e inferiores.

El autor consideraba que dentro de cada clase social hay masa y minoría auténtica. Pero alertaba sobre el predominio de los “pseudointelectuales incualificados, incalificables y descalificados por su propia contextura”.

Con estas ideas trataremos de analizar si la visión de Ortega y Gasset es aplicable a la circunstancia que vivimos y determinar si se trata de un fenómeno mundial o focalizado.

 

 La circunstancia actual

A casi un siglo que Ortega y Gasset desarrolló la idea del hombre que pierde su individualidad y se convierte en cosa u objeto social, nos enfrentamos a un fenómeno que es recurrente en diversas latitudes.

En Rusia, Turquía, Irán, China, Corea del Norte, Cuba, Nicaragua, Venezuela, sólo por mencionar algunos países, se han establecido regímenes autoritarios, cuyos líderes registran lustros en el poder.

Ambientes sociales, religiosos, políticos diferentes; ¿existen acaso algunas señales/indicadores, que lo que se vive en esos países tienen factores comunes?; ¿Existe el fenómeno del hombre masa?

Los ejemplos que tomamos, son pueblos de alguna forma oprimidos porque no tiene forma clara de cambiar por vías democráticas sus regímenes de gobierno; estas poblaciones ¿viven en ambientes de paz y de bienestar? ¿se sienten satisfechos con los gobiernos que ejercen el poder? ¿tiene los medios reales para cambiar por la vía pacífica sus autoridades?

O acaso hay un ambiente de masificación inserto en sus sociedades que los tienen aletargados; conformes con el estado de las cosas; o ¿se han acostumbrado a vivir en un cerco, como aves de corral que con los granos y agua que reciben llenan todas sus aspiraciones?

Ciertamente es difícil pensar que son pueblos sin aspiraciones de libertad y de mayor bienestar.

Conviene entonces tratar de dilucidar este fenómeno.

Vamos por partes…en el mundo, al menos en Europa central, el fenómeno no se localiza. Rusia es Europa oriental, Turquía está en el límite; América ha pasado por regímenes autoritarios que van y vienen, excepto por los casos ya prolongados en Cuba, Nicaragua y Venezuela que tiene casi dos décadas sumida en la dictadura Chávez/Maduro.

Asia es otro fenómeno, especialmente China, que podríamos calificar como un régimen híbrido, donde la “doctrina comunista” que controla los medios de producción y el colectivismo como forma de vida, presenta variantes sorprendentes; Corea del Norte podría ser en este sentido la expresión de ese comunismo a ultranza con Kim como líder-remedo de Stalin. Con Irán se complica la situación por el tema religioso fundamentalista.

Con este breve recorrido, se detectan zonas amplias en los que no se aprecia esa opresión que sofoca el desarrollo, entonces ¿cuáles pueden ser las condiciones que propicien la existencia de tales regímenes autoritarios de la existencia de la persona masificada?

Enfoquemos nuestra atención al fenómeno que se presenta en Latinoamérica.

Cuba es un caso que ha permanecido por varias décadas por un ambiente externo mal manejado por la potencia hegemónica del continente: los Estados Unidos de América; ha quedado demostrado que hubo malas decisiones a la caída de Batista, empujo a Castro a irse del lado del comunismo en la época de la Guerra Fría; una mala jugada y un pésimo apoyo que se frustró en Bahía de Cochinos, envalentonó a ese régimen y jugó con el sentimiento patriótico de la población; contó luego por un buen periodo con el apoyo incondicional de Rusia que los saco a flote por un buen lapso; después la estrategia de sometimiento con el uso del ejército y un régimen opresivo que lo controla todo, ha inhibido la protesta, de hecho, en un momento Castro permitió la salida de los más descontentos con el régimen, los llamó “gusanos”, pero eran los que tenían mayor iniciativa y son ahora los que han progresado en los Estados Unidos y algunos de los hijos de estos migrantes ocupan puestos importantes en la administración de Trump -Marco Rubio, Secretario de Estado, por ejemplo-.

En resumen, Cuba es un pueblo sometido, cuyos lideres, herederos de la nomenclatura, de Fidel y Raúl Castro, siguen en el poder que dependerá la subsistencia de los gobiernos de izquierda que los apoyan principalmente México, Nicaragua y Venezuela.

Nicaragua desde la Revolución Sandinista ha tenido regresiones que ahora la tienen secuestrada con un régimen que también practica el nepotismo; el dictador ha tenido desencuentros graves con la iglesia católica, ha expulsado a varios dignatarios por considerarlos oposición y enemigos del Estado. En Centroamérica es un lunar, que se contrarresta con las políticas también agresivas del presidente Bukele en el Salvador.

El caso de Venezuela, como estás las cosas, pronto se definirá. El gobierno de Trump está cercando a Nicolás Maduro. Lo acusan de traficante, líder del Cártel de los Soles; ofrecen una elevada recompensa para motivar y facilitar su detención. Ahora hay un cerco marítimo militar al acecho. Ya se verá cuánta población -en una eventual intervención- apoyará a ese régimen; lo mismo en el ejército. Parece que los días de Maduro están contados.

El caso de México es diferente; el electorado, después de la transición pacífica en el año 2000 en que asume el poder el PAN y hasta 2012, no se consolidó.

La gestión presidencial de Felipe Calderón Hinojosa dejó mucho que desear y no tuvo el poder político ni convenció al electorado para evitar el retorno del PRI. El regreso de este partido al poder se caracterizó por la enorme corrupción y la traición a los suyos entregando su confianza a la oferta de López Obrador de que limpiaría al gobierno de estas prácticas y habría un gobierno austero. MORENA, el movimiento fundado por López Obrador, se ha sostenido con una base electoral de menos de un tercio, pero es muy activa y las políticas asistencialistas son su principal activo electoral.

En México sí se distingue el fenómeno del hombre-masa; personas con cierto grado de educación que apoyan políticas claramente regresivas en muchos campos de la economía, pero sobre todo en libertades políticas y separación de poderes.

Los lideres de ese partido han sabido explotar el resentimiento social al detenerse la movilidad social. La mediocridad, signo del este gobierno, se demuestra con los bajos estándares de quienes ocuparán cargos en el Poder Judicial, al que destruyeron al acabar con el sistema profesional de carrera, que privilegiaba el mérito, no la militancia partidista.

Sí, parece que en México está presente el fenómeno del hombre-masa; y lo está, además por los elementos antes mencionados, como el resentimiento social; la polarización social en buenos, malos, mediocres, e intelectuales que se prepararon en el extranjero. En resumen, siempre existirá este fenómeno, pero dependerá de la circunstancia específica de cada país y del liderazgo que lo promueva para conservar el poder, con la política muy efectiva de “pan y circo”.

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