El Estadio Azteca, prueba de fuego para presidentes

Herminio Rebollo

El Estadio Azteca, prueba de fuego para presidentes
Cualquier mandatario en el ejercicio de su poder debe enfrentar una gran variedad de pruebas respecto a si su gestión es bien recibida por la población: si es aprobada o no.

Sin duda, la evaluación más directa es el resultado de elecciones intermedias, que reflejan el premio o el castigo del electorado ante los resultados gubernamentales. También existen las encuestas: las serias y reconocidas, las pagadas, las patrocinadas por la oposición, las cuales constituyen un espejo en el que el dirigente se mira y comprueba que “todo va bien” o apelarán a excusas para descalificar un “mal resultado”. Igualmente, las redes son hoy, una aduana adicional e imprescindible.

Quizá haya juicios de sus colaboradores, familiares, del partido que lo postuló o de los rivales que subsisten en el entorno político. Y, ¿por qué no?, de medios de comunicación internacionales, de mandatarios y ciudadanos de otras naciones, sobre la política exterior y los posicionamientos de gobernantes frente a acontecimientos que impactan la vida del orbe.

Sin embargo, existe la que quizá pueda catalogarse como la gran prueba para cualquier mandatario: el encuentro con la población en la inauguración de un algún evento, ante un estadio repleto -con decenas de miles de personas-, en transmisión electrónica regional, nacional o mundial.

En México, el Estadio Azteca representa el escenario de la gran prueba. Ahí es donde los equipos de futbol se enfrentan cotidianamente con sus respectivas porras. Donde el árbitro es incluso centro del abucheo o la gloria.

También ahí desfilan estrellas de rock, cantantes y artistas -vitoreados estruendosamente por el “respetable”-, o el cierre de campañas políticas ante un estadio lleno de simpatizantes y acarreados por un partido político.

Ahí se ha presentado el Papa Juan Pablo II que, a avanzada edad, congregó a decenas de miles de seguidores para corearle su respeto y amor… “porque me voy, pero no me voy”, respondería el Pontífice ante la feligresía.

Todo esto viene a cuento ante los preparativos de la XXIII edición de la Copa Mundial de Futbol que comienza el próximo 11 de junio y que por primera ocasión se realizará en tres países sede: México, Estados Unidos y Canadá.

La inauguración será en México, en el renovado y renombrado Estadio Azteca, donde se dará el banderazo para la realización de los 104 partidos en 16 ciudades de las tres naciones.

 

UN POCO DE HISTORIA

Díaz Ordaz, estuvo sometido dos veces a esta prueba.

A sólo 10 días de la masacre de Tlatelolco, el 12 de octubre de 1968, Gustavo Diaz Ordaz pagó la cuota: inauguró los XIX Juegos Olímpicos: “Las Olimpiadas de la Paz”.

Realizados por primera ocasión en el continente americano, la concentración en el Estadio Olímpico Universitario, fue el momento en el que la población pudo externar su rechazo al gobierno y en el que la prensa extranjera habló incluso de un México ensangrentado.

El gobierno priísta de Díaz Ordaz, con Luis Echeverría en la secretaría de Gobernación, sabía lo que enfrentaría. Aun así decidió pasar la prueba. Operó con toda la fuerza con la que entonces contaba el priísmo para que en la transmisión y el reporte de los medios de comunicación se minimizaran el rechazo.

Así, se destacó que el presidente del Comité Olímpico Internacional Avery Brundage hablara de que se trató de la inauguración “más brillante de la historia”. Era el primer evento transmitido por satélite, lo que permitió al gobierno presumir la tecnología mexicana.

Empero, la transmisión controlada, no pudo ocultar la rechifla aplastante, por más que se destacaba que Enriqueta Basilio era la primera mujer que encendía un pebetero olímpico.

Temerario o confiado en los aparatos gubernamentales, dos años después, en 1970, Díaz Ordaz volvió a las andadas: inauguró el Campeonato Mundial de Futbol en el Estadio Azteca. Una vez más entre abucheos y rechiflas.

El juego inaugural, México-URSS, terminó 0-0 y se destacó especialmente que era la primera transmisión a color al mudo. También por primera vez aparecieron las tarjetas amarillas y rojas.

 

1986, MUNDIAL DE FUTBOL

Miguel de la Madrid fue recibido con una rechifla y abucheos atronadores cuando pronunciaba el discurso inaugural; protestas por la crisis económica del país, además de la pobre respuesta que había tenido su gobierno para atender los sismos de septiembre de 1985.

Para complicar las cosas, hubo una falla en equipo de sonido por lo que no se escuchaba bien la voz del presidente. Se quiso minimizar la protesta en los medios de comunicación electrónicos pero fue imposible ignorarlo. Después del terremoto, se quiso vender al mundo que México estaba de pie, pese a la catástrofe: imagen de unidad y cooperación.

El mensaje de MMH fue en torno a la paz y la amistad. Y el triunfo organizacional.

En ambos casos, era de esperar la reacción del público -por los momentos particulares que se vivían esas administraciones- y la aparición de los mandatarios era tan obligada como los chiflidos.

No debió ser fácil la decisión, al interior de los gabinetes de seguridad e imagen, para recomendar hacer acto de presencia en estos eventos. Se evaluó el costo de la ausencia y, posiblemente, se pensó que las protestas podrían amainar con la presencia del político.

También el precio de un jefe de Estado ausente, que desaira una proyección mundial.

Aplausos y abucheos son finalmente inherentes a los cargos de poder y quien lo ejerce sabe que tendrá que cruzar esas aduanas.

A principios de diciembre pasado la presidenta Claudia Sheinbaum hizo pública su decisión de ser la primera mandataria en la historia que no encabezará la ceremonia inaugural de esta XXIII edición de la copa mundialista que, por las buenas o las malas y todos los riesgos que implicaba, sí presidieron políticos como el ruso Putin, la brasileña Dilma Rousseff, el norteamericano Bill Clinton, el español Juan Carlos I, el argentino Rafael Videla, la británica Reyna Isabel II, el chileno Alessandri o el italiano Benito Mussolini.

 

EL WAR ROOM

Parece escucharse la voz de los asesores del war room de la presidenta Sheinbaum en el momento de decidir si asistir o no, con el riesgo de un abucheo o una rechifla en una transmisión televisiva mundial:

  • ⁠ ⁠¿Cómo explicar al mundo que la denominada “mejor presidenta” es rechazada por su pueblo?
  • ⁠ ¿Qué decir a la opinión pública cuando los niveles de popularidad rondan el cómodo 70%?
  • ⁠ ⁠¿Despertarían suspicacias todos los halagos que le ha brindado el impredecible Donald Trump?
  • ⁠ ¿⁠Alguien entendería que cuando el 50 por ciento de los ciudadanos votaron por ella, la abuchean apenas al cumplir su primer año al frente del Ejecutivo?
  • ⁠ ⁠No puede descartarse que entre los 100 mil asistentes al Estadio Azteca se colocaran estratégicamente huestes de la derecha, “los buitres y vendepatrias” que diariamente ataca la morenista.
  • ⁠ ⁠¿Recibiría el mismo trato del represor Díaz Ordaz o el neoliberal De la Madrid?
  • ⁠ ⁠No ha habido una Plaza de las “Tres Culturas”, un terremoto o una crisis económica; y de todas formas la critican, pese a la disminución de los homicidios dolosos o el aumento récord de los mexicanos que dejaron la pobreza en el último año.
  • ⁠ ¿Qué harían propagandistas como Jesús Ramírez, Epigmenio Ibarra o El Fisgón para convencer de que quienes tendrán los carísimos lugares en el estadio necesariamente son fifís y aspiracionistas que no quieren a la 4T y por eso la rechazan, mientras el resto de los mexicanos la aman?

 

Así, gano el NO, NO y NO debe ir.

Lo de menos es la aclaración. Aún la tan noble explicación de regalar su lugar a una mexicana que jamás tendría posibilidades de asistir. Será lo más fácil convencer de que la elección se hizo por acordeón o por tómbola.

La prueba superada está a la vista, sobre todo cuando ella aparezca en el Zócalo, que tan buenos recuerdos trae a Morena, para ahí ver el primer partido.

A menos que, en ausencia, alguien se atreva a alguna peladez en el Azteca.

La gran pregunta es ¿se requiere su presencia en el estadio para que haya porras de apoyo o rechiflas?

Cita este artículo

Rebollo, H. (2026, 20 febrero). El Estadio Azteca, prueba de fuego para presidentes. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/el-estadio-azteca-prueba-de-fuego-para-presidentes/

 

Enlace a edición mensual

Número 5, año 6, enero 2026 https://revistaforja.org/revista-forja-para-el-bien-comun-num-52/

Autor

Suscríbete al canal de Revista Forja en WhatsApp

RECIBE GRATIS LA REVISTA

Suscríbete gratis a nuestro canal en WhatsApp y recibe la revista en PDF cada mes, además de artículos y reflexiones todos los días.

También síguenos en redes sociales y mantente al día con lo mejor de nuestra comunidad.

LEER MÁS

Otro mundial, otra oportunidad perdida

Otro mundial, otra oportunidad perdida

Este artículo examina el papel de los mundiales de fútbol celebrados en México (1970, 1986 y 2026) como momentos históricos que, pese a su relevancia internacional, no se tradujeron en transformaciones estructurales profundas en el país. A través de un análisis comparativo, se argumenta que estos eventos fueron utilizados principalmente como instrumentos de proyección externa y legitimación interna de los gobiernos en turno, en contextos caracterizados por tensiones políticas, desigualdades sociales y limitaciones institucionales.

leer más
Ser socialista

Ser socialista

“Ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho. Esa es la escuela que hemos aprendido en la casa del pueblo, entre los militantes y compañeros”. Lo dijo en un congreso del PSOE el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, con esa bucólica pasión tan propia de los sinvergüenzas.

leer más
Revista Forja para el Bien Común
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.