Lo que deja el comunismo

Jaime Aviña Zepeda

Lo que deja el comunismo
Con la caída del muro de Berlín y el posterior desmembramiento de la Unión Soviética, parecía que el comunismo había quedado en el basurero de la historia, quedando algunos representantes como Cuba, Corea del Norte y otros despistados, los cuales parecían ignorar el vuelco del mundo hacia nuevos conceptos sociales de gobierno.

El Partido Comunista de la Unión Soviética fue disuelto en 1991 y, consecuentemente, la Internacional Socialista quedó debilitada y expatriada de Rusia, cayendo en un descrédito progresivo, motivo por el que muchos echaron las campanas al vuelo y festejaron el entierro mundial del comunismo.

Muchos olvidaron que el comunismo no solo es un sistema de gobierno -basado en la planeación central de la economía, la organización social desde el Estado y la utopía de igualdad de todos los seres humanos-; también considera a la religión opio del pueblo; niega la existencia de Dios, hace del ateísmo valor supremo del Estado; y el Estado substituye a Dios.

De ahí la persecución a la religión -cualquiera que esta sea-, especialmente al catolicismo, al que considera como enemigo del Dios Estado.

En 1949, el Papa Pio XII, Declaró que todos los católicos que profesaran la doctrina comunista y atea incurrían en excomunión por apostasía de la fe.

Posteriormente a esta declaración del Papa, se recrudeció la persecución religiosa en todo el territorio de la entonces URRS. A partir de 1946, José Stalin prohibió la Iglesia greco-católica ucraniana, enviando a miles de sus fieles a los campos de concentración en Siberia. Y es bien conocido el arresto y tortura del cardenal József Mindszenty de Hungría; la lucha del cardenal Stefan Wyzsynski, en Polonia, para defender a la iglesia, primero de los Nazis, durante la ocupación, y después de los comunistas con la “liberación”, al publicar su carta titulada, “Non Possumus” de mayo de 1953, denunciando al gobierno por la violación de los acuerdos previamente firmados en 1950 -que los comunista no respetaron-, lo que motivó el encarcelamiento del cardenal durante 6 años, siendo liberado hasta octubre de 1956.

A su liberación siguió la persecución y vigilancia con micrófonos ocultos e intervención telefónica, lo que no impidió su labor apostólica, la promoción de la fe católica y la resistencia contra el comunismo ateo. En 1958, pidió al Papa Pio XII, la consagración, como obispo auxiliar de Cracovia, de un joven sacerdote de nombre Karol Wojtyla, cuyo nombramiento llego el 4 de julio, esto motivo nuevas represalias de los comunistas contra el cardenal, al que negaron el pasaporte para viajar a Italia en 1972.

Finalmente, en 1978, siendo cardenal, le permitieron viajar a Roma para la elección del nuevo Papa -Juan Pablo I- tras la muerte de Paulo VI. El breve pontificado de Juan Pablo I -33 días- motivó su regreso a un nuevo cónclave cardenalicio donde él sería electo Papa, asumiendo el nombre de Juan Pablo II, personaje clave en la caída del comunismo.

El siguiente paso del cardenal Wyszynski fue concertar con el gobierno comunista la visita a Polonia, del recién electo Papa Juan Pablo II, que se hizo realidad en junio de 1979, lo cual contribuyó a la formación del sindicato católico Solidarnosc, preludio de la resistencia civil y la transformación pacifica de la sociedad polaca tras la caída del comunismo.

Faltaría mencionar al cardenal Baltazar Porras, de Venezuela, y a muchos obispos y sacerdotes de Nicaragua, perseguidos por defender libertades en sus países -convertidos en dictaduras socialistas-, entre ellas la religiosa.

A pesar del fracaso del comunismo -en lo social y político-, no ha cesado su guerra espiritual, el ateísmo, la persecución al catolicismo, la destrucción de la familia, entre otras.

Regímenes como el cubano; venezolano, de Maduro; sandinista, de Daniel Ortega, en Nicaragua; comunista, de Corea del Norte, con Kim Jong-Un; y el lopezobradorismo en México, identificado con los residuos de la izquierda de Rusia y China; tienen como denominador común la persecución religiosa, especialmente de la Iglesia católica, la cual también enfrenta atentados de extremistas islámicos en diversas naciones, especialmente en Nigeria.

El resultado de estas persecuciones son miles de cristianos, encarcelados, torturados, desplazados y asesinados. La persecución se está convirtiendo en el pan nuestro de cada día.

Las sociedades actuales están pasado del ateísmo práctico, destrucción de la familia, rechazo y persecución de las religiones, deificación del Estado, a la confrontación dialéctica entre ricos y pobres, blancos y negros, criollos y mestizos, hombres mujeres, heterosexuales y homosexuales, etc., con lo cual pretende destruir los valores propios de la identidad católica, que nos asemeja a todos como criaturas de Dios, sin distingos ni discriminación.

El fracaso de los gobiernos socialistas y comunistas no significa el fin de una guerra ideológica, sino su transformación: de estar circunscrita a lucha entre empresarios y obreros, ricos y pobres, ha pasado a todos los campos de la vida social, política, cultural, religiosa y económica.

En todos ellos ataca los valores cristianos como condición para avanzar en la destrucción de lo humano, social, cultural y político; para acabar con los valores que dieron vida a la civilización occidental cristiana.

La caída de Nicolas Maduro -ejecutada por el aparato militar estadounidense- es parcialmente esperanzadora para los venezolanos ya que no hace válida la voluntad de millones de ciudadanos que optaron por el cambio en las elecciones de 2024, en las que votaron mayoritaria y contundentemente por Edmundo Gonzales y el partido de Corina Machado.

Al reconocer Trump a Delcy Rodríguez, priorizar sus intereses sobre el petróleo, y no respetar lo decidido en las urnas, demuestra que no le interesa la libertad, el progreso y la democracia de los venezolanos; y que está dispuesto a negociar con los socialistas, a pesar de que el Congreso norteamericano declaró al socialismo como incompatible con los principios fundacionales de los Estados Unidos.

Cita este artículo

Zepeda, J. (2026, 14 marzo). Lo que deja el comunismo. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/lo-que-deja-el-comunismo/

 

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