Hacia una computación capaz de saber cuándo actuar y cuándo esperar.
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Investigación sobre los avances tecnológicos y sus implicaciones éticas, sociales y políticas, con especial atención a su impacto en la vida cotidiana y en la estructura social.
Hacia una computación capaz de saber cuándo actuar y cuándo esperar.
La Inteligencia Artificial está transformando la economía, la política, la educación y la vida cotidiana a una velocidad sin precedentes. Pero, junto con sus enormes posibilidades, surgen preguntas fundamentales sobre la dignidad humana, la verdad, la justicia y el bien común.
La cultura actual suele asociar el valor con la velocidad, la visibilidad y la productividad. Los hongos cuestionan esa idea. Aunque la mayor parte de su actividad ocurre lejos de los reflectores, sostienen procesos esenciales para la vida: reciclan nutrientes, establecen redes de colaboración y hacen posible la renovación constante de los ecosistemas.
A partir del pensamiento de Carl Sagan, G. K. Chesterton, Shoshana Zuboff y las recientes reflexiones de la Iglesia sobre la inteligencia artificial, este artículo explora una de las grandes tensiones de nuestro tiempo: la lucha por preservar el sentido común, la confianza social y la dignidad humana frente al avance de los nuevos “demonios digitales”.
En los tiempos que vivimos, más que nunca, quien se atreve a expresar una opinión ya no se diga contraria, sino incluso poco coincidente con las corrientes de moda, se expone a ser víctima de un linchamiento general.
Este artículo es la continuación del desastre que causó la Eugenesia y como esta dio una base “científica” al racismo y ultimadamente a la masacre de los campos de concentración de los nazis.
La inteligencia artificial ya no es únicamente una innovación tecnológica: se ha convertido en una fuerza capaz de redefinir el trabajo, la verdad, la economía, la política y hasta la comprensión misma de lo humano. Frente al avance de algoritmos que organizan percepciones, automatizan decisiones y transforman la vida social a escala global, la Doctrina Social de la Iglesia ha comenzado a responder con una profundidad inédita.
Vivimos rodeados de algoritmos que deciden qué vemos, qué creemos y hasta qué sentimos. La inteligencia artificial promete eficiencia, velocidad y progreso, pero también está alterando silenciosamente nuestra relación con la verdad, la libertad y la propia condición humana. Entre deepfakes, manipulación emocional algorítmica y sociedades cada vez más dependientes de sistemas automatizados, emerge una pregunta inquietante: ¿seguiremos usando la tecnología como herramienta o terminaremos entregándole nuestra capacidad de pensar críticamente?
Hay un libro al que necesitas echarle un ojo. Se llama ‘The Technological Republic’ y es de indispensable lectura, en primer término, porque sus autores son Alexander C. Karp y Nicholas W. Zamiska, director general y director de temas corporativos, respectivamente, en Palantir Technologies Inc., una de las empresas clave en las revoluciones tecnológicas que están cambiando de raíz al mundo en que vivimos.
La inteligencia artificial ya no es solamente una disputa entre gigantes tecnológicos, gobiernos y laboratorios de innovación. Con la próxima publicación de Magnifica Humanitas y la creación de una Comisión Interdicasterial especializada en IA, el Papa León XIV ha colocado al Vaticano en el centro del debate global sobre el futuro humano frente al poder de los algoritmos.
Si los cambios en los métodos de producción del siglo XIX ya merecían afirmar la dignidad de la persona humana, los del siglo XXI, lo hacen indispensable por ser el ser humano mismo -y su inteligencia- el objeto de los cambios tecnológicos.
La genética moderna, con bases científicas, se ha desvirtuado para justificar ideologías que deshumanizan en lugar de acercarnos más a la Verdad. La ciencia así utilizada pierde todo su sentido.
En abril, la misión Artemis II, de la NASA, regresó a los seres humanos a la órbita de la Luna, tras más de cincuenta años desde las últimas misiones tripuladas del programa Apolo, abriendo una nueva fase en la conquista del espacio, que no solo va de científicos y astronautas, sino que nos impactará –para bien o para mal- a todos en la tierra.
La digitalización de lo cotidiano ha transformado, de manera irreversible, nuestra forma de vida. Esta metamorfosis abarca desde lo elemental hasta lo complejo: desde la transición hacia los pagos virtuales hasta la reconfiguración de nuestras interacciones sociales.
La IA necesita dirección, propósito y alguien que decida cómo pilotearla.
Desde la década de 1950, la era digital se ha consolidado como una de las mayores aportaciones de la humanidad en distintos ámbitos: educación, salud, comunicación, ciencia, astronomía, información y conocimiento.
En Ciencia Política, el concepto “gobierno” suele abordarse desde lo técnico, jurídico o administrativo. Sin embargo, esta mirada resulta limitada si no se complementa con dimensiones culturales, éticas y sociales.
Organizaciones, líderes sociales y emprendedores enfrentan un fenómeno persistente: la invisibilidad. Publican, invierten tiempo, hacen videos, pero su mensaje se diluye.
Nuevas herramientas, nuevas posibilidades para la incidencia social.
En los últimos años, la irrupción de nuevas tecnologías ha comenzado a transformar la manera en que las organizaciones operan, toman decisiones y se vinculan con su entorno.
Planear estratégicamente en un entorno VUCA —volátil, incierto, complejo y ambiguo— es, como bien señalan Biloslavo, Čebron y Zorčič (2024), un oxímoron en sí mismo. Esto es, una combinación de términos en apariencia contradictorios: planear implica proyectar y buscar cierto control, mientras que un entorno VUCA se define precisamente por su imprevisibilidad y su resistencia al control.
Profesionalizar es clarificar para qué hacemos lo que hacemos, y desde ahí, ordenar cómo lo hacemos. Es asumir que los procesos pueden servir al cuidado de las personas, que los datos pueden ayudar a discernir, y que la mejora continua no es un eslogan gerencial, sino una responsabilidad compartida.
La construcción de una inteligencia artificial ética no es un ideal abstracto, sino una tarea urgente y concreta que implica a gobiernos, empresas, comunidades científicas y a toda la sociedad civil.
El despliegue efectivo y ético de la inteligencia artificial en América Latina y el Caribe exige más que infraestructura: requiere marcos de gobernanza sólidos, estrategias de colaboración multiactor y programas de capacitación continuos.
Este ensayo propone una reflexión crítica y propositiva: lejos de competir frontalmente contra la IA, la creatividad humana puede y debe ser aprovechada como su complemento más poderoso. A través de ejemplos reales, conceptos actualizados y referencias válidas, analizaremos cómo la economía naranja ofrece una hoja de ruta viable hacia un modelo de desarrollo inclusivo, innovador y humanizado.
Los principios cuánticos pueden ofrecer nuevas perspectivas sobre la complejidad y la dinámica de las interacciones sociales, el comportamiento colectivo y la estructura de las redes sociales.
La biología cuántica desafía conceptos filosóficos tradicionales y abre nuevas vías para la exploración de temas como el reduccionismo, el determinismo, y la naturaleza de la realidad.
La física cuántica y la filosofía pueden parecer, a primera vista, disciplinas muy alejadas. Sin embargo, ambas comparten una profunda interconexión.
Este artículo explora cómo aplicar el concepto de pericoresis en la física cuántica para comprender mejor la naturaleza de las partículas, sus interacciones y la estructura subyacente de la realidad.
En esta sociedad moderna, la multitarea es altamente valorada y promocionada como un sinónimo de eficiencia.
Se trata de los macrodatos, el metaverso, el aprendizaje automatizado, la impresión en tres dimensiones y la civilización espacial, que implican no solo mejorar los productos existentes, sino reemplazar categorías enteras del mercado y modificar irreversiblemente muchos pilares del trabajo y de la convivencia humana.
Una década es tiempo más que suficiente para reflexionar sobre los logros y asignaturas pendientes sobre la reforma al sector de las telecomunicaciones y la radiodifusión en México.
Si bien las redes sociales digitales son un negocio en su origen, para nosotros los usuarios son un medio muy poderoso para lograr un fin. Bien utilizadas logran incluso cambios profundos en la sociedad. Analizaremos 2 casos de uso político y los resultados obtenidos.
Los cambios tecnológicos generan cambios de poder. El objetivo de este análisis es mostrar cómo la transformación digital que vivimos tiene unas consecuencias que afectan de forma determinante a los asuntos estratégicos de seguridad y a la comprensión de la geopolítica. El dato digital ha adquirido un valor estratégico. Vemos cómo la rivalidad geopolítica implica una rivalidad en el ámbito digital, y que liderar la innovación supone protegerla. La consecuencia de dicha transformación va generando un interés político creciente.
Las redes sociales digitales distan mucho de ser espacios diseñados únicamente para comunicarnos, tienen un potencial más grande y un enfoque de negocio de información, clave para posicionar ideas, productos e ideologías.
La IA pone al alcance de millones de personas una tecnología cuya capacidad podría transformar profundamente la realidad.
Si analizamos la historia, ocupan más lugar las guerras que lo logros de las naciones, y cuando éstos se dan, no faltan quienes envidiosos busquen anularlos o revertirlos.
Nuevas pantallas… viejos negocios trasluce el análisis de Leopoldo Brito sobre cómo los medios digitales cambiaron el enfoque de consumo mediático. Por primera vez en la historia, los usuarios deciden qué contenidos ver, cómo y cuándo. En el fondo, lo único que cambió es el modelo de negocio.
No renunciemos a preguntarnos por los fines y por el sentido de todo, incluida la tecnología. No renunciemos a construir una nueva cultura donde la técnica se relacione con la estética, la ética y los más profundos valores humanos.
El autor advierte que el origen de muchas dificultades del mundo actual está ante todo la tendencia, no siempre consciente, a constituir la metodología y los objetivos de la tecnociencia en un paradigma de comprensión que condiciona la vida de las personas y el funcionamiento de la sociedad.
Lo que parecía ser un gran avance que universalizaba un derecho restringido en el pasado, el derecho a la información, ahora se ha convertido en una amenaza, tanto por los emisores-receptores que utilizan las redes sociales, como por parte de los proveedores de las plataformas que hacen posible la circulación de los mensajes, al erigirse en “autoridades” capaces de controlar lo que circula por las redes.
La democracia de casino sobrevenida, la de usa y tire, la del chismorreo, la del hablar para oírse uno mismo, en fin, viene empujando a los políticos y de suyo a todos los que participan de la experiencia de la libertad, a ser y comportarse como celebridades u objetos de idolatría.
La “posdemocracia”, en lo particular, es “un anti-modelo o modelo de corte neofascista que diluye el entramado institucional y lo pone al servicio de hombres o líderes providenciales, quienes establecen una relación directa y paternal con el pueblo auxiliados por el mismo tejido mediático e inmediato de la globalización”.
los notables avances en el campo de la tecnología tienen cada vez más implicaciones significativas en todos los ámbitos de la actividad humana; por lo tanto, los debates abiertos y concretos sobre este tema son más necesarios que nunca.