En la pasada entrega discutimos ese resbaladizo concepto llamado “bien común”. Al final, comprometíamos una segunda entrega dedicada a la tarea de la medición del concepto.
Cuando se trata de asuntos humanos, todo medir es aproximado. (Inclusive en las llamadas ciencias “exactas” hemos descubierto, cada vez con mayor claridad, que todo medir parece estar sujeto a limitaciones. Piénsese en el teorema de incompletitud de Gödel, en las peculiaridades de la mecánica cuántica, las teorías de la complejidad, etc.). Medir implica, por principio de cuentas, el difícil problema de elegir un sistema de referencia, es decir, determinar el punto desde el cual se establece la medición, cuya modificación devolvería valores completamente distintos. Medir tomando como sistema de referencia un barco devuelve información distinta a si medimos tomando como referencia tierra firme; lo mismo pasa si medimos en la Tierra o en el espacio, etc.[1] A ello habría que añadir la precisión o imprecisión de nuestros instrumentos de medición, el problema de selección de variables—a mayor número de variables incrementa la posibilidad de incurrir en multicolinealidad (un “exceso” de correlación) o en una significancia espuria (generación de resultados significativos por “azar”)—y, en el caso de estudios con seres humanos, el sesgo de deseabilidad social (que explica por qué muchas más personas responden que sí votan que las que realmente votaron), sesgos de recuerdos, de aquiescencia, o de confirmación, por mencionar solamente algunos.
Medir una idea como el “bien común” implica, además, la necesidad de definir correctamente el término, de forma tal que los aspectos que definen el problema puedan ser “desglosados” en términos de aspectos medibles. Lo contrario supondría la imposibilidad de medir. Por ejemplo, es imposible (en mi opinión) medir el amor de pareja; por el contrario, esta idea tan abstracta podría aproximarse a través de mediciones de felicidad,[2] estudios sobre emociones, hábitos, actividades y dependencia, etc.[3]
En el caso concreto del bien común, el Instituto Promotor del Bien Común de UPAEP ya ha hecho la primera tarea, a saber, definir el fenómeno que se pretende medir.[4] Respecto a la medición—segundo paso del hacer del IPBC—la primera forma en que se perfiló la medición tuvo como sistema de referencia el municipio. Y si bien este artículo se centrará en explicar cómo medimos dinámicas de bien común en un municipio determinado, esto no ha sido óbice para que el equipo del IPBC haya realizado ya mediciones del bien común tomando otros sistemas de referencia, como la universidad.[5]
II
La métrica de dinámicas del bien común en municipios busca explorar cómo una sociedad vive el bien común en su forma de vida particular, lo que incluye su cultura, lengua, tradiciones, intuiciones fundamentales, mœures y demás perspectivas que hacen que esta comunidad sea la que es y no otra. La medición se realiza en cinco dimensiones fundamentales, que constituyen el pentagrama del bien común:

A fin de medir cada una de estas dimensiones, se diseñó un cuestionario. Cada uno de los 62 ítems del cuestionario—número que ha variado ligeramente a través de consecuentes revisiones del instrumento—busca aproximar las dimensiones desde una perspectiva comunitaria antes que individual. Así, por ejemplo, el ítem A41, sobre agencia, pide al sujeto que responda, en términos de su perspectiva sobre la comunidad en la que vive, qué tan de acuerdo está con el siguiente enunciado: “En su localidad, se considera importante que la gente se organice para resolver un problema común”. Esta pregunta busca medir la autoevaluación que la comunidad hace de su capacidad para colaborar en la resolución de problemas. Es importante insistir que la pregunta no inquiere sobre si el individuo colabora o no, sobre si le parece importante o no sino, más bien, sobre su percepción respecto de la comunidad a la que pertenece. Esta forma de preguntar busca respuestas que arrojen luz sobre las dinámicas sociales de bien común, su naturaleza, fortaleza y estabilidad.
La encuesta está diseñada sobre una escala de Likert, que pide al individuo manifestar su total acuerdo (TA), acuerdo (A), indiferencia (NAND), desacuerdo (D) o total desacuerdo (TD) con las afirmaciones que se le presentan. Los resultados de estas mediciones pueden manifestar dinámicas de bien común sólidas donde la mayoría de la población está de acuerdo con los enunciados; dinámicas en estado de anomia, donde la población se muestra indecisa sobre el estado de la dinámica; o dinámicas negativas de bien común, donde la población cree que determinadas actitudes no ocurren en su comunidad. Las siguientes imágenes ejemplifican estas dinámicas:

Figura 1. Dinámica positiva de bien común

Figura 2. Dinámica anómica de bien común

Figura 3. Dinámica negativa de bien común.
Esta es la base sobre la cual se erige la métrica de bienes comunes diseñada por el IPBC. A partir de estos datos básicos y de las figuras que ellos crean, es posible comenzar un análisis más profundo de la realidad del bien común en determinada comunidad. Para ello, es preciso hacer preguntas más específicas e hipótesis de trabajo que deberán ser corroboradas por los datos de la encuesta y otras variables sociodemográficas. Plantearé un ejemplo imaginario de un lugar donde no hemos llevado a cabo una medición, pero donde podríamos hipotetizar algunas dinámicas de bien común. Habiendo nacido en la Ciudad de México, pude vivir los tremendos contrastes sociales que existen en una zona como Santa Fe y los pueblos que están debajo de ella, como Santa Lucía. Pocos espacios crean un contraste tan hiriente y descorazonador como el que ocurre en Santa Fe, una zona que se desarrolló a finales del siglo XX y que muy pronto se convirtió en una de las zonas más caras y exclusivas de la ciudad.[6] Cuando uno está en Santa Fe, uno puede mirar hacia abajo y contemplar la miseria que circunda esta exclusivísima zona. Revise el lector las extraordinariamente dolorosas fotografías de Santa Fe que publica el sitio Unequal Scenes.[7] Si midiéramos dinámicas de bien común en Álvaro Obregón, muy probablemente encontraríamos disparidades en las respuestas que surgen de zonas empobrecidas, como el pueblo de Santa Lucía, y las que se generan desde la opulencia de Santa Fe. Estos contrastes suponen ya un foco rojo, puesto que la existencia de dos ciudades dentro de una, a saber, la ciudad de los ricos y la de los pobres, implica ya una problemática, sugiriendo mala redistribución de la riqueza, predominancia de los rendimientos del capital sobre los del trabajo, etc.
III
Con esta información, el IPBC genera un reporte de dinámicas del bien común que explicita el estado de la comunidad en términos de agencia, gobernanza, estabilidad, justicia y humanidad. Por supuesto, siempre será posible encontrar en una comunidad niveles muy altos de un factor y muy bajos de otro. Por ejemplo, en la comunidad mayoritariamente indígena de Copanatoyac, en Guerrero, encontramos muy altos niveles de agencia que contrastan con muy bajos niveles de gobernanza, lo que nos habla de una comunidad tradicional profundamente cohesionada por su cultura y tradiciones ancestrales, pero que no ha logrado entablar una relación positiva con las autoridades que emanan del Estado moderno.
Los estudios que se realizan tienen no solamente un carácter informativo, sino que son útiles en el diseño de políticas públicas. Conocer el estado de las dinámicas de bien común permite saber con mayor precisión dónde deben impactar las políticas públicas de los gobiernos municipal, local y federal a fin de corregir dinámicas negativas y promover dinámicas positivas que permitan el florecimiento de todos y cada uno de los seres humanos que habitan una comunidad específica. Cada una de las dimensiones del pentagrama exige determinadas políticas públicas que apoyen, a su vez, bienes comunes básicos: educación, trabajo, solidaridad, cultura y estado de derecho.
La medición de estos últimos, finalmente, se realiza con los mismos ítems del cuestionario, pero agregados de distinta forma. Ofrezco aquí un ejemplo. Para aproximar el bien común “estado de derecho” se utilizan los siguientes ítems del cuestionario, que corresponden a tres dimensiones, a saber, justicia, estabilidad y gobernanza: J01 “En su localidad, la mayoría de las personas respetan los derechos de los demás”; J02 “En su localidad, la policía local protege a la mayoría de los ciudadanos”; J03 “En su localidad, los servidores públicos pueden ser corrompidos”; S16 “En su localidad, cuando alguien es detenido por la policía, es tratado con respeto”; y G25 “En su localidad, el gobierno está al servicio de la mayoría”.
De esta forma, las dimensiones del bien común son desagregadas y recompuestas en bienes comunes de base. De esta manera es posible mostrar la íntima relación que existe entre las dimensiones normativas del bien común—agencia, gobernanza, estabilidad, justicia y humanidad—y los bienes comunes básicos en una comunidad—educación, solidaridad, cultura, trabajo y estado de derecho. Esto no significa, por supuesto, que no existan otros bienes comunes que tengan asimismo gran importancia. Lo que esta métrica supone es que estos diez elementos constituyen, en su conjunto y en sus relaciones, una buena aproximación al fenómeno que hemos definido como bien común.
El equipo del IPBC ha publicado los resultados de sus mediciones en diversas revistas arbitradas y libros, algunos de los cuales pueden consultarse de forma gratuita.[8]
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[1] Hacyan, Shahen. Relatividad para principiantes. México: FCE, 2025, 13-18.
[2] Rojas, Mariano. El estudio científico de la felicidad. México: FCE, 2014.
[3] Por ejemplo, Kozakiewicz, Alicja et al. “The Measurement of Love: Psychometric Properties and Preliminary Findings of the Short Love Scale (SLS-12) in a Polish Sample.” International journal of environmental research and public health 19(20): 13269, 2022, doi:10.3390/ijerph192013269; Chonody, Jill M et al. “Measuring Relationship Quality in an International Study: Exploratory and Confirmatory Factor Validity.” Research on social work practice 28(8), 2018: 920-930. doi:10.1177/1049731516631120
[4] Ver Aranda, Juan Pablo. “Esa palabreja del bien común”. Forja para el Bien Común 6(49), 2025: 34-36; Nebel, Mathias y Jorge Medina, “From Theory to Practice: A Matrix of Common Good Dynamics”, en Nebel, Mathias, Óscar Garza Vázquez y Clemens Sedmak, eds. A Common Good Approach to Development, Open Book Publishers, 2022, https://www.openbookpublishers.com/books/10.11647/obp.0290
[5] https://editorial.tirant.com/mex/libro/universidades-y-bien-comun-metrica-de-la-calidad-educativa-desde-un-enfoque-de-bien-comun-mathias-nebel-9788411837538?busqueda=bien+com%3Fn&
[6] https://www.adn40.mx/ciudad/colonias-mas-caras-en-la-cdmx-san-rafael-buenavista-la-lista-completa-las-zonas-mas-costosas
[7] https://unequalscenes.com/mexico
[8] https://riss.vitaepensiero.it/scheda-fascicolo_contenitore_digital/simona-beretta-mathias-nebel/rivista-internazionale-di-scienze-sociali-2020-4-a-special-issue-on-common-good-000518_2020_0004-370666.html; https://www.openbookpublishers.com/books/10.11647/obp.0290; https://editorial.tirant.com/mex/libro/universidades-y-bien-comun-metrica-de-la-calidad-educativa-desde-un-enfoque-de-bien-comun-mathias-nebel-9788411837538?busqueda=bien+com%3Fn&; https://editorialhumanidades.com/producto/derechos-humanos-como-bienes-comunes/; https://herdereditorial.com/catalogo/teologia/la-sintesis-teologica-de-la-nocion-de-bien-comun-en-patristica-9788425449918; https://upaep.mx/biencomun/





