En palabras del responsable de su causa, la reina Isabel la Católica es ya Sierva de Dios; esto quiere decir que nadie puede poner en duda que está ante la presencia de Dios y que es intercesora privada entre lo divino y lo humano; ha superado la etapa diocesana, la histórica en Roma, y aunque efectivamente el Dicasterio para la Causa de los Santos ha tomado pausas prudenciales para la reflexión antes de aprobar la fase teológica, no ha habido ninguna señal que indique un final no satisfactorio; y menos aún por las razones antes citadas.
Es, como dice José Luis Rubio Willen, presidente de la Comisión para la canonización de IsabeL, un asunto para la Divina Providencia, en quien ponemos nuestra esperanza de verla pronto en los altares.
Un muy recomendable artículo de Nemesio Rodríguez Lois[1] nos habla de la comunión de los santos y del evidente beneficio que para el pueblo católico sería tenerla como referente, ejemplo e impulso para la Nueva Evangelización a la que somos llamados.
Su gran celo para llevar la Fe a las tierras recién descubiertas no tiene parangón por su magnitud, extensión y alcance en la historia de la Salvación; sin embargo, no fue la única empresa evangelizadora que emprendió.
En su vida encontramos numerosos capítulos en los que se empeñó en ello; desde la formación de su propia Corte, de los nobles y del clero regular, las misiones catequéticas en Granada y las Canarias; hasta su apoyo a las reformas monacales, la co-fundación de las concepcionistas y de muchos conventos; la traducción de lecturas espirituales, la creación de catecismos; sin olvidar por su puesto las negociaciones diplomáticas y el financiamiento a perpetuidad de la comunidad cristiana que en Tierra Santa resguardaba los lugares santos; ni qué decir de su deseo de continuar la reconquista cristiana del norte africano, que no pudo realizar pero que en su testamento pide se continue.
Su reconocido carácter apostólico fue la expresión de una vida interior de oración, penitencia, amor a la Eucaristía y muchas virtudes de las cuales se sabe poco; no obstante, son estas las que dan valor santo a lo que en el plano terrenal suena a proeza.
GOBERNAR CON EL ROSARIO EN LA MANO
Isabel nació un Jueves Santo, su devoción a la Eucaristía y al Santo Rosario la acompañaron toda su vida. De misa diaria, rezaba, ayunaba, peregrinaba antes de tomar decisiones. Procuraba lecturas espirituales, el silencio y sobre todo la búsqueda concienzuda de un buen director espiritual.
Vivió una niñez con muchas estrecheces pues no figuraba en la línea sucesoria. Su madre, aunque emocionalmente inestable, le proporcionó una formación intachable para la época; destaca su cercanía con figuras como Santa Beatriz de Silva. Sus biógrafos relatan que ya con siete años gustaba de ganar indulgencias para sí misma y los pecadores. Donaba sus pocos ahorros para dar limosnas e inclusive para ayudar en las cruzadas contra los moros en Granada.
Los reyes católicos pasaron todas las semanas santas en retiro, experimentando la vida monacal y de silencio en el convento que tuvieran más cerca. Especial predilección tuvieron por el de Guadalupe en Extremadura.
Rezaba el Oficio divino en todas sus horas, organizaba turnos con sus damas de compañía para que entre ella y todas cubrieran 24 horas de adoración al Santísimo Sacramento, promoviendo su culto a lo largo del reino y fundando asociaciones eucarísticas.
Por consejo de su director espiritual, parte de su diezmo consistía en hacer dos horas diarias de oración contemplativa, la cual generalmente hacía por las noches. A veces, cuando quería meditar y no le daban privacidad, se acostaba en su cama, así todos pensaban que estaba indispuesta y no le interrumpían. Su vida sacramental y de oración es sin lugar a duda, la fuente de todo lo demás.
Fundó hospitales, casas para huérfanos, visitó enfermos, se preocupó por las necesidades materiales concretas de las personas con las que se topaba.
UNA MUJER DE SU TIEMPO
Decíamos que la mala prensa ha querido señalar que su causa está detenida por aspectos controversiales. Analizar cada uno de ellos excede los propósitos de este artículo, pero demos un vistazo rápido.
La expulsión de los judíos, la conquista de los moros, la inquisición, etc., fueron acciones que podrían pasar por intolerantes en nuestros días, pero no en aquella época. No olvidemos que la propia Iglesia autorizaba y hasta financiaba tales empresas; si acaso, en lo que habría que indagar es sobre sus motivaciones. Si algo caracterizó a Isabel fue el sello garantista en todas aquellas obras[2], innegable la presencia de judíos en su propia corte; actuó con mano firme contra quienes intentaron abusar de ellos, como también de los moros, portugueses, franceses, indígenas en Canarias o en América. Si fue intolerante, fue a la injusticia[3].
Otra oscura fama que recae sobre la reina es sobre su legitimidad al trono y su matrimonio con Fernando. Sobre la primera, históricamente está probado y comprobado que nunca desconoció al rey Enrique su hermano, quien en virtud de su ilegitimo matrimonio cedió la línea sucesoria a Isabel en los pactos de Guisando, sobre su propia hija Juana. Ese fue un acto jurídico de toda validez, que algunos -en el futuro- quisieron desconocer.
Sobre lo segundo, también esta saldado. Sí hubo dispensa papal para el matrimonio con Fernando, una concedida cuando ambos eran infantes, y luego otra verbal antes del sacramento. Si hubiera incurrido en falta, años después el papa Sixto IV no hubiera emitido una bula escrita y sellada.
Y así podríamos continuar, todos los reproches que se escuchan son propaganda actual. Sus acciones y decisiones moralmente intachables siempre partieron de la caridad cristiana, como fiel hija de la Iglesia y por su anhelo de Bien Común en sus reinos, granjeándole fama de santidad entre propios y extranjeros.
La gran ironía es que, si esos hechos han de entenderse en su contexto histórico, Isabel una mujer de su tiempo tiene mucho que decirnos a las mujeres de hoy.
UNA MUJER PARA NUESTRO TIEMPO: FEMINISMO SIN IDEOLOGÍAS
Reinas ha habido muchas, reinas santas las hay menos, pero reinas por derecho propio y santas, poquísimas. Particularmente en nuestros tiempos, Isabel podría ser todo un modelo de mujer “empoderada” que gobernó plenamente sin abandonar su feminidad.
Podía negociar con el sultán de Jerusalén y al mismo tiempo atender las necesidades materiales de los mensajeros y hasta bordar un paño para el Santo Sepulcro. Realizar los planes estratégicos para la rendición de Granada y poner un hospital en el que ella misma atendía. Isabel gobierna con ese genio femenino y maternal del que San Juan Pablo II en Mulieris Dignitatem habla.
Ante los “conflictos” feministas modernos de no pocas mujeres exitosas de hoy, Isabel es ejemplar, logra negociar con virtud, amor, sabiduría, mucha feminidad, su potestad temporal con respecto a Fernando, su esposo.
A pesar de saberse una reina más poderosa que el aragonés, y habiendo pasado por una etapa difícil para encontrar el balance, Isabel supo establecer su poder sin denostar a Fernando; al contrario, respetando su abolengo, sus capacidades y sus virtudes políticas, formaron un binomio extraordinario.
Ella lo eligió, por conveniencia, de esa sabia y sana conveniencia de quien sabe qué quiere de la vida, qué le complementa y con quién comparte el mismo horizonte; pero eso no significa que no se amaron; las cartas entre los reyes reflejan amor, ternura, admiración, complicidad.
Contra las tradiciones de antaño, la reina eligió por voluntad propia dedicarse personalmente a sus hijos, desde darles pecho hasta su formación espiritual e intelectual. La corona no le estorbó ni le impidió ejercer su maternidad. Sus hijas e hijo recibieron la misma educación y entre los maestros doctos también había mujeres.

La reina Isabel la Católica, presidiendo la educación de sus hijos por Isidoro Lozano. Museo del Prado
Isabel tuvo que batallar con los “machismos” de su época y fue por sus virtudes que no calaron en ella, ni en su corte ni con sus súbditos. Pese a que en la empresa de Granada se implicaron Isabel y Fernando, este fue un proyecto castellano que la reina no iba a arruinar porque Boabdil no le entregaría las llaves del reino a una mujer, así que Fernando las recibió.
Tampoco se sintió ofendida cuando el arzobispo de Toledo, Alfonso Carrillo, le dijo en su cara —yo la saqué de la rueca y le di el cetro y puedo ahora devolverla a la rueca—. Atónitamente la reina se retiró en silencio y siguió su camino. El arzobispo trató, sin éxito, de cumplir sus amenazas iniciando una guerra civil; cuando el purpurado murió, Isabel mando oficiar la Misa del gran perdón en Toledo.
Política y mística que en su vida de piedad encontró el alimento, el refugio y la fuerza para sus grandes obras a pesar de los sufrimientos personales que le acompañaron: hijos ilegítimos del rey, por quienes por cierto siempre veló; la muerte de algunos de sus hijos y su nieto. E inclusive, en el cáncer de útero que finalmente acabaría con su vida a los 53 años, un 26 de noviembre de 1504.
MAS DE 100 MILAGROS E INCONTABLES FAVORES
La reina pidió ser enterrada en un cajón común a ras de suelo, sin adornos ni joyas, vistiendo el sayal franciscano, en el monasterio de la misma orden en Granada. Ludovico Bruno, el predicador en sus funerales en Roma, además de recorrer el listado de virtudes comparándola con San Fernando III o San Luis Rey de Francia, relata que antes de ser sepultada se abrió el féretro para su certificación y se pudo constatar que, tras 16 días de traslado de Medina del Campo a Granada, no había señal de corrupción en sus restos.
La fama de santidad de la reina se ha mantenido hasta nuestros días; el proceso formal inició a petición de una argentina al Papa Pio XII, quien la remite a la Diócesis de Valladolid para darle curso. La primera fase de investigación histórica requirió un esfuerzo descomunal, más de 27 libros se escribieron contando con el apoyo económico de un mexicano devoto.
Ya se cuenta con milagros aprobados y muchos favores gracias a su intercesión; la devoción en Hispanoamerica ha resultado ser crucial en su proceso, ojalá sigamos siéndolo, conociéndola más profundamente, difundiendo su vida y obra.
Algunos piensan que el lobby negrolegendario ha interferido en su proceso, la Iglesia actúa siempre con prudencia, pero no con cálculo político; así lo demuestran las canonizaciones de Tomas Moro o de los muchos mártires durante la guerra cristera mexicana o de la civil en España; por ello no hay lugar para la desesperanza; al contrario, pidamos a Dios que nos conceda pronto la dicha de llamarla Santa.
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Bibliografía recomendada
BEJARANO, Francisco (1961) Documentos del Reinado de los Reyes Católicos. Málaga: Biblioteca Reyes Católicos
CASTAÑO, CALVO, ABBATE, SÁNCHEZ (2024) Isabel la católica y América. Tucumán: Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino. UNSTA
Comp. (2020) Isabel la Católica y la evangelización en América. Simposio Internacional. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos
GONZÁLEZ Sánchez, Vidal (2006) Isabel la Católica y su fama de santidad ¿Mito o realidad? Madrid: Cita de letras-Historia Viva
NETANYAHU, B. (1995) The origins of the inquisition in fifteenth Century Spain. New York: Random House
PRIETO Cantero, Amalia (1971) Cartas autógrafas de los reyes católicos (1474-1502). Valladolid (documentos de la Causa)
RODRÍGUEZ Valencia, Vicente
(1974) Perfil moral de Isabel la Católica. Valladolid: Instituto Isabel la Católica de Historia Eclesiástica
(1978) Isabel la Católica y la libertad de los indios de América. Devolución de los esclavos. Valladolid: Instituto Isabel la Católica de Historia Eclesiástica
RUMEU de Armas, Antonio (1969) La política indigenista de Isabel la Católica. Valladolid: Instituto Isabel la Católica de Historia Eclesiástica
SUAREZ FERNÁNDEZ, L., (1992) Isabel, mujer y reina. Madrid: Rialp
WALSH, William Thomas (1939) Isabella of Spain. Londres: Sheed & Ward
[1] Rodríguez Lois, Nemesio (Abril de 2024). ¿Conviene que Isabel sea canonizada? Revista Forja No. 34
[2] Cfr. HUNT, Christopher (Octubre de 2023) Hispanidad and the flowering of the human rights. Revista Forja No. 25
[3] Inclusive, el propio Benzion Netanyahu, judío, reconoce que la expulsión en tiempos isabelinos fue la única opción para protegerlos de la hostilidad social en las que la comunidad hebrea se hallaba. Y que, de todas las migraciones forzadas en Europa, la española fue la que mejores términos y tratos concedió.
Cita este artículo en APA 7
Cobos, M. M. (2025, 5 diciembre). Política y mística hacia los altares. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/isabel-la-catolica-politica-mistica-a-los-altares/
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