Otro mundial, otra oportunidad perdida

Guillermo Huerta Juárez

Otro mundial, otra oportunidad perdida
Este artículo examina el papel de los mundiales de fútbol celebrados en México (1970, 1986 y 2026) como momentos históricos que, pese a su relevancia internacional, no se tradujeron en transformaciones estructurales profundas en el país. A través de un análisis comparativo, se argumenta que estos eventos fueron utilizados principalmente como instrumentos de proyección externa y legitimación interna de los gobiernos en turno, en contextos caracterizados por tensiones políticas, desigualdades sociales y limitaciones institucionales.

I. México 70, el final del ‘Desarrollo Estabilizador’.

A finales de la década de 1950 y durante los años sesenta, México experimentó un periodo de crecimiento económico sostenido bajo el modelo conocido como ‘desarrollo estabilizador’. La combinación de estabilidad macroeconómica y un régimen político dominado por un solo partido permitió proyectar una imagen de prosperidad y modernización. Aunque la democracia era limitada y persistían profundas desigualdades sociales, el país comenzó a ser visto internacionalmente como ejemplo de desarrollo, dando origen a la idea del ‘milagro mexicano’.

En ese contexto, el gobierno logró obtener la sede de los Juegos Olímpicos de 1968 y posteriormente la del Mundial de Fútbol de 1970. Ambos eventos representaban una oportunidad para mostrar a México como una nación moderna y capaz de competir con los países desarrollados. Para ello se impulsaron importantes proyectos de infraestructura, particularmente en la Ciudad de México, cuyas obras continúan formando parte de la vida urbana décadas después.

Lamentablemente, la necesidad de las libertades ciudadanas y electorales y las desigualdades sociales explotaron, llegando a su culmen en el año de 1968. El sistema económico también había llegado a su límite, era necesario un cambio de rumbo.

El régimen perdió una primera oportunidad, en 1970 se dio un giro al “populismo económico”, se redujo la inversión e inició el estatismo, atacando a los empresarios; en lo político se continuo con la persecución, la llamada ‘guerra sucia’ y la represión enmarcada en el ‘jueves de corpus de 1971’.

II. México 1986, el sexenio de las oportunidades perdidas.

En un hecho inédito, el 25 de octubre de 1982, el presidente de Colombia, Belisario Betancur, anunció oficialmente la renuncia de su país a organizar el próximo Campeonato Mundial de Fútbol, cuya celebración está prevista para 1986. Esto hizo que la FIFA buscará una sede emergente para cumplir con el que empezaba a ser un negocio de grandes inversiones. La participación de empresarios vinculados a la industria televisiva y deportiva resultó decisiva para convencer al gobierno de Miguel de la Madrid de presentar nuevamente una candidatura.

Sin embargo, la situación económica era distinta a la de 1970. En 1986 México enfrentaba una crisis económica severa con inflación de 105.7%, PIB contrayéndose -3.5% a -4.0%, y deuda pública de 94.8% del PIB. (cfr. Badillo, 2026). En cuestión social señala Krauze (p. 437, 2002) la opinión pública de México abrigaba un agravio insatisfecho”, generado por la persecución política, la demagogia populista y el despilfarro económico de los gobiernos anteriores. 

Las tensiones también se manifestaban electoralmente. Durante esos años el partido gobernante enfrentó desafíos crecientes por parte de la oposición, especialmente del Partido Acción Nacional. Sin embargo, en lugar de promover una apertura democrática más amplia, las estructuras políticas tradicionales buscaron mantener el statu quo. De esta forma, una coyuntura que podía haber impulsado reformas institucionales terminó reproduciendo prácticas políticas ya conocidas.

A esta situación se sumó el terremoto del 19 de septiembre de 1985. La magnitud de la tragedia puso en evidencia las limitaciones del aparato gubernamental para responder con eficacia ante una emergencia de gran escala. Frente a esa insuficiencia, miles de ciudadanos se organizaron espontáneamente para rescatar víctimas, atender damnificados y coordinar labores de apoyo. El surgimiento de una sociedad civil más activa fue uno de los efectos más importantes del desastre.

Sin embargo, la movilización ciudadana tampoco se tradujo en una reconstrucción profunda de las relaciones entre gobierno y sociedad. Aunque el Mundial de 1986 contribuyó a mejorar la imagen internacional del país y coincidió con el inicio de cierta recuperación económica, las oportunidades para fortalecer la participación ciudadana y transformar las instituciones políticas fueron desaprovechadas. Como señala Krauze al referirse al sexenio, se trató de un periodo marcado por oportunidades perdidas que retrasaron avances democráticos y sociales.

III. México 2026, entre la violencia y la división social.

La Copa Mundial de 2026 presenta características distintas a las de las ediciones anteriores. Por primera vez el torneo es organizado de manera conjunta por tres países: Estados Unidos, Canadá y México. Esta fórmula permitió repartir costos y beneficios, además de mitigar críticas hacia los procesos de selección de sedes que han acompañado a la FIFA en los últimos años.

Para México, la designación también representa un reconocimiento a la estabilidad macroeconómica alcanzada tras décadas de crisis recurrentes. Después de los problemas económicos de los años setenta, la crisis de los ochenta y las turbulencias de los noventa, el país logró consolidar una economía más diversificada y abierta al comercio internacional. Sin embargo, el crecimiento económico no ha eliminado las desigualdades sociales ni los problemas de corrupción y seguridad pública. 

El contexto político también es distinto. El regreso de dinámicas asociadas a un sistema de partido predominante y la debilidad de la oposición han generado preocupaciones sobre la calidad de la democracia. Aunque las condiciones actuales son diferentes a las del México del siglo XX, el debate sobre la concentración del poder y la fortaleza institucional continúa siendo relevante.

En materia económica, la situación es más estable que la vivida en 1986, pero enfrenta desafíos importantes. Si bien la inflación se mantiene relativamente controlada y la economía es menos dependiente del petróleo, el crecimiento ha sido limitado y la deuda pública ha aumentado. Esto reduce el margen para realizar inversiones de gran escala en infraestructura urbana y de transporte. 

 

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Los retos de infraestructura son evidentes. Aunque Guadalajara y Monterrey cuentan con instalaciones adecuadas para la competencia, la Ciudad de México enfrenta limitaciones relacionadas con capacidad aeroportuaria y movilidad urbana. Buena parte de las soluciones implementadas para el Mundial han consistido en medidas temporales destinadas a reducir la presión sobre servicios ya saturados, más que en proyectos transformadores de largo plazo. 

No obstante, el aspecto más preocupante es el relacionado con el tejido social. La creciente polarización política ha profundizado divisiones entre distintos sectores de la población. A ello se suma la percepción de falta de diálogo con grupos críticos del gobierno y la persistencia de problemas como las desapariciones, los homicidios y la presencia del crimen organizado en diversas regiones del país. Episodios recientes de violencia en ciudades mundialistas evidencian que la seguridad continúa siendo uno de los principales desafíos nacionales. 

También ha cambiado la naturaleza misma del torneo. El Mundial se ha convertido en un espectáculo global altamente comercializado. Los elevados costos de boletos, el predominio de plataformas de transmisión y la lógica empresarial que domina el evento limitan el acceso de amplios sectores de la población. En consecuencia, el fútbol mundialista ya no posee el mismo carácter popular que tuvo en décadas anteriores.

La evidencia de esta nueva oportunidad perdida se dio el pasado 11 de junio de 2026, cuando la presidenta Sheinbaum decidió no asistir a la inauguración del Mundial, para no ver la repetición de los bochornosos chiflidos de desaprobación por parte de la fanaticada ahí reunida tal y como la vivieron sus antecesores Díaz Ordaz y De la Madrid en su momento.

IV. Conclusión.

La elección de México como sede de tres Copas del Mundo no es casual. Cada designación ha estado vinculada tanto a intereses económicos y mediáticos como al interés de los gobiernos por proyectar una imagen favorable del país ante la comunidad internacional. Los mundiales han servido para mostrar capacidad organizativa, atraer inversión y generar momentos de unidad nacional. 

Sin embargo, la experiencia de 1970, 1986 y 2026 revela un patrón recurrente. En cada caso existieron oportunidades para impulsar reformas políticas, fortalecer la participación ciudadana, reconstruir el tejido social y mejorar las instituciones públicas. Aunque se obtuvieron beneficios en infraestructura, imagen internacional y actividad económica, los cambios estructurales necesarios quedaron pendientes. 

Por ello, la principal lección de estos tres mundiales es que los grandes eventos deportivos, por sí solos, no transforman a una nación. Las verdaderas oportunidades dependen de la capacidad de gobiernos y sociedad para aprovechar esos momentos como impulso para construir instituciones más sólidas, una ciudadanía más participativa y una convivencia social más incluyente. Independientemente de que México vuelva o no a organizar otra Copa del Mundo, el desafío sigue siendo no desaprovechar esas oportunidades.

 


Referencias bibliográficas:

Badillo, D. (30 de mayo de 2026). México 1986 vs. 2026: del colapso petrolero a una economía sin crecimiento. El Economista. https://www.eleconomista.com.mx/politica/mexico-1986-vs-2026-colapso-petrolero-economia-crecimiento-20260530-816109.html  (consultado el 20 de junio de 2026).

KRAUZE, E. (2002). La presidencia imperial: Ascenso y caída del sistema político mexicano (1946-1996). Tusquets Editores, 1° edición en la colección Fabula.

Cita este artículo

Huerta Juárez, G., (2026, julio 24). Otro mundial, otra oportunidad perdida. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/otro-mundial-otra-oportunidad-perdida/

 

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Revista Forja para el Bien Común núm. 58, julio 2026

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