Turning point?

José Antonio Ardavín

Turning point, Charlie Kirk
Charlie Kirk era sin duda singular y admirable: un brillante debatiente que defendía la vida desde la concepción, el matrimonio y la familia, entre otros tantos temas, no frente a una cámara, sino con argumentos, en un diálogo respetuoso con estudiantes y curiosos en los campus universitarios.

Debo confesar que hasta hace algunos días, antes de su asesinato, para ser precisos, yo no sabía quién era Charlie Kirk.

Mi primera referencia, fueron mis hijos, quienes supieron inmediatamente de quién se trataba, pues están bien enterados de quiénes son los influencers conservadores americanos. Yo soy en general, algo crítico de algunos de ellos y sus posicionamientos (por ejemplo en el tema de las armas y la calificación de los migrantes como criminales), pero sin duda son un fenómeno muy relevante a analizar y su impacto en nuestra época es innegable.

Ahora que he podido ver varios videos de lo que constituyó su método personal y el de su movimiento “Turning Point USA”, puedo afirmar que entre ellos, Charlie Kirk era sin duda singular y admirable: un brillante debatiente que defendía la vida desde la concepción, el matrimonio y la familia, entre otros tantos temas, no frente a una cámara, sino con argumentos, en un diálogo respetuoso con estudiantes y curiosos en los campus universitarios. Es decir, era un influencer de a pie y sus seguidores e interlocutores eran personas reales, no bots. Con ello, enaltecía la Universidad y la Democracia (con mayúscula ambas) haciendo que fueran lo que nunca debieron dejar de ser, espacios para el debate de las ideas.

Memorial de Estado y de estadio

El evento -político y religioso- en su memoria, con miles de personas presentes, habla por sí mismo. Ahí Trump lo calificó como “un gigante de su generación” y JD Vance como “el activista conservador más influyente en generaciones”, quien “transformó la cara del conservadurismo en nuestra época y al hacerlo cambió el curso de la historia estadounidense”, al grado de conceder, “no estaríamos aquí sin él».

Pero, si hay un testimonio que creo nadie debe dejar de oír, es el de su esposa Erika. Ella que, desde luego lo conoció en su intimidad, con sus virtudes y defectos, destacó algunos aspectos de la vivencia de su fe y de su rol de padre y esposo que son dignos de imitación.

Destaco tres aspectos que quizá nos digan algo:

Primero, el considerar su hogar como “santuario” y su familia “su primer causa” y primer espacio para el servicio y la construcción de un bien común, con las notas que le escribía cada sábado “sin falta” a su esposa y en las que “siempre” terminaba preguntando «déjame saber cómo puedo servirte mejor como esposo».

Segundo, el hacer «la voluntad de Dios, no su propia voluntad». Ella relató cómo, dos años antes, habían comentado que “era muy poderoso el versículo Isaías 6:8 Heme aquí, Señor, envíame», pues implicaba una «entrega total» (lo cual, trágicamente, se cumplió con su muerte).

Tercero, asumir la “salvaguarda de la juventud” como su vocación. En palabras de Erika: “Charlie quería salvar a los chicos perdidos de Occidente: jóvenes que sienten que no tienen dirección, propósito, fe y razón de vivir». “Mi marido quería salvar a los jóvenes del resentimiento, la ira y el odio, como aquel que le quitó la vida. Le perdono porque es lo que hizo Cristo. La respuesta al odio no es el odio”.

Este acto de misericordia cristiana, ante el cual la multitud se puso de pie, fue el momento más significativo de su discurso. Así lo hizo notar un testigo presencial, su amigo, el influencer católico Michael Knowles, interviniendo en el programa del propio Charlie, que por cierto tiene 4.3 millones de seguidores suscritos y casi 7 mil videos.

Pero me parece relevante en particular, el contraste que hizo el articulista Jorge Bustos en el periódico El Mundo, entre la actitud de Erika y la del Presidente Trump, quien dijo con todas sus letras “lo siento Erika pero yo odio a mis oponentes”.

La mejor y la peor política

La distinción entre la visión católica y la visión conservadora protestante no es menor. Mons. Ignacio Munilla, obispo de Alicante, toca este tema precisamente en una de las últimas ediciones de su programa “Sexto Continente” y  destaca que la principal diferencia entre la visión católica y el evangelicalismo protestante conservador es la Doctrina Social Católica (DSC), que no se rige por una ideología, como pudiera ser el marxismo o el liberalismo, sino por principios (dignidad de la persona humana, solidaridad, subsidiariedad y el bien común) y valores claros (amor, verdad, justicia y libertad). De ahí por ejemplo el conflicto de los conservadores liberales con la “justicia social” o ampliamente referida en el Magisterio o más recientemente “la fraternidad y la amistad social” tema de la encíclica Fratelli Tutti del Papa Francisco, que contiene un capítulo completo sobre “la mejor política”.

El empresario y político católico frances Philippe de Villiers, calificó a Charlie Kirk como el ”primer mártir del wokismo” y junto con otros observadores equipara el cobarde asesinato de Charlie Kirk con lo que representó la muerte de Martir Luther King, en el sentido de que marcará un “punto de inflexión” en la historia de las próximas décadas.

A mi me da esperanza pensar que no será un turning point para pasar de uno al otro extremo político, sino hacia la revalorización de la política y una condena social sobre el grado al que ha llegado la violencia política.

La semana siguiente al asesinato salió una encuesta de You Gov, comentada luego por JD Vance que evidenció que el 24% de los «muy liberales» encuentra aceptable alegrarse por la muerte de un oponente y el 25% de ellos considera a veces justificable la violencia política, en comparación con solo el 3% y 7% de los «muy conservadores» respectivamente. Esto y el hecho muy comentado de que no ha habido destrozos y protestas, demuestra que si bien existe el problema de los dos lados no es, para nada equivalente.

Mi esperanza brota de un diálogo muy interesante que recomiendo también ver, titulado “Tendremos que vivir uno con el otro” entre Erza Klein, articulista del New York Times, de izquierda y Ben Shapiro, influencer conservador judío. Si bien se grabó antes de la muerte de Charlie Kirk, fue publicado justamente después, con un preámbulo sobre el tema. Klein argumenta, con cierta autocrítica, que dicha violencia es un ataque a la sociedad en su conjunto.

Así que cuando el péndulo encuentra su punto de retorno, no esperemos a que llegue hasta el otro extremo, el que también odia, sino que encuentre su calma en la sana medianía, ahí donde el bien de todos, el bien común, se pone como objetivo.

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Referencias:

Quien desee profundizar e interactuar con cualquiera de los vídeos y textos referidos en NotebookLM puede hacerlo en el vínculo: https://shorturl.at/OfJ5C

 

 

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