El sábado 21 de junio, ante políticos de sesenta y ocho países reunidos en el Aula de las Bendiciones del Vaticano con motivo del Jubileo de los Gobernantes, el Papa León XIV delineó su visión sobre la vocación política en el momento actual[1].
Al terminar la audiencia, los políticos fueron invitados a cruzar la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro. La tarde del domingo, la procesión de Corpus Christi entre las Basílicas de San Juan de Letrán y Santa María la Mayor, marcó el inicio de su pontificado con un significativo «baño de pueblo». Por cierto que el recorrido de kilómetro y medio, nuestro Papa joven lo hizo a pie, cargando él mismo la custodia con el Santísimo Sacramento.
Las tres reflexiones clave que el Papa hizo a los políticos, el ejemplo de Santo Tomás Moro con el que cerró su discurso, adicionadas por una breve reflexión sugerida por San Felipe Neri para cada basílica, adaptadas a la vida pública, configuran una magnífica agenda para los políticos de hoy.
Las tres reflexiones del Papa León XIV para los políticos de hoy
1 La promoción y protección del bien común
La primera responsabilidad de los gobernantes es promover el bien de la comunidad sin dejarse llevar por intereses particulares, con especial enfoque en la defensa de los vulnerables. El Papa destacó la necesidad de superar la «inaceptable desproporción» entre la acumulación de riquezas y la pobreza mundial, señalando que esta desigualdad genera injusticia y puede conducir a la violencia. Una política sana, al promover la distribución equitativa, contribuye a la armonía y la paz.
2 La libertad religiosa y el diálogo
La vida política debe fomentar un entorno donde prospere la auténtica libertad religiosa y se desarrolle un encuentro respetuoso entre diversas comunidades religiosas. El Papa sugirió la Ley Natural como «brújula» para la legislación, especialmente en cuestiones éticas delicadas, sirviendo como punto de referencia común que evite la exclusión de lo trascendente.
3 El desafío de la inteligencia artificial
El Papa enfatizó que la IA debe ser un instrumento para el bien del ser humano, no para degradarlo o sustituirlo. La vida personal tiene más valor que cualquier algoritmo, y las relaciones sociales requieren espacios humanos superiores a los esquemas preconfigurados.
La política está llamada a responder a los ciudadanos que miran con confianza y preocupación los desafíos de esta nueva cultura digital.
La Peregrinación de las Siete Basílicas: Una brújula espiritual, también para los políticos
El mensaje del Papa León XIV encuentra un eco profundo en la tradición de la peregrinación de las Siete Basílicas Romanas.
Recientemente, Mons. José Ignacio Munilla, obispo de Orihuela-Alicante en España realizó una serie de reflexiones[2] utilizando la genialidad pedagógica de San Felipe Neri, que consiste en asociar a cada una de ellas, con un pecado capital, su virtud opuesta y el don del Espíritu Santo que puede ayudar a vivirla.
He aquí una síntesis de dichas reflexiones, adaptadas a la vida pública:
En la Basílica de San Pedro del Vaticano la reflexión es sobre la gula, que en política se manifiesta como apetencia de poder sin límite que consume el tiempo necesario para el servicio público. Es la confusión entre lo que se «quiere» (la voluntad) y lo que se «apetece» (la gana), llevando a ser arrastrado por deseos superficiales.
La templanza como virtud contraria implica autocontrol y capacidad de decir «no» a las facilidades, buscando un bien mayor.
El temor de Dios es un sentido de trascendencia que impulsa a abrazar la voluntad de Dios por encima de la propia, escuchando la conciencia y respetando la ley natural como reflejo de la voz divina.
En San Juan de Letrán hay que examinarse sobre la avaricia, es decir cuando las riquezas «poseen» a la persona. En la política se manifiesta en el buscar «tener» (poder, dinero, influencia) en lugar de «ser» un servidor íntegro, convirtiendo los bienes materiales o el poder en un fin en sí mismo, en lugar de un medio al servicio del bien común.
La generosidad, es la virtud opuesta, con la que se reconoce que todo se ha recibido gratuitamente, lo que motiva a administrar adecuadamente los recursos y promover una distribución equitativa. El don de Consejo ayuda a discernir entre medios y fines.
En Santa María la Mayor se aborda la soberbia, el pecado original y más grave que se manifiesta como arrogancia y autosuficiencia, la creencia de ser inmune al error y el desprecio por el consejo o la crítica.
La humildad, definida por Santa Teresa como «andar en verdad», implica reconocer los propios límites y debilidad para no fiarse absurdamente de uno mismo. Aceptar las humillaciones, fracasos y críticas es una «medicina» contra la soberbia, especialmente aplicable a los políticos. El don de sabiduría permite ver la realidad con los ojos de Dios y discernir lo verdaderamente importante: la verdad y el bien.
En San Pablo Extramuros se aborda la ira manifestada como agresión por motivos ideológicos o irritación ante la crítica y la existencia misma de la oposición. La paciencia permite ver lo bueno en los demás y responder reflexivamente.
El don de piedad, como intimidad con Dios y vida interior profunda, es fundamental para apreciar lo positivo en los demás, facilitando el diálogo interreligioso y el encuentro respetuoso con quien piensa distinto.
En la Basílica de la Santa Cruz en Jerusalén se aborda la acedia o pereza espiritual, esa pérdida del «amor primero» y del fervor. En el servicio público, se manifiesta como un cinismo pragmático, la pérdida de ilusión en la contribución al bien común y el sentir los deberes como una carga.
El fervor o diligencia es la virtud contraria, consiste en ver la vida y el servicio público como privilegio y realización de un llamado. El don de fortaleza permite perseverar en las dificultades que llevan consigo, sin miedo, confiando en la gracia divina.
En San Lorenzo Extramuros se enfrenta uno con la envidia, muy común en la política, donde incluso los colegas son vistos como competidores, sintiendo que sus logros «restan» al propio protagonismo o éxito. La caridad o caridad fraterna en cambio hace ver a los demás como dones de Dios.
El don de entendimiento permite conocer la verdad sobre uno mismo y los demás, viendo perspectivas complementarias para construir el bien común, contribuyendo a la armonía y la paz.
Pocos llegan hasta San Sebastián Extramuros, la más lejana y modesta de las basílicas. Quizá porque ahí San Felipe invita a meditar sobre la lujuria y la castidad, sobre las que, añade Mons. Munilla, hay un “impuro silencio”.
Si bien la lujuria es normalmente asociada al desorden sexual, en el ámbito público se manifiesta además como la tentación de usar el poder para gratificación personal, tratando a los demás y a los ciudadanos como meros instrumentos. La virtud contraria, la castidad permite amar al otro como persona, traduciéndose en integridad y uso adecuado de la autoridad.
El don de Ciencia permite ver la creación desde los ojos de Dios, incluyendo la antropología (ser hombre y mujer), la dignidad humana y ayuda a discernir y resistir ideologías deshumanizantes, por ejemplo, frente a desafíos como la inteligencia artificial.
Cada una de las basílicas, tiene además una historia edificante. Por ejemplo, vale la pena llegar hasta la catacumba de San Sebastián, pues tanto su martirio, siendo un tribuno romano acribillado con flechas por sus correligionarios, como la reliquia ahí venerada, de unos pies (que recuerdan a los de Jesús) marcados en el piso, traen mensajes de gran actualidad para los políticos.
Según la tradición, huyendo por la Via Appia, Pedro le hizo a Jesús la famosa pregunta “Quo Vadis Domine?» Ante su respuesta «voy a Roma a ser crucificado nuevamente», Pedro abandonó sus cálculos políticos, perdió el miedo a dar testimonio entregando su vida y emprendió el regreso a la sede del poder de la época, marcando la historia para siempre.
Santo Tomás Moro: Ejemplo de virtudes y Patrón de los Políticos
Los últimos sucesores de Pedro, han enfatizado que la santidad en la política es posible. San Juan Pablo II nombró a Santo Tomás Moro “ejemplo y protector de los políticos». León XIV concluyó su discurso calificándolo como un «perfecto servidor del Estado» al que su fe le llevó a “participar en la política no como profesión, sino como misión para el crecimiento de la verdad y el bien».
Su ejemplo encarna las virtudes que los políticos están llamados a cultivar: integridad y desapego del poder (templanza), gestión equitativa y servicio a los débiles (caridad y piedad), valentía para no traicionar la verdad (fortaleza y temor de Dios), y humildad (muy necesaria también entre los políticos católicos) para reconocer los límites del poder humano frente a la ley divina.
En síntesis, tanto el discurso del Papa León XIV como la meditación sobre las debilidades de la naturaleza humana, su contraste con las virtudes y los dones gratuitos del Espíritu Santo en la Peregrinación de las Siete Basílicas, aunados a la experiencia vívida de caminar con el Papa y la Iglesia, Pueblo de Dios, en la procesión del Corpus Christi ofrecieron, a quienes pudimos vivirla, pero también a quienes sin haberlo hecho se lo propongan, una visión integral y espiritualmente enriquecedora de la política, como servicio, como expresión más elevada de caridad, como camino de santidad en la búsqueda constante del bien común.
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[1] https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2025/june/documents/20250621-giubileo-governanti.html
[2] Disponibles en su canal de YouTube https://www.youtube.com/watch?v=7w4h900MrZ4





