La lectura de dos libros me ha hecho reflexionar sobre los profundos cambios que vive la humanidad en nuestros días. El primer ligro habla de la pérdida de valores y el relativismo en el pensamiento religioso, la moral y la política, que ponen en peligro la libertad alcanzada con gran esfuerzo en Occidente, en el caso del libro “La derrota de occidente”, de Emanuel Todd, de origen francés, cuyoa obra es un análisis profundo y bien documentado.
El segundo libro, “El fin del poder” del venezolano Moisés Naim, se refiere a los cambios que vive el poder tradicional de estados, ejércitos diciplinados, corporaciones con gran poder económico; y la emergecia de nuevos poderes -menos duraderos y más rápidos en su ascenso y descenso-, a través de grupos informales: pandillas de insurgentes, muchas veces desorganizadas, pero que en un momento se lanzan contra el poder establecido y si no lo derriban, si lo ponen en graves aprietos.
Entre varios ejemplos recientes está el caso del Gobierno sirio de Bashar al-Assad, quien gobernó dictatorialmente desde el año 2000 hasta diciembre de 2024. Su caída fue apenas en unos cuantos días y fue substituido por Abu Mohammed Al Jawlani, quien proviene de los grupos radicales islámicos, pero promete moderación en la reconstrucción de una “Siria para todos”.
Es importante recordar que la Guerra Civil en Siria lleva 13 años y la revuelta que derroco a Al- Assad fue relámpago.
También en Sri Lanka, hace 3 años, con protestas contra la corrupción y la desigualdad, exacerbadas por la escasez de combustible y la inflación, que terminaron con la renuncia y huida del presidente Gotabaya Rajapaksa, en una revuelta, no revolución, que duró escasos 3 meses.
Al año siguiente tocó el turno a Bangladesh, donde la primera ministra Sheikh Hasina, que al principio de su gobierno fue motivo de esperanza para la ciudadanía, pero se convirtió en dictadora y al intentar reelegirse por cuarta vez al gobierno, generó protestas -reprimidas ferozmente-, con más de 200 muertos en la primera manifestación; otros tantos en las siguientes, y el encarcelamiento de casi 10 mil ciudadanos, lo que colmó a los manifestantes que, perdiendo el miedo, obligaron a la gobernante a huir en un helicóptero para refugiarse en la India. No hubo revolución, pero la revuelta tiró el poder y lo cambió de manos en un breve lapso.
Finalmente, tocó el turno a Nepal. El jueves 4 de septiembre el gobierno de K.P.Sharma Oli, bloqueó 26 redes sociales en medio de la campaña “Nepo Kid” que denunciaba la corrupción de la elite política y los lujos de los hijos de la clase dirigente del país (cualquier semejanza con lo que pasa en México -Noroña, «dato protegido” y Andy-, no es coincidencia, sino advertencia para poner las barbas a remojar). El resultado conocido por todos es la caída del gobierno en tiempo récord, sin revolución, solo revuelta.
En la mira de un posible cambio está Venezuela: la crisis económica, el fraude electoral, el descontento popular y la presión de Estados Unidos hace pensar que Maduro no durará mucho.
Sin embargo, en dictaduras nunca se sabe, ahí está el caso de Lukashenko, en Bielorrusia, que resiste protestas y manifestaciones gracias al apoyo de Rusia.
Esto nos muestra la fragilidad del poder, y al mismo tiempo el cambio de poder hacia las redes sociales, los medios de comunicación actuales y el profundo cambio cultural que refiere Emanuel Todd en el libro mencionado.
A mis lectores les recomiendo ampliamente los libros mencionados.





