En los últimos tiempos, mucho se ha hablado del impacto que están teniendo los jóvenes de la Generación Z en la participación social y política, no solo en México, sino en todo el mundo. Y es que esta generación está tomando las riendas de lo que se viene, convirtiéndose en una de las más activas, comprometidas y preocupadas por el futuro de su comunidad, su país y el planeta.
Un estudio reciente realizado por la *UNICEF* (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia), que encuestó a jóvenes de entre 13 y 28 años, revela algo muy interesante: estos jóvenes no solo están muy preocupados por los desafíos globales, sino que también tienen una gran esperanza y una capacidad impresionante para actuar y hacer cambios reales.
No es solo que se quejan de los problemas del mundo, sino que están dispuestos a luchar por un futuro mejor.
Este impulso de la Generación Z no es algo que esté limitado a unos pocos países; ejemplos de movimientos juveniles surgen por todo el mundo, desde Indonesia hasta Filipinas, pasando por Kenia y Perú. En países como Nepal y Madagascar, los jóvenes han logrado tumbar gobiernos corruptos y exigir cambios fundamentales. Y no solo en naciones del sur global; en Marruecos, las protestas siguen, impulsadas por un rechazo claro a las injusticias sociales y políticas.
¿La razón? La Generación Z sabe cómo movilizarse, cómo conectar con otras personas y cómo hacer oír su voz gracias a las redes sociales y la tecnología.
Como nativos digitales, han crecido rodeados de internet, teléfonos móviles y redes sociales, lo que los convierte en seres creativos, innovadores y autodidactas, capaces de organizarse de manera rápida y efectiva, sin importar las fronteras.
Pero más allá de la capacidad de organización, lo que realmente destaca de esta generación es su enfoque en el “futuro” y en “el cambio social positivo”. Están comprometidos con causas como el cambio climático, la justicia social, la igualdad de género y los derechos humanos. Quieren ser parte de la solución, no solo ser espectadores de lo que está pasando.
Ahora bien, este impulso de cambio no debe quedar solo en las manos de los jóvenes. Es urgente que distintos actores de la sociedad, como el gobierno, las universidades, las empresas, las organizaciones sociales y la iglesia, se sumen a este movimiento. El acompañamiento de estas instituciones es esencial para canalizar la energía de los jóvenes hacia esfuerzos constructivos y para guiar sus acciones de una manera que realmente impacte de forma positiva a la sociedad. Es necesario que todos los sectores trabajen juntos para que los jóvenes no solo sean escuchados, sino también apoyados en sus esfuerzos por un mundo más justo y equitativo.
En el contexto del Año Jubilar de la Esperanza, podemos ver cómo esa esperanza la encarnan los propios jóvenes. Porque al final del día, ignorar a la Generación Z es ignorar el futuro, no solo de los países, sino del mundo entero.
Esta generación está aquí para cambiar las reglas del juego, y si logramos apoyarlos y darles las herramientas adecuadas, pueden liderar el camino hacia un futuro más justo, sostenible y esperanzador para todos.





