De inicio, no puede haber democracia ni puede sostenerse donde no existen demócratas, porque en caso de no encontrarse ciudadanos y líderes comprometidos con ello, la democracia se convierte en una fachada hueca o bien, en un régimen de democracia muy descafeinado, utilitarista.
Alguna vez escuché a Castillo Peraza sostener que la democracia es el régimen más lento, más costoso, más sinuoso, más complicado…pero a la vez, el más seguro, y agregaba: Si alguien conoce un mejor sistema que la democracia, que por favor, me lo diga.
Esto es relevante porque se entremezclan elementos como sistema político, soberanía popular, división de poderes, elecciones libres y respeto a los derechos de las personas; y todo ello, envuelto en el esquema de ciudadanos y líderes que creen en tales principios, los defienden y los difunden, incluso, cuando no les resultan favorables.
Primer apunte: No se trata de un mecanismo procedimental y formal, sin fondo ni forma o con instituciones débiles torpedeadas desde dentro.
Tampoco es el retorno al caudillismo que México sufrió durante años en medio de partidos hegemónicos y cuasi totalitarios.
La otra vertiente del tema es cuando estamos en presencia de una ciudadanía indiferente y pasiva que nunca, exige transparencia y rendición de cuentas a quienes llegan a ocupar el poder público.
¿Cuáles son los riesgos de una democracia sin demócratas? Simple: un autoritarismo disfrazado donde el gobierno controla, define, distribuye y califica lo que está bien y lo que no, de acuerdo con la propia ideología.
En otro sentido, pero en la misma dirección, la cultura de la corrupción y el clientelismo, en donde unos y otros protegen a la gallina de los huevos de oro, intercambiando favores por votos.
Nace, crece y se reproduce la desconfianza ciudadana que deriva en una frase: “….la democracia no sirve más que para enriquecer a los mismos de siempre”
La democracia es mucho más que una compilación de leyes y organización de elecciones. Requiere y exige hombres y mujeres decididos y convencidos, firmes creyentes en la formación y participación ciudadana, con liderazgos coherentes que respetan las normas jurídicas, las reglas de convivencia en paz, aunque les resulten eventualmente incómodas.
Si esta parte del juego democrático deja de existir, entonces la democracia se convierte en una simulación revestida de aplausos entusiastas para el ungido.
De aquí que resulta de enorme importancia la presencia e influencia de instrumentos de gran valor como Forja… pues así es que, se van formando los nuevos ciudadanos demócratas. De verdad.
Cita este artículo
Valdés de Anda, F., (2026, junio 24). ¿Democracia sin demócratas? Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/democracia-sin-democratas/
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