La presidenta Claudia Sheinbaum y su equipo morenista acaban de enfrentar una más de las muy complicadas pruebas surgidas en la nueva administración, evidenciando falta de creatividad y oficio para resolverlas.
Hablamos de los 22 días de movilizaciones, vandalismo, destrucción, bloqueo de calles, avenidas y aeropuertos y la afectación de miles de capitalinos, por parte de siete secciones sindicales de la CNTE que pedían aumento salarial de 100 por ciento y la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007. Se plantaron en el Zócalo de la Ciudad de México desde el 15 de mayo, hasta el siete de junio.
Se habla de hasta 20 mil integrantes de las secciones 14 de Guerrero (CETEG) –los más radicales–; la Sección 22 de Oaxaca, la más numerosa; la siete, de Chiapas; la 34 de Zacatecas, y la 18 de Michoacán.
Como respuesta a la presión y el caos armado, tuvieron tres reuniones con las secretarías de Gobernación y Educación, además de la dirección del ISSSTE.
La presidenta Sheinbaum se negó a recibirlos, después de los desmanes ocasionados.
Algo de lo más grave es que pese a la muy grave afectación de la ciudadanía, la respuesta de la autoridad siempre fue la misma: No vamos a reprimir; No vamos a caer en provocaciones; somos un gobierno en el que se respeta la libertad de expresión y protesta, la izquierda no reprime, nunca lo hemos hecho…
¿Estos derechos están por encima de los de una sociedad acorralada?, preguntaba la gente.
El clamor general era muy simple: no se trataba de represión, se urgía capacidad, inteligencia, habilidad de hacer uso del poder en bien de la capital.
AMLO TOMA PASEO DE LA REFORMA
Este hecho me hizo recordar lo sucedido hace 19 años. En lo personal me tocó vivir de cerca la toma del Paseo de la Reforma convocada por Andrés Manuel López Obrador, entonces candidato presidencial por la Coalición Por el Bien de Todos (PRD, PT y Convergencia). Fue en protesta por el supuesto «fraude electoral» en las elecciones presidenciales de 2006 que, por un margen muy estrecho, dieron como ganador a Felipe Calderón.
El plantón comenzó el 30 de julio de 2006, cuando se instalaron campamentos a lo largo de Paseo de la Reforma -desde el Auditorio Nacional hasta el Zócalo-, y se prolongó por aproximadamente 48 días.
El plantón-bloqueo de una de las avenidas más importantes de la Ciudad de México generó afectaciones económicas y de movilidad y profundizó la polarización política en el país.
Baste mencionar que el ambiente político y social estaba al rojo vivo. Hacer frente a un López Obrador crecido, al famoso “voto por voto”, a las asambleas y movilizaciones que se realizaban en el plantón, era prácticamente imposible. Bajo la óptica actual, hablar de no represión, respeto a las libertades y la pluralidad, habría sido la receta más cómoda, aunque con un resultado catastrófico que, no es difícil pensar, lo estaríamos pagando aún hoy día.
Pero las cosas se complicaron aún más por la cercanía de la celebración de las tradicionales fiestas patrias en el Zócalo capitalino y el desfile militar, precisamente a lo largo de Paseo de la Reforma.
¿NO HABÍA SALIDA?
El entonces secretario de Gobernación, Caros Abascal tenía ante sí, tres problemas:
1) Resolver el plantón y la protesta de López Obrador,
2) Convencer a Vicente Fox y al Ejército de encontrar una solución y
3) No complicar más la situación poselectoral del país a sólo tres meses del cambio de gobierno; con un Felipe Calderón que exigía recibir al país en paz y tranquilidad, y garantizarle su toma de posesión.
En resumen: el presidente Fox quería dar el Grito en el Zócalo -López Obrador también- y la Defensa Nacional quería desfilar el 16 de septiembre por el Zócalo y Reforma.
Como responsable de la política nacional Abascal puso en marcha su plan.
A) Al primero que hubo que convencer fue al jefe de Gobierno de la ciudad de México, Alejandro Encinas para que construyeran una la solución. Ésta podía consistir en llevar a presidente Fox a Dolores Hidalgo para que allá, en la cuna de la independencia, diera el Grito, como ocurría una vez cada seis años en los gobiernos.
A cambio de eso el gobierno perredista daría el Grito desde el edificio sede del GDF con Encinas al Frente y Abascal como representante del Gobierno Federal a un lado.
Eso evitaría el Grito de AMLO, que estaría representado por Encinas.
Pero la propuesta tenía un par de condiciones: se levantaría el plantón de Reforma para dar paso al Desfile Militar y -después de casi 50 días- YA NO REGRESARÍA.
Esta fue la tarea de Encinas para convencer a AMLO y todo su movimiento. Sonaba atractivo y viable.
B) El segundo tramo era igual de complicado. Vicente Fox no quería ceder el Zócalo y Felipe Calderón menos. No obstante Abascal ofreció que si se conseguían el convencimiento a López Obrador, las ceremonias quedarían liberadas y garantizadas.
El jefe del Estado Mayor José Tamayo estuvo de acuerdo y se ofreció a todos los arreglos para llevar la ceremonia a Guanajuato. Para el secretario de la Defensa, Clemente Vega García también quedaba garantizado el Desfile Militar.
Agrias fueron las discusiones al interior del Gabinete foxista pero, el compromiso arrancado a López Obrador para respetar los términos de la propuesta de Abascal, finalmente permitió aceptar el plan.
C) Así ocurrieron las cosas. El país no recobró la calma hasta diciembre, con la jaloneada toma de posesión de Calderón, sin embargo superar el obstáculo del 15 de septiembre ayudó a no complicar la situación.
Este episodio poco conocido demuestra que no es necesario el uso de la fuerza para garantizar la gobernabilidad del país. La experiencia, el oficio y, lo más importante para los políticos, la credibilidad de que los compromisos contraídos se cumplirán puede “desfacer” el peor de los entuertos.





