Como señala Monseñor Ramon Castro, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano en su conferencia “México en crisis y liderazgo católico desde la Doctrina Social de la Iglesia”: “La crisis de México es, en su raíz, a la vez antropológica y moral”.
EVIDENCIAS
Sin duda, cada día en los distintos informativos locales y nacionales, aparecen evidencias de esta tipología de crisis que señala Monseñor Castro. La acotación de “crisis moral” también es evidente, porque se traduce en hechos que laceran el espíritu y la misión de una nación como la nuestra, catalogada en su momento, como la Esperanza del Continente de la Esperanza.
Desde esta perspectiva, aparecen dos posibles respuestas de parte de las y los ciudadanos, de las organizaciones intermedias y los diversos liderazgos sociales, que hace traer a la memoria la figura y el liderazgo de Anacleto González Flores.
Para algúnos pocos, una salida es el camino de la resignación delante de un totalitarismo brutal, avasallador, vengativo, cínico y despiadado, y la otra encuentra su opción en la actuación informada, decidida, valerosa y con una visión de testimonio de fe y esperanza, para construir la necesaria Política -así, con mayúscula- que construye bien común, que potencia y sublima el respeto a la la vida, la familia, a la dignidad y la libertad, con una visión ultraterrena del quehacer humano.
En este terreno, justamente, cabe la opción de la resistencia civil, activa y pacífica, como sucedió en varios momentos de la historia.
En las redes sociales es frecuente encontrarse con algunas explosiones más entusiastas que conscientes, que convocan a instrumentar una resistencia frente a todo el latrocinio que se padece en el país.
La Prudencia, virtud esencial de los políticos, recomienda calma y una visión más integral e integradora del tema y las decisiones, para evitar una movilización sin liderazgo, estrategia ni dirección ética.
CLARIDAD
De cara al totalitarismo, la resistencia civil, activa y pacífica, encuentra su fundamento en la defensa de la dignidad de los ciudadanos, el respeto a la libertad de creer y construir el bien común y, adicionalmente, rechazando las estrategias de violencia.
Porque de lleno, se respalda la solidaridad y el espíritu intenso y directo de la caridad como valor superior en relación con los demás. De aquí que estos principios se conviertan en directrices delante de los regímenes represivos y absolutistas.
En el caso de la estrategia instrumentada por Anacleto González Flores, aflora el testimonio público y decisivo de la fe, las creencias y valores que cohesionan la nacionalidad y el destino histórico de la patria, incluso, cuando en los escenarios se presentan acciones de persecución. De hecho, esa fue la esencia de la guerra cristera, al igual que en el surgimiento de Solidaridad de Karol Woytila y Stefan Wizinsky.
En el concepto del rechazo a la violencia, es fundamental conceptualizar y traducir en estrategias viables, específicas y con altas expectativas de éxito, los principios de la Guerra Justa, a fin de que la resistencia sea activa, pacífica y no violenta, cuando la meta es la defensa de los valores humanos y trascendentes. Es decir, se trata, como dice el Hombre de Tarso en su mensaje a los romanos, de “vencer al mal con el bien”… y eso, cuesta mucho trabajo entenderlo y más, ejecutarlo como divisa en la acción.
Al destacar la defensa de las libertades, ocupa un sitio preponderante, la tarea de defender la libertad religiosa, la libertad de emprender y de expresión, conceptos que reciben enormes campañas adversas en los totalitarismos documentados en el Siglo XX, más aún, entendiendo que la libertad de conciencia es irrenunciable.
Por ello mismo, la resistencia civil activa y pacífica, es per sé, una acción comunitaria organizada, con un agregado: de fondo, existe una resistencia cultural y espiritual que le fortalece y potencia. A un tiempo, se va formando con solidez, una conciencia crítica frente a todos los actos de mera propaganda del oficialismo.
NO PUEDE DEJARSE DE LADO
Todos los regímenes infestados de totalitarismo, han direccionado su reacción, empleando la represión violenta, cárcel o muerte, como se ha documentado en los populismos latinoamericanos.
Como proceso intermedio de enorme eficacia, se abre toda una gama de manipulación ideológica que tiene como lineamiento estratégico la polarización de la sociedad y una incipiente, pero efectiva, acometida a favor de la lucha de clases. Específicamente entre ricos y pobres, en donde los primeros son perversos antagonistas de los segundos que -así conviene a los mal llamados progresistas- serán siempre los “débiles y marginados”, sujetos y objeto de un estado paternalista y protector que, a cambio de dádivas de todo tipo, logran que los pobres sigan siendo pobres, dependientes y tratados como una sociedad infantil, por lo que, el estado benefactor, serán quien decida sobre la vida, obras y alcances de los diversos grupos sociales, hasta hacerlos consumidores electorales permanentes.
La resistencia, como se plantea en esta entrega, implica disciplina moral y estrategia espiritual, porque es una lucha consciente, organizada y pacífica, vinculada estrechamente a una exigencia ética y espiritual, a favor de la libertad y el bien común.
LA GRAN CLAVE
En el quid de todo se encuentra la lapidaria frase y el urgente llamado del Papa León XIII, cuando urge a entender que: “Nada envalentona tanto a los malvados como la falta de valor de los buenos.”
Porque, sin duda, la ausencia de líderes valientes y con visión de largo aliento, abre espacio a la corrupción, el autoritarismo y el abuso. En otros términos, La formación de nuevos liderazgos en la sociedad, la política, la economía y el derecho, exige cultivar el coraje moral para defender la justicia, la paz y el orden, porque la política es la expresión más sublime del amor.
Cita este artículo
Mondragón, R., (2026, abril 26). Resistencia civil activa y pacífica, opción al autoritarismo. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/resistencia-civil-activa-y-pacifica-opcion-al-autoritarismo/
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