“Mi mamá dijo sí… por eso estoy aquí”. Mercadológicamente, la frase es buena, pero tiene mucho más fondo de lo que aparenta.
En especial, porque surge en un momento del país en donde los niños matan maestras y alumnos con rifles de asalto R-15; en el que los mal llamados “niños sicarios” son reclutados como “halcones” o “mulas” de grupos de narcotraficantes; o bien, con el pretexto de dar trabajo, son reclutados para entrenamiento forzoso en campos de exterminio como Teuchitlán, y convertidos más tarde en “desaparecidos” que también se desaparecen de las estadísticas del oficialismo para evidenciar “que vamos mejor” en el combate al crimen.
Y en medio de estos escenarios, familias enteras, agrupaciones de la sociedad civil, organizaciones intermedias de la estructura comunitaria de Aguascalientes, además de asociaciones de Pastoral integradas a la Diócesis de Aguascalientes y grupos de servicio a personas vulnerables, se citaron en los espacios públicos para expresar su voto a favor de la vida, al cual también, se adhirieron las agrupaciones aglutinadas en el Frente Nacional por la Familia.
Fue una movilización de cientos de miles de corazones valerosos y almas que, con coraje, apostaban por la defensa de la vida humana.
Con respeto, hay que reconocerlo, las autoridades del estado y el municipio, permanecieron en el resguardo del orden. No se vieron pronunciamientos explícitos sobre la mega marcha.
Era previsible la presencia de grupos llamados “progresistas”, feministas radicales y alguna agrupación radical que gritaba en la mal llamada “defensa de los derechos reproductivos”, por lo que enfocaron sus demandas en la descalificación de la marcha, a la que se tildó, además, como un “retroceso cultural”, con cualquera significado que la frase pudiera tener.
La movilización en el Centro histórico fue, realmente, masiva. A ello se sumó la postura de la Iglesia Católica y, en particular, la Comisión Diocesana de Pastoral Familiar, con planteamientos en defensa de la vida -desde la concepción hasta la muerte natural-, como desde siempre lo han postulado; unido todo ello a diversos grupos de oración. La expresión y demanda ciudadana se hizo palpable para los diversos medios de comunicación.
La otra parte de la nota, la dieron los grupos feministas radicales: transitaron de la crítica a las proclamas en defensa “de la autonomía de las mujeres”. Mientras, por un lado se festejaba el triunfo de la vida en Aguascalientes, de la contraparte surgía la vocería que denunciaba la movilización ciudadana como un retroceso cultural.
Dentro de las voces más radicales se atribuyó el mal llamado retroceso cultural, a la operación y “presiones de carácter religioso en las tareas de las políticas públicas.
Al final del día, quedó claro que en Aguascalientes, dentro de un sano clima de participación democrática y capacidad de escucha al ciudadano, la defensa de la vida y la familia, es un motor de unidad en el Estado.
Lo demás, son extremismos antidemocráticos llenos de inquietudes polarizantes de la sociedad. Hoy lo que necesitamos en todo el país, son elementos que nos unan, que evidencien la capacidad de escucha como en cualquier democracia elemental… todo lo demás es palabrería y demagogia. Al tiempo.
Cita este artículo
Valdés de Anda, F., (2026, abril 26). A favor de la vida: efectos colaterales. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/a-favor-de-la-vida-efectos-colaterales/
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