Jubileo de los gobernantes: esperanza para una nueva cristiandad

Anthony Otis

Jubileo de los gobernantes
Cuando parece que el orden social cristiano yace en ruinas y nos reconocemos en el uróboro de la mitología egipcia que se devora a sí mismo, solo Dios nos ofrece la esperanza de ser rescatados de nosotros mismos mediante el don de la paz al que el Papa León XIV recientemente aludió en su primera aparición pública.

Hace 140 años, el Papa León XIII evocaba una época pasada en la que el Evangelio inspiraba directamente las leyes, las instituciones y la moral de los pueblos, con la adhesión de los gobernantes y la tutela de los magistrados. Según él, el Estado, guiado por la sabiduría cristiana y el amparo de la Iglesia, había logrado hazañas notables: pacificar a las naciones bárbaras, repeler invasiones, mantener el liderazgo cultural, y promover la libertad y la caridad. A ojos de aquel Obispo de Roma los declives civilizatorios que miraba desde la perspectiva de fines del siglo XIX se explicaban por la ruptura de la armonía entre poder civil y el sacerdotal. En su visión, esa concordia era la clave para el florecimiento tanto de la Iglesia como del Estado (1885).

Más de 1400 años atrás, San Agustín sostenía que “la causa de la grandeza del Imperio romano no es fortuita ni fatal” (La Ciudad de Dios, L. V, C. I). Él enseñaba que la Providencia divina es quien rige los reinos humanos. Refutaba así a Cicerón, quien no lograba reconciliar el libre albedrío con la sabiduría divina, y prefería negar la segunda por temor al determinismo que anula la justicia y la responsabilidad humana. En cambio, el Obispo de Hipona decía que Dios prevé lo que libremente haremos y nuestra voluntad actúa realmente como causa de nuestros actos. Siendo así, solo Dios explica con coherencia tanto el esplendor de la cristiandad, como la situación que describía León XIII, pues ninguna perversidad humana puede frustrar el plan divino.

Cuando parece que el orden social cristiano yace en ruinas y nos reconocemos en el uróboro de la mitología egipcia que se devora a sí mismo, solo Dios nos ofrece la esperanza de ser rescatados de nosotros mismos mediante el don de la paz al que el Papa León XIV recientemente aludió en su primera aparición pública.

 

Decadencia y mundanidad espiritual

San Agustín y León XIII coinciden en que la ventura de una sociedad nace del temor de Dios y de la virtud, y que su decadencia empieza cuando el vicio y el alejamiento de los principios divinos corrompen las costumbres y las instituciones.

Los dos advierten que, sin la unión entre lo divino y lo temporal, sea en la imagen de la “Ciudad de Dios” frente a la “ciudad terrena” o en la armonía entre imperio y sacerdocio, las grandes estructuras sociales acaban por “perecer miserablemente”. Ya sea por desprecio de la fe en Dios, de la autoridad espiritual, o de las virtudes humanas, inexorablemente llega la decadencia cultural y política. El verdadero bien común exige que lo divino ilumine lo humano en el gobierno de los pueblos.

Sin duda, el panorama actual —marcado por la aversión política a la virtud y el desprecio estatal hacia los consejos magisteriales de la Iglesia— sigue siendo muy similar al que describía el anterior Papa León. Aun con los profundos cambios que han acentuado la heterogeneidad y las contradicciones del liberalismo, muchos aspiran a vencerlo luciendo orgullosos la etiqueta de “conservadores”, sin advertir que otros se la han endilgado y adoptan posturas más reaccionarias que propias del siglo XIII que añoran con nostalgia. Lejos de anacronismos, conviene evocar una sentencia del Papa Benedicto XVI, que se alzó como puente programático entre el pontificado de San Juan Pablo II y el de Francisco, y que es especialmente clarificadora ante el desvanecimiento cultural de asideros seguros para el discernimiento político: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva. En su Evangelio, Juan había expresado este acontecimiento con las siguientes palabras: ‘Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que todos los que creen en él tengan vida eterna’” (2005, 1).

Un cristianismo que reduce la enseñanza de la Iglesia a un simple código ético o a propuestas ideológicas resulta inerte, pues prescinde de la vida del Espíritu que suscita el encuentro personal con Jesucristo. Ese “cristianismo” sucumbe ante la desesperanza y cae en la trampa de una lucha perdida, pues no es fiel a la propuesta de Cristo. Tal parece que es lo que el Papa Francisco llamaba “mundanidad espiritual, que se esconde detrás de apariencias de religiosidad e incluso de amor a la Iglesia” (93): una forma apócrifa de fe en la que, en lugar de buscar la gloria del Señor, “sólo interesa una determinada experiencia o una serie de razonamientos y conocimientos que supuestamente reconfortan e iluminan” (94). Se deposita entonces la confianza exclusivamente en las propias fuerzas, adoptando actitudes narcisistas de una supuesta superioridad moral, “por cumplir determinadas normas o por ser inquebrantablemente fieles a cierto estilo católico propio del pasado”. Por otro lado, se malgastan las energías en la vana ambición de ocupar espacios de poder y el desaliento crece tras cada derrota electoral, incapaces de ver más allá de la siguiente votación. Si ciframos nuestra esperanza en la “resurrección” de Constantino I, Carlomagno o Isabel la Católica, no podremos alzar la mirada al horizonte revelado por la participación de los cristianos en la Resurrección de Jesús de Nazaret.

 

Esperanza de una nueva cristiandad en la políticaHacia un renacimiento cristiano en la política

Del mismo modo que una planta no prospera si se trasplanta a un clima o a un suelo que no le son propios, los sistemas políticos sólo arraigan auténticamente en el contexto cultural que la Providencia preparó para ellos con la cooperación de los hombres y mujeres de su tiempo. Lo católico no le viene al Estado por un acto formal de una autoridad política que así lo designe, como si fuera una marca comercial. La receta tampoco incluye necesariamente el empoderamiento de la Jerarquía y del clero en materias seculares. Inclusive, como señala José Miguel Guevara, fue precisamente a raíz de la dolorosa pérdida de territorios y del aprisionamiento del Beato Pío IX que, “libre de compromisos materiales, la autoridad del Papa ha brillado por su poder moral” (2025). Lo esencial es la penetración de la sabiduría viva del Evangelio en nuestros corazones (Benedicto XVI, 2012), para que luego inspire nuestras relaciones sociales, costumbres, instituciones, leyes, políticas públicas y decisiones jurisdiccionales. Y para subrayar que el reinado de Cristo no se impone mediante la fuerza del poder político, baste recordar la tragedia del aumento de abortos en Estados Unidos a partir de que esta práctica asesina perdió el rango de derecho constitucional en 2022 (Society of Family Planning).

Al inspirarse en el autor de la célebre encíclica sobre las “Cosas Nuevas” para asumir su nombre pontificio en un tiempo marcado por tantas novedades, León XIV dejó entrever con claridad una intención programática que pronto confirmó. Y ya que estamos —valga el humor— jugando a ponerle y quitarle ceros al numeral unido al nombre del nuevo Papa, vale recordar que hace 14 años Benedicto XVI advertía: “La profesión de una religión no se puede instrumentalizar ni imponer por la fuerza. Es necesario, entonces, que los Estados y las diferentes comunidades humanas no olviden nunca que la libertad religiosa es condición para la búsqueda de la verdad y que la verdad no se impone con la violencia sino por la fuerza de la misma verdad. En este sentido, la religión es una fuerza positiva y promotora de la construcción de la sociedad civil y política” (2010).

La sabiduría divina, que actúa ineludiblemente a través de la Iglesia, nos pide superar el miedo mediante la confianza, para dejarnos iluminar por ella y así desmentir falsas seguridades. Solo el Espíritu Santo puede revelar la trama profunda de los acontecimientos, permitiéndonos discernir el designio de Dios para la polis en el tiempo presente, desde la propia familia hasta la comunidad de las naciones. Y el Sucesor de Pedro nos ofrece la garantía de las promesas de Cristo de las que es depositario para que no confundamos la voz del Paráclito.

La fe abre siempre nuevas perspectivas, más allá de la percepción del lugar y del momento. También en la política nos permite dejarnos iluminar, transformar y salir al mundo para ser testigos creíbles de la esperanza que solo el Evangelio puede ofrecer. Así, la esperanza cristiana, como un caudal en medio del desierto, nos asegura el futuro de una nueva cristiandad. No será repetición, ni refrito ni “remake”; tampoco implicará para los políticos católicos la eliminación de adversarios en el terreno electoral. Al reconocer a Jesucristo como fundamento de toda autoridad legítima, descubriremos en la caridad —de la que el perdón es cimiento— la clave para reorientar el rumbo de las sociedades desde dentro.

 

Testimonio jubilar: la experiencia de los peregrinos

Los peregrinos que acudimos a Roma bajo el patronazgo de Santo Tomás Moro para participar en el reciente Jubileo de los Gobernantes, podemos dar fe de la fuerza de la palabra pronunciada el 21 de junio en la Aula de las Bendiciones.

Entre columnas y arcos centenarios, León XIV nos confirmó aquella mañana en la esperanza de que la política, cuando se funda en la caridad cristiana y en el respeto inquebrantable a la dignidad humana, se convierte en misión al servicio de la verdad y del bien de todos.

Ofreciendo una reflexión profética ante representantes de sesenta y ocho países, el Pontífice citó a Pío XI para afirmar que la política, entendida como “la forma más elevada de la caridad”, debe ser más que una simple teoría para poder ser signo concreto y “testimonio de la constante preocupación de Dios por el bien de nuestra familia humana”.

Por ello, los gobernantes tienen la responsabilidad de defender a los más vulnerables, combatiendo la desigualdad extrema y promoviendo una distribución equitativa de los recursos. Una política justa es instrumento eficaz para fomentar la paz y la armonía, tanto dentro de cada nación como entre los pueblos. La buena política crea espacios de auténtica libertad religiosa y facilita el diálogo respetuoso entre las distintas tradiciones de fe, siempre tomando la ley natural como brújula moral universal. Así, los derechos humanos sitúan a la persona “en su integridad inviolable, en el centro de la búsqueda de la verdad”, salvaguardando su dignidad.

Colocándola en el marco de una “nueva cultura digital”, el Santo Padre reconoció el enorme potencial de la inteligencia artificial como recurso que puede ser de gran ayuda para la sociedad, siempre que respete la dignidad, la libertad y la identidad humanas; que reconozca el valor insustituible de nuestra memoria creativa y de nuestras relaciones sociales, y que respecto a ella se adopte una perspectiva prudente y prospectiva para garantizar estilos de vida sanos y seguros, especialmente de cara a las futuras generaciones. Finalmente y aludiendo a un señalamiento similar que hizo San Juan Pablo II en el Jubileo del 2000, el Papa presentó precisamente a Santo Tomás Moro como paradigma de político, fuente de inspiración y guía por ser “mártir de la libertad y del primado de la conciencia”; como todo mártir cristiano: testigo de misericordia y perdón.

 

El perdón: semilla de reconciliación

En cada jubileo de la Iglesia, por medio de ella, el Señor nos convoca ante todo a recibir el perdón de Dios por las propias ofensas, en la medida en que también perdonamos a quienes nos han ofendido. Nadie mejor que Jesús puede estar libre de toda sospecha de chantaje al exigir que se le pida perdón, pues Él es la fuente primera de la auténtica misericordia. Solo Él puede abrir la puerta de los procesos de reconciliación que el mundo necesita. Pedir perdón a Dios nos capacita para perdonar y para pedir perdón al prójimo, haciéndonos así prójimo incluso de los más alejados, incluidos los que lo están políticamente (Lc 10, 30-37). Seguro que no fue fortuito que viéramos por ahí a alguno en la misma audiencia papal.

Ahora que, por gracia de Dios, el Papa agustino ha vuelto a poner de moda a san Agustín, vale la pena recordar aquello que el Hiponense confesaba: “¡Ay, ay de mí, por qué grados fui descendiendo hasta las profundidades del abismo, lleno de fatiga y devorado por la falta de verdad! Y todo, Dios mío —a quien me confieso por haber tenido misericordia de mí cuando aún no te confesaba—, todo por buscarte no con la inteligencia… sino con los sentidos de la carne, porque tú estabas dentro de mí, más interior que lo más íntimo mío y más elevado que lo más sumo mío” (Confesiones, L. III, C. VI, 11).

 

Participar de la victoria pascual

Con todo esto, al discernir las bendiciones que se encuentran en el sombrío horizonte político actual, estas reverberan como ecos del magisterio de San Juan Pablo II, quien citaba a André Malraux para afirmar que el temor de Dios genera seres humanos “a quienes pertenece en definitiva el futuro del mundo”, pues “el siglo XXI será el siglo de la religión o no será en absoluto” (1994, C. 35). A esa clase de personas exhorta León XIV a asumir una política hecha servicio y fraternidad, que brote del gozo que anida en el corazón a partir del encuentro con Dios. Esa política debe acogerse sin vacilación, con la convicción de que consiste en participar de la victoria de Cristo, Rey Universal: una victoria transformadora, pascual, comunional y sacramental; definitiva y única; universal, salvífica y escatológica.

_______________

Referencias

Agustín de Hipona, San. (2005 [c. 426]). La Ciudad de Dios [Traducción de Obras completas de San Agustín]. Augustinus Online. https://www.augustinus.it/spagnolo/cdd/index2.htm

Agustín de Hipona, San. (2005 [c. 398]). Confesiones [Traducción de Obras completas de San Agustín]. Augustinus Online. https://www.augustinus.it/spagnolo/confessioni/index2.htm

BenedictoXVI. (2005, 25 de diciembre). Deus caritas est [Encíclica]. La Santa Sede. https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est.html

BenedictoXVI. (2010, 7 de diciembre). Mensaje para la XLIV Jornada Mundial de la Paz (1 de enero de 2011) [Mensaje]. La Santa Sede. https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/messages/peace/documents/hf_ben-xvi_mes_20101208_xliv-world-day-peace.html

BenedictoXVI. (2012, 25 de marzo). Homilía en el Parque Expo Bicentenario de Silao, México [Homilía]. La Santa Sede. https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/homilies/2012/documents/hf_ben-xvi_hom_20120325_leon.html

Francisco. (2013, 24 de noviembre). Evangelii Gaudium [Exhortación apostólica]. La Santa Sede. https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html

Guevara, J.M. (2025, 16 de mayo). Tenemos Papa. Democracia y rumbo. Democracia y Rumbo. https://www.democraciayrumbo.com/post/tenemos-papa

JuanPabloII. (1994). Cruzando el Umbral de la Esperanza. Catholic.net. https://www.es.catholic.net/op/vercapitulo/4950/entrar-en-la-esperanza.html

LeónXIII. (1885, 1 de noviembre). Immortale Dei (n. 9) [Encíclica]. La Santa Sede. https://www.vatican.va/content/leo-xiii/es/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_01111885_immortale-dei.html

LeónXIV. (2025, 21 de junio). Discurso a los participantes en el jubileo de los gobernantes [Discurso]. La Santa Sede. https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2025/june/documents/20250621-giubileo-governanti.html

Society of Family Planning. (2025, 23 de junio). #WeCount report, April2022 to December2024. https://societyfp.org/research/wecount/wecount-december-2024-data/

Autor

Suscríbete al canal de Revista Forja en WhatsApp

RECIBE GRATIS LA REVISTA

Suscríbete gratis a nuestro canal en WhatsApp y recibe la revista en PDF cada mes, además de artículos y reflexiones todos los días.

También síguenos en redes sociales y mantente al día con lo mejor de nuestra comunidad.

LEER MÁS

Católicos en la política

Católicos en la política

Este trabajo analiza cómo la Doctrina Social de la Iglesia propone una renovada comprensión de la caridad política, la respuesta no violenta frente a las múltiples formas de violencia, la formación de comunidades donde la Doctrina Social sea un patrimonio vivo y la construcción de la Civilización del Amor como horizonte histórico para la transformación de la sociedad en la era de la inteligencia artificial.

leer más
Otro mundial, otra oportunidad perdida

Otro mundial, otra oportunidad perdida

Este artículo examina el papel de los mundiales de fútbol celebrados en México (1970, 1986 y 2026) como momentos históricos que, pese a su relevancia internacional, no se tradujeron en transformaciones estructurales profundas en el país. A través de un análisis comparativo, se argumenta que estos eventos fueron utilizados principalmente como instrumentos de proyección externa y legitimación interna de los gobiernos en turno, en contextos caracterizados por tensiones políticas, desigualdades sociales y limitaciones institucionales.

leer más
Revista Forja para el Bien Común
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.