¿Y si la democracia ya no alcanza?

Felipe Rebollo

¿Y si la democracia ya no alcanza?
La defensa de la democracia -y su vigencia- se ha vuelto una discusión acérrima como si fuera la solución a todo. ¿Realmente lo es? Antes de evaluar si este modelo sigue funcionando para México y el mundo, conviene volver a la pregunta elemental: ¿para qué existe un gobierno?

Un sistema de poder —cualquiera que sea su nombre— tiene sentido si logra evitar daño, resolver problemas, asignar recursos con justicia, rendir cuentas, proteger derechos, ofrecer seguridad, estabilidad, salud, educación, cultura y oportunidades, y, sobre todo, construir comunidad. Ésas son las razones profundas que justifican la necesidad de líderes y estructuras públicas. Y es justamente ahí donde empiezan las grietas: conservamos los procedimientos y gobiernos democráticos, pero ya no obtenemos los resultados que la teoría prometía.

Las cifras no mienten. El Democracy Index 2024, que evalúa a 165 países, registró su nivel más bajo desde su creación: 5.17 puntos sobre 10. Apenas 7.8 % de la población mundial vive en democracias plenas.

México, con 5.32, fue catalogado como “democracia defectuosa”. Y según Latinobarómetro 2024, solo 49.4 % de los mexicanos considera a la democracia como la mejor forma de gobierno, mientras 24 % acepta que un régimen autoritario podría funcionar mejor en algunas circunstancias.

A esto se suma un dato que retrata el ánimo nacional: apenas 10 % declara estar “muy interesado” en la política. Más elecciones, menos fe. Más campañas, menos comunidad. Una democracia que ya no convence a los mexicanos, ni a su clase política, ni a quienes tendrían la obligación de defenderla.

En medio de ese desgaste aparece una reforma electoral que no nace de la ciudadanía, ni de la academia, ni de la oposición, sino del propio poder político. La narrativa oficial repite tres promesas: ahorro, simplificación y una representación “más auténtica”. Pero detrás de ese lenguaje administrativo se asoma lo evidente: dar más poder al poder. Es una iniciativa que desconoce el momento histórico que vivimos: un país agotado, una sociedad fragmentada y una democracia erosionada que ya no inspira confianza ni entre los propios actores del sistema.

México sí necesita una reforma electoral, pero no para maquillar procesos. El país requiere blindar la integridad de sus elecciones, garantizar autonomía técnica, equilibrar gobernabilidad sin aplastar la pluralidad, modernizar la transparencia digital y reconstruir una cultura cívica que se ha deshecho entre apatía, ruido y polarización. Sin estos componentes, cualquier cambio será superficial o incluso peligroso, pues convertirá el aparato electoral en un instrumento útil para quien ya concentra el poder.

 

EL HIPERINDIVIDUALISMO REQUIERE UN MODELO QUE ATIENDA LA NUEVA REALIDAD

A esta crisis institucional se suma un fenómeno más profundo que explicó Zygmunt Bauman con claridad: la modernidad líquida. Vivimos en una época donde las relaciones son frágiles, los compromisos se evaporan, la comunidad pierde consistencia y las personas ya no actúan si algo no les afecta directamente. Esta cultura del “yo primero” —o del “¿si no te afecta, por qué te metes?”— ha vaciado el sentido de responsabilidad mutua que sostiene a cualquier forma de gobierno. Sin un sentido de “nosotros”, la democracia se vuelve un trámite sin alma.

La Doctrina Social de la Iglesia ofrece un diagnóstico y un horizonte que sigue vigente 134 años después. La democracia solo es auténtica cuando se sostiene en valores: verdad, dignidad humana, justicia, bien común y participación real. Sin ese cimiento moral —advierte el Compendio— los procedimientos se vacían y el poder degenera en formas de totalitarismo encubierto. Bauman nos recuerda que la modernidad líquida disolvió el sentido de comunidad, dejándonos como individuos aislados, incapaces de actuar en conjunto. Y, por otro lado, Anacleto González Flores advertía que el mal avanza porque está organizado, mientras los ciudadanos permanecen dispersos, tibios o resignados. Vista así, la crisis de nuestra democracia no es solo institucional: es moral, social y comunitaria.

No basta votar; hay que reconstruir valores, recuperar comunidad y volver a organizarnos en torno a la verdad, el progreso comunitario y el bien común. Solo entonces la democracia dejará de ser un cascarón vacío y podrá volver a convertirse en un camino de esperanza, y sobre todo, en un sistema viable.

Frente a una democracia cansada y una ciudadanía cada vez más aislada, vale la pena atrevernos a pensar fuera de la caja. No se trata de abandonar la democracia, sino de explorar caminos que corrijan sus fallas actuales: modelos de meritocracia participativa, esquemas de gobernanza comunitaria, sistemas híbridos que limiten la concentración del poder y propuestas de democracia deliberativa real. Ideas distintas, sí, pero necesarias para enfrentar una realidad que ya cambió y que exige soluciones de fondo.

La democracia no colapsa por falta de urnas, sino por falta de alma. Por falta de comunidad. Por falta de ciudadanos que se atrevan a mirar más allá de sí mismos. Lo que necesitamos no es una actualización cosmética del sistema ni un parche técnico que acomode reglas; necesitamos recuperar el espíritu comunitario que da sentido a la vida pública. Necesitamos dejar de ser un archipiélago de individuos y volver a ser un cuerpo integral cívico capaz de exigir verdad, justicia y responsabilidad.

México no saldrá adelante con reformas diseñadas desde el interés y la ambición de mantener el poder, sino con ciudadanos maduros que recuperen su capacidad de organizarse, de pensar juntos y de actuar por el bien común. Si seguimos como partículas dispersas, la democracia seguirá vacía y el poder seguirá siendo para sí mismo.

Pero si recuperamos comunidad, virtud y propósito —independientemente del sistema que prevalezca— podremos devolverle a este país algo que ha perdido hace demasiado tiempo: un orden social justo.

 

 

Cita este artículo

Rebollo, F. (2026, 16 enero). ¿Y si la democracia ya no alcanza? Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/y-si-la-democracia-ya-no-alcanza/

 

Enlace a edición mensual

Número 51, año 5, diciembre 2025 https://revistaforja.org/revista-forja-para-el-bien-comun-num-51-5-aniversario 

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