En 1986 se aprobó la Ley General de Protección Civil y se creó el Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc) como respuesta a la traumática experiencia del terremoto de 1985.
En coordinación con la UNAM y el apoyo del gobierno de Japón, en 1988 nació el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) y en 1996 se consolidó un recurso importantísimo para la atención de emergencias: el Fondo Nacional de Desastres (FONDEN).
Todo el sistema de protección civil se fue fortaleciendo con un objetivo principal: evitar la pérdida de vidas, prevenir y mitigar los daños causados por fenómenos naturales y eventos catastróficos.
Del Sinaproc depende directamente la Coordinación Nacional de Protección Civil (CNPC). Es la instancia del gobierno federal -como su nombre lo indica- que coordina los esfuerzos de las áreas de protección civil de estados y municipios, junto con organizaciones de la sociedad civil, Cruz Roja y voluntariado, para proteger a la población ante riesgos por fenómenos naturales o catastróficos.
El 10 de octubre de 2025 en los estados de Veracruz, Puebla, Hidalgo, Querétaro y San Luis Potosí se presentaron lluvias torrenciales que causaron daños catastróficos a la infraestructura de cientos de comunidades, daños y pérdida de aproximadamente 100,000 viviendas. Hasta el día de hoy (20 de octubre), 72 personas perdieron la vida y hay un número indeterminado de desaparecidos.
Autoridades federales y la propia presidencia de la República han afirmado que no había indicios de una catástrofe de esta magnitud, ni forma de predecir las fuertes inundaciones en varias comunidades.
Esto es absolutamente falso. La realidad es que el Sistema Meteorológico Nacional (SMN) durante esa misma semana estuvo informando y emitiendo comunicados que advertían de precipitaciones torrenciales precisamente en esos estados. Confirmaron lluvias superiores a los 150 mm y se presentaron fotografías satelitales que mostraban fenómenos meteorológicos de gran magnitud tanto por el Golfo de México como del Pacífico, que advertían del alto riesgo de estos fenómenos.
El SMN, la Conagua, el Cenapred y varias universidades, cuentan con los recursos técnicos y modelos matemáticos que permiten convertir los datos de precipitación pluvial en volúmenes de escurrimiento. A la vez, estos modelos trazan con buena aproximación las regiones que pueden ser afectadas por inundaciones, producidas por el desbordamiento de ríos o distintos cuerpos de agua.
Estos modelos orientan a estados y municipios para que, a través de sus áreas de protección civil, comparen con los Atlas de Riesgos de cada entidad para comprobar las zonas susceptibles de afectación.
Nada de esto funcionó. No hubo información ni alertamiento a ningún municipio ni comunidad. Simplemente se conocieron los comunicados del SMN a través de medios de comunicación y nada más.
Autoridades municipales y estatales confirman que la Coordinación Nacional de Protección Civil NO INFORMÓ NI ALERTÓ a las distintas áreas de protección civil del riesgo que se avecinaba de acuerdo a la información del SMN por el nivel de lluvias torrenciales. Simplemente vino el desastre, luego las excusas y las justificaciones.
Nadie está afirmando que las inundaciones fueran evitables; pero lo que no puede aceptarse es la negligencia de las autoridades responsables que no alertaron a la población y haber evitado la pérdida de vidas.
Todo mundo se pregunta ¿qué pasó, ¿qué salió mal? La explicación es una sola: el Sistema Nacional de Protección Civil en este momento es inoperante, no funciona, no sirve.
No se está culpando a la actual Coordinación de Protección Civil. La responsabilidad corresponde a la anterior administración federal y concretamente al expresidente López Obrador.
En 2021 López Obrador dio la orden de acabar con 109 fideicomisos. Le urgían más y más recursos para sus programas clientelares (mal llamados sociales). Entre esos fideicomisos estaba el FONDEN.
En 2022, el Congreso aprobó cambios a la Ley General de Protección Civil que eliminaron definitivamente este fideicomiso. En ese momento, el FONDEN contaba con 52,480 millones de pesos. La reforma proponía que estados y municipios formaran sus propios fondos de prevención lo cual, evidentemente no sucedió.
La excusa que el presidente dio en ese momento fue que el FONDEN estaba plagado de corrupción y que los recursos deberían entregarse directamente a la población.
No se conoce hasta el momento investigación alaguna sobre los supuestos actos de corrupción ni personas puestas a disposición de la Fiscalía General por violaciones al FONDEN. La realidad es que solo interesaba llevarse los recursos.
El FONDEN estaba sujeto a controles legales: reglas de operación, procedimientos de transparencia y auditorías. Los recursos para el apoyo a la población eran inmediatos a través de los municipios, pero con controles estrictos.
Si los recursos para el apoyo a la población en caso de desastres fueron usados indebidamente en algún momento, por corrupción de funcionarios responsables de su aplicación en cualquier instancia de gobierno, los órganos internos de control de las dependencias involucradas y la Fiscalía General de la República deberían haber actuado con todo el peso de la ley.
No se sabe nada sobre investigaciones, ni acusados ni detenidos. Todo ha sido una farsa para tratar de justificar la absurda decisión de López Obrador.
La desaparición del FONDEN desarticuló el andamiaje del Sinaproc. López Obrador es el responsable de la pérdida de años de avance y fortalecimiento de políticas de protección civil.
Desde el anuncio en 2021 para desaparecer el FONDEN, no volvió a emitirse una sola declaratoria de desastre, violando la Ley General de Protección Civil. No las hubo, porque en la tesorería no había un centavo para atenderlas. No las hubo, para no molestar ni contradecir al señor presidente.
López Obrador en su administración y la actual de la 4T que lo encubre y lo justifica, son responsables de la muerte de las personas que no fueron advertidos por el sistema de protección civil.
La presidenta Claudia Sheinbaum debe corregir y denunciar el grave error de su predecesor.





