Hacia el final de 2025 cobró relevancia la obra Questions de conscience: de la génétique au posthumanisme”[1] un texto que aborda los dilemas éticos derivados de la genética y el posthumanismo desde una perspectiva crítica y humanista. La reflexión adquiere especial interés en un contexto donde las transformaciones tecnológicas aceleradas exigen marcos antropológicos y morales sólidos. Su autor, Jean-François Mattei —médico genetista, católico declarado, ex diputado y ex ministro de Salud de Francia— desarrolla una visión que vincula ciencia, ética y dignidad humana.
En esos mismos días comenzó a circular, a través de redes y plataformas digitales, la versión de que la primera encíclica de León XIV llevaría por título Magnifica Humanitas[2] l documento que apuntaría a abordar las implicaciones sociales, culturales y éticas de las transformaciones tecnológicas contemporáneas, del mismo modo en que León XIII afrontó, hace más de un siglo, las consecuencias de la Revolución Industrial mediante la Rerum Novarum.
En efecto, si los cambios en los métodos de producción del siglo XIX ya merecían afirmar la dignidad de la persona humana, los del siglo XXI, lo hacen indispensable por ser el ser humano mismo -y su inteligencia- el objeto de los cambios tecnológicos.
Para ello, y como aperitivo para sacar el mayor provecho de la esperada encíclica, me permito señalar algunos temas destacados en el libro de Mattei, que pudieran sorprendernos a quienes no seguimos con tanta precisión los temas de la bioética, y algunos hitos a esperar en el 2026.
El mayor cambio que la humanidad haya vivido en su historia
Sin notarlo el peatón común y corriente, cada año las tecnologías que los expertos llaman convergentes (la nanotecnología, la biotecnología, la informática y las ciencias cognitivas, en su conjunto NBIC) dan saltos de gran magnitud.
Es posible que nuestra generación y la de nuestros hijos seamos testigos de un aceleramiento en la evolución de la especie humana, lo cual provoca toda una serie de desafíos éticos.
Recientemente hemos percibido con mayor claridad, los avances de la inteligencia artificial, que se ha “democratizado” y entrado en una carrera por la supremacía tecnológica entre China y Estados Unidos.
En 2025 fuimos testigos del lanzamiento de modelos de razonamiento avanzado, la generación de imágenes y vídeos de alta calidad, la superación de los humanos en diversas tareas como la programación, así como la posibilidad de crear “agentes” que realicen tareas concretas. Este poder de agencia, lo ha llevado Elon Musk al campo de la medicina, logrando hitos importantes, como que un paciente con su implante cerebral Neuralink fuera capaz de controlar dispositivos digitales y brazos robóticos solo con el pensamiento[5].
Para el 2026, se espera un gran salto en las aplicaciones médicas. A decir del vicepresidente de salud de Microsoft, los modelos actuales tienen 85% de precisión en diagnóstico, algo mucho más elevado que el 20% del médico promedio. Venden la idea de que la IA contribuirá a cerrar la brecha de acceso a servicios médicos esenciales que enfrenta casi la mitad de la población mundial[6]. “A los médicos, la IA les ayudará en la clasificación de síntomas y definición de planes de tratamiento, y a los laboratorios en el diagnóstico de enfermedades raras, mediante el aprendizaje, autosupervisado de datos masivos”[7].
La genética y sus dilemas éticos
A esto se unen los avances en la genética. Mattei afirma que tras el desciframiento del genoma humano, los genetistas se han convertido en una especie de videntes de nuestro tiempo, capaces de reemplazar la bola de cristal por el análisis del ADN, al que se consulta como si fuera el oráculo de Delfos. Hoy ya por ejemplo, los análisis prenatales en Francia resultan en que 95% de las parejas a las que les indican que el embrión o feto (de su hijo o hija) tiene síndrome de Down, optan por la IVG (interrupción voluntaria del embarazo, eufemismo para el aborto). Con ello, dice Mattei, los legisladores, que quisieron dejar esta decisión en la libertad individual y no en la decisión sistemática del Estado, se enfrentan a lo que Max Weber decía era la “paradoja de las consecuencias”. En efecto, el conjunto de las decisiones individuales, revela ya una sociedad eugenésica por mucho que el eugenismo haya sido prohibido explícitamente por la ley y condenado desde el Código de Nuremberg (que condenó los experimentos nazis).
Nos dirigimos hacia un mundo en el que cualquier persona puede pagar por un análisis de su ADN. El caso de la actriz Angelina Jolie, descrito en el libro, es ilustrativo: sabiendo que su madre y abuela habían muerto jóvenes por cáncer de ovario y de seno, respectivamente, y sabiéndose portadora de un gen que la predisponía a esas eventualidades, se sometió o una mastectomía bilateral y una ovariectomía. ¿Es esto un acto de libertad y de toma de riendas del propio destino? ¿Es un acto de responsabilidad evitar pasar ese destino a nuevas generaciones y comunicar a sus familiares la presencia de ese gen? Son el tipo de preguntas, que comenta Mattei, se enfrentan los médicos y legisladores en la actualidad.
La medicina y el deporte, coartada del transhumanismo?
Los dilemas éticos van aumentando de peso conforme el libro avanza. Una de las preocupaciones centrales es si la medicina, cuyo objetivo principal siempre ha sido curar a los enfermos, y que paulatinamente ha ampliado su campo de acción hacia la prevención y el bienestar de pacientes sanos (por ejemplo la cirugía estética o la procreación asistida), nos está abriendo la puerta o sirve de pretexto para la agenda transhumanista, cuyos objetivos son la aumentación de las capacidades del hombre y sobrepasar sus límites, como el envejecimiento, la pérdida de la vista, la audición, la memoria e incluso la muerte.
La biología de síntesis es uno de los instrumentos novedosos con los que los genetistas (y el hombre) parecieran poder “crear vida” como si fuera un lego. Tal es el objetivo de los “biohackers” que participan en la competencia iGEM (International Genetically Engineered Machines) organizada cada año en el MIT en el que los participantes tienen seis meses para cortar, injertar o armar genes para presentar “máquinas biológicas” concebidas para ser útiles al ser humano.
El progreso de la técnica denominada “CRISPR-Caso9” que permite ”editar” el genoma de forma precisa, si bien pareciera ofrecer a la medicina perspectivas terapéuticas alentadoras, ofreciendo la oportunidad de cambiar un gen patológico por uno sano (la llamada “terapia somática”), en su modalidad “germinal”, realizada en las etapas precoces del embrión, modifica no solo al embrión sino a su descendencia, alimentando la aspiración de los transhumanistas de conseguir un “hombre aumentado”.
Desafortunadamente, al igual que en la IA, en la genética se ha desatado una competencia entre investigadores por lograr nuevos hitos, en un contexto de “geografía ética variable” que es difícil de detener.
En China y crecientemente también en países occidentales como Bélgica, Reino Unido y Suecia, es permitido trabajar con embriones humanos, siempre y cuando no sean implantados y se descarten antes de los primeros 14 días.
El deporte, apunta Mattei, es ya también un laboratorio del transhumanismo. Para muestra un botón: en mayo de 2026 tendrán lugar en Las Vegas los “Enhanced Games”, una competencia de tres disciplinas, natación, atletismo y levantamiento de pesas en la que el dopaje es permitido (con sustancias como esteroides, testosterona, hormona de crecimiento, siempre que sean legales en Estados Unidos y prescritas por un médico con licencia). Los atletas que rompan un récord mundial serán acreedores a un millón de dólares. Entre los inversionistas, que esperan generar ingresos promoviendo la “superhumanidad” con suplementos de rendimiento directo al consumidor se encuentran Peter Thiel (fundador de Pay Pal) y Donald Trump Jr.[8]
Nuevas líneas rojas
El libro de Mattei, sin tenerlo por objetivo, permite hacer un recorrido cronológico de los desafíos éticos enfrentados en el pasado y las líneas rojas que la sociedad occidental y legislación francesa ha ido cruzando:
- Desde la ley Neuwirth de 1967 sobre los métodos anticonceptivos;
- la ley Veil de 1975 sobre la interrupción voluntaria del embarazo (IVG);
- la ley Caillavet de 1976 sobre trasplantación de órganos con consentimiento previo;
- la ley Hurley de 1988 sobre la investigación biomédica;
- la ley sobre la bioética de 1994 (en la que participó Mattei como legislador, con revisiones mayores en 2004, 2011 y 2021) que regula la utilización de elementos y productos del cuerpo humano, la asistencia médica a la procreación (la inseminación artificial y la fecundación in vitro) y el diagnóstico prenatal y prohíbe la experimentación con embriones concebidos in vitro;
- hasta las discusiones actuales sobre la gestación por otra (GPA aún no aprobada en Francia) y la de los derechos de personas en el “fin de la vida” (legislada originalmente en 2005 y 2016).
En este último tema, estuvieron el último año también muy activos los parlamentos de Reino Unido, Eslovenia, Estonia, y Chile y Uruguay, en América Latina. Para el 2026 están programadas discusiones en Francia, Reino Unido, Países Bajos, Bélgica y Canadá.
Y a mí, ¿en qué me concierne?
Las decisiones a las que se enfrenta el siglo XXI conciernen a la humanidad entera. Sin embargo, ¡que poco informados, capacitados e involucrados estamos en ellas! Y que responsabilidad mayor de aquellos que sí tienen poder de decidir en estas materias. Una razón más en favor de la necesidad de médicos, investigadores, empresarios, políticos y legisladores con principios.
Las reflexiones finales de Mattei se centran en la necesidad imperante de la ética (y la educación en ella), para movilizar las conciencias ante las relaciones fluctuantes entre el poder, el saber y el querer cruzar nuevas líneas rojas.
Coincido, pues no solo son decisiones en manos de los médicos, legisladores y organismos internacionales, en muchos casos son, o se hace ver que son, decisiones “democráticas”. Sin embargo, ¿qué responsabilidad puede asumir una sociedad “líquida”, carente de referentes, en donde la opinión pública es fuertemente influenciada por los medios y las redes sociales?
____________________________________________
Es en ese contexto en el que la nueva encíclica de León XIV, será iluminadora y trascendental, tanto o más que la Rerum Novarum.
[1] https://www.editionslesliensquiliberent.fr/livre-Questions_de_conscience-9791020905499-1-1-0-1.html
[2] https://es.aleteia.org/2025/12/30/conocemos-el-titulo-de-la-primera-enciclica-de-leon-xiv/
[3] http://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/january/documents/20260109-corpo-diplomatico.html
[4] https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_ddf_doc_20240402_dignitas-infinita_sp.html
[5] https://es.euronews.com/salud/2025/12/04/neuralink-de-elon-musk-afirma-que-su-implante-cerebral-ya-ayuda-a-mover-protesis-roboticas
[6] https://news.microsoft.com/source/features/ai/whats-next-in-ai-7-trends-to-watch-in-2026/
[7] https://hai.stanford.edu/news/stanford-ai-experts-predict-what-will-happen-in-2026
[8] https://www.espn.com/olympics/story/_/id/45257341/ped-use-allowed-new-enhanced-games-set-2026
Cita este artículo
Ardavín, J. A., (2026, marzo 19). La urgencia de «Humanidad magnífica». Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/la-urgencia-de-humanidad-magnifica/
Enlace a edición mensual





