A contraparte, el aplauso irracional es para quien sigue lo que está de moda y lo defiende, sea con argumentos o a partir de impulsos.
Esta contraposición no es sino un reduccionismo maniqueo que se usa como filtro para etiquetar las opiniones que se hacen públicas y no corresponde en nada a la justicia. Es una manera sencilla, pero falaz y lapidaria, de colocar a la realidad en una de dos opciones excluyentes. A través de ese cristal, o todo está bien o todo está mal.
Desde esa óptica, educar a los hijos, por ejemplo, es loable si se les deja que hagan lo que les dé la gana en aras de una supuesta libertad que termina por ser libertinaje, y es reprobable si se les disciplina, porque para los simplistas la disciplina es un yugo insoportable equivalente a la represión.
Quienes así juzgan la vida se ufanan de demandar respeto para todos los derechos, supuestos o reales (ahora se habla incluso de derechos de las mascotas), y rechazan o desconocen que, de acuerdo con un principio jurídico elemental, a todo derecho corresponde naturalmente una obligación.
Esa deformación del juicio popular ha llevado a grandes grupos de personas a adoptar posiciones igualmente maniqueas frente a los avances de la ciencia y de la tecnología, hecho que no tiene razón de ser porque nada es químicamente puro en bondad… ni en maldad.
Tomemos por ejemplo la inteligencia artificial. Hay legiones de defensores y otras tantas de detractores de ese descubrimiento cibernético que, bien mirado, no es bueno ni malo en sí mismo porque es una herramienta. Su bondad o maldad depende del uso que se le de.
Se le puede equiparar con un lápiz, que es una herramienta buena si se le utiliza para escribir, pero que es un utensilio nocivo si con él se le saca un ojo a alguien.
Pero existe una peligrosa tendencia a utilizar la inteligencia artificial y muchos de los recursos de la tecnología digital no como herramientas poderosas para potenciar el trabajo humano, sino como elementos que impulsan la pereza. Ese hecho, que parece una reflexión moral, es mucho más que eso. La pereza es un freno de la inteligencia, de la creatividad y del progreso; detiene y entorpece profundamente el desarrollo humano.
Si se piensa, por ejemplo, en el abuso de las llamadas redes sociales se puede concluir fácilmente que, al disminuir la necesidad de hablar, de establecer contactos personales y de intercambiar libremente puntos de vista en una charla, las gente se despersonaliza, se robotiza y se mecaniza.
La no utilización del cuerpo humano y de la relación directa en los chats de texto, en los videos y “streamings” inhiben la comunicación en la medida que anulan los lenguajes corporal, gestual y emocional, que son los que dan contexto a las relaciones humanas.
Y si a eso agregamos la tendencia a suponer que todo es opinable y que todas las opiniones son válidas y respetables, nos colocamos frente a un horizonte sumamente difuso, incierto y hasta riesgoso para la humanidad.
Los avances digitales y tecnológicos así concebidos y utilizados, sin reglas ni controles, promueven la despersonalización y la robotización de la persona en la medida en que suprimen o inhiben el uso del cuerpo humano para comunicarse: voz, gestos, actitudes, expresiones.
Sin embargo, que así ocurra no convierte en nocivos los avances tecnológicos en sí mismos, lo nocivo es la forma en que los usan, sobre todo, las generaciones jóvenes.
Y, como ocurre a menudo, el problema encuentra su raíz en el mismo factor del que surgen nueve de cada diez problemas sociales, en México y en el mundo: la educación.
Solo es posible crear conciencia para el uso responsable de la tecnología digital, incluyendo a la inteligencia artificial, si estructuramos para nuestros hijos una educación de calidad fundada en valores éticos.
Una educación que no rehúya corregir a los chicos y enseñarlos a asumir sus responsabilidades. Que tema más ser complaciente que ser represiva, pero que no caiga en ninguno de esos extremos; que elija dar a las nuevas generaciones armas para enfrentar los problemas que se les avecinan, en vez de pretender inútilmente protegerlos de ellos.
Una educación que revierta la tendencia actual, en la que los seres humanos tendemos a ser más peligrosos enemigos de nosotros mismos que los avances de la tecnología.
Cita este artículo
Camacho, P., (2026, junio 24). La tecnología digital, ¿es buena o mala? Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/la-tecnologia-digital-es-buena-o-mala/
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