‘The Technological Republic’ va mucho más allá de ser la exposición de motivos de una empresa en particular, es un manifiesto que encarna la perspectiva de una buena parte del ecosistema tecnológico, que en los últimos años se ha ido alejando de la ideología progre/izquierdista tradicional entre las élites universitarias norteamericanas, para construirse un nuevo nicho; más cercano a la derecha, pero independiente de esta.
Las señales están ahí. La -a veces tormentosa- cercanía de Elon Musk con Donald Trump y el viraje de Jeff Bezos (Amazon, Blue Origin) en favor del propio presidente americano; todo ello, en el marco del avance de la inteligencia artificial y la consolidación de la nueva carrera espacial -que se impulsó desde la primera administración Trump, con el programa Artemisa y los acuerdos de la alianza internacional que lleva el mismo nombre-.
Estamos ante mucho más que casualidades. Se trata de un movimiento en las placas tectónicas del poder político, que eleva de entre los mares un nuevo ‘continente’, sostenido por el dinero y las capacidades de una nueva economía, y el nuevo mundo que esta pretende construir.
¿Y cómo se ve esta nueva perspectiva?
Karp y Zamiska plantean que Silicon Valley, es decir, el ecosistema tecnológico americano, tiene una deuda moral hacia los Estados Unidos de América. Ello representa un drástico viraje con respecto a la posición de las élites empresariales tradicionales, que tendían a sentirse “ciudadanos del mundo”; ya no más. Ahora son, muy orgullosamente, americanas.
Parte además de esa tensión entre globalismo e identidades nacionales de las que ya les platiqué largo y tendido en La Forma del Futuro.
Explican también la importancia de generar, sí, crecimiento económico, pero también seguridad para el público; y aquí entra otro punto de quiebre con respecto a la ortodoxia progre/globalista del pacifismo buena onda, sostenido en el poder blando de las palabras y la cultura. Eso ya no basta, se necesita poder duro, basado en elementos concretos, incluyendo software y, sí, también armas.
Armas, diseñadas y operadas con el apoyo de la inteligencia artificial, pero también de ejércitos humanos, reactivando el servicio militar como deber universal (en varios países ha sido reemplazado por fuerzas armadas completamente voluntarias), con el compromiso de respaldar a esos soldados con la mayor protección y fuerza de fuego posible.
Un futuro donde los gobiernos reduzcan los beneficios de la burocracia, pero que al mismo tiempo la opinión pública sea menos intensa en su crítica a la vida personal de los personajes públicos, y menos proclive a celebrar la destrucción de aquellas personas a quienes considera enemigos políticos.
Una intervención más directa de la tecnología en el combate a los crímenes violentos, en el ámbito local, y un equilibrio internacional que reconoce la importancia del poder Americano y su éxito para sostener la paz, mientras que también apueste por el reposicionamiento militar de Alemania y Japón, como mecanismos clave para mantener el equilibrio en Europa y Asia, respectivamente.
Una perspectiva que sea más respetuosa de las creencias religiosas, abandonando el ateísmo militante -y, muchas veces, intolerante- que ha caracterizado a las élites empresariales y académicas americanas de las últimas décadas.
Una civilización propia y claramente definida, que se oponga a la vacuidad del pluralismo y que comprenda que no todas las culturas son iguales y que la inclusión no puede convertirse en dogma incontestable, a costa de la identidad nacional.
Esto es lo que quieren, y lo proclaman abiertamente, con esa mezcla de arrogancia y certeza de quienes saben que la tecnología que dominan es lo suficientemente poderosa como para convertirlos en el nuevo nodo del poder económico y técnico.
En el siglo XVII fueron los comerciantes de especias; en el XIX, los industriales; en el XX, los petroleros; ahora, una nueva camada, con mayores capacidades y alcance que cualquiera de sus antecesores.
Ahora bien, matices hay miles, pero, en términos generales, esta es la ruta hacia la que apunta un sector cada vez más influyente dentro del ámbito tecnológico. Seguramente habrá en esta perspectiva cosas que a usted le agraden y otras que le agredan. Sin duda algunas avanzarán hasta convertirse en realidad, otras se quedarán en la mesa y otras incluso surgirán en abierta contradicción con las primeras, porque así es la naturaleza humana.
El tiempo nos lo dirá, y mucho queda por analizar, respaldar y criticar sobre el manifiesto de Palantir y el impacto social las revoluciones tecnológicas pero será después. Por lo pronto, avisados quedan.
Cita este artículo
Garibay Camarena, G., (2026, mayo 23). La república tecnológica. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/la-republica-tecnologica/
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