¿Es posible cambiar una cultura para que sea favorable a cualquier proyecto? La experiencia histórica demuestra que sí.
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Investigaciones y reflexiones sobre cultura política, manifestaciones culturales, tradiciones y expresiones artísticas como ejes constitutivos de la identidad social y del patrimonio colectivo.
¿Es posible cambiar una cultura para que sea favorable a cualquier proyecto? La experiencia histórica demuestra que sí.
Las ciencias sociales se han distanciado de los sesgos al creerlos contaminantes para sus investigaciones, pero al hacerlo están deshumanizando el conocimiento y alejándose de la verdad.
El pasado 7 de marzo se estrenó en México a través de la cadena Cinemex, la película “Vencer o Morir” dirigida y escrita por Vicent Mottez.
Este artículo busca resaltar la perspectiva única de José Clemente Orozco y su contribución esencial al muralismo mexicano. La crítica, lejos de ser una simple negación, se convierte en una herramienta valiosa para el desarrollo y la introspección, como lo demostró brillantemente Orozco a través de su arte.
Es un género que permite conocer la vida de un famoso del mundo de la farándula, del deporte, la política o el crimen organizado, con el objeto de narrar su propia vida, en donde puede contar lo necesario para que el público conozca más de su intimidad.
Parece que las bioseries se han convertido en una fuente inagotable para la televisión abierta, de cable y las plataformas digitales; es un género que ha provocado comentarios a favor y en contra, pero la realidad es que la gente gusta ver estas ficciones que retratan ciertos ángulos, aunque siguen apostando por revelar los “secretos” en la vida de los famosos; y si son santos sería mejor.
Primer acto. En escena y tras bambalinas, todo cuenta. Nacimiento, belén o pesebre, son algunos de los nombres que en países hispanos damos a la representación de la escena de la Natividad del Señor dentro de nuestras casas, iglesias y otros lugares públicos....
Detrás del poder se encuentra la cultura popular que moldea tanto a las jerarquías como a las bases sociales. Entender el hilo conductor entre ambos extremos nos permite comprender mejor la forma en la que respondemos como sociedad a los estímulos originados en las estructuras del gobierno. Para ello nos valemos de la teoría de las dimensiones culturales de Geert Hofstede.
La relación entre imaginación y verdad ha sido cambiante dentro del panorama de la comunicación humana. Desde las primeras pinturas rupestres hasta las narraciones transmedia de la era moderna, la humanidad ha buscado maneras de expresar, interpretar y entender su realidad.
El comienzo del nuevo milenio trajo a la televisión un nuevo formato, el reality show, un género que ha provocado que millones de personas en el mundo quieran ser parte de este fenómeno mediático, no como meros espectadores, sino como figuras centrales.
Los medios de comunicación por su capacidad de abarcar grandes audiencias y además de su inmediatez son espacios privilegiados para crear, difundir y reproducir determinadas visiones, para lograrlo, es indispensable plantear la necesidad de dignificar el papel de la mujer y la figura materna en la construcción de los contenidos mediáticos.
Hemos llegado al punto en que es necesario llamar a las cosas por su nombre, pues la batalla del lenguaje es una batalla también importante.
Es en la dimensión lúdica donde estereotipos, roles y relaciones bajo el activismo de la ideología de género se han convertido en tramas y narrativas fundamentales de la oferta audiovisual que busca transformar la cultura occidental.
El propósito de las celebridades es asumir una “representación democrática”, por lo que se erigen como los representantes de esas causas. Es así como los premios de la Academia se están convirtiendo en un espacio de confrontación política.
El funcionario autómata y el político mesiánico son fenómenos que tienen una misma matriz: el arribo a cargos políticos de personas que se asumen como privilegiados y superiores, olvidando su intrínseca vocación al servicio público, advierte en esta entrega José María Herrera.
Frente a una crisis de naturaleza cultural como la que vivimos, expone Bernardo Ardavín, la nueva propuesta es ampliar la meta de la transición de la democracia por la búsqueda de la consecución del bien común y necesitamos actualizar, sin pretexto, principios fundamentales de la persona humana.
La política teóricamente analizada, como el ejercicio práctico de la misma, sostiene José María Herrea Zaballa, constituyen un arte humano verdadero y profundo, sobre todo si se entiende al arte como una forma de expresión de la persona cuyo ejercicio se realiza de una manera que le permita lograr la finalidad última a la que está ordenado: la sublimación del alma humana mediante la observación y reflexión.
En este alto necesario, lo primero es volver la vista a sí mismo y a las personas, para revalorar el qué, el cómo y el para qué de nuestra vida. Esto significa que hay que volver al punto de partida, al principio de toda actividad humana: La familia.
En su segunda entrega, José María Zaballa va al fondo de su planteamiento: la deshumanización del arte y de la sociedad. El relativismo tan marcado de nuestros tiempos: huir de las normas, principios y valores objetivos provoca que una apreciación personal sea más relevante que aquello que verdaderamente es bello, bueno, apreciable y sublime.
La democracia de casino sobrevenida, la de usa y tire, la del chismorreo, la del hablar para oírse uno mismo, en fin, viene empujando a los políticos y de suyo a todos los que participan de la experiencia de la libertad, a ser y comportarse como celebridades u objetos de idolatría.
El autor parte de un reto al definir la política como un arte en sí mismo y que, por tanto, es una forma pura de expresión de la humanidad que, por desgracia también se ha deshumanizado.
Hoy, además del sano pluralismo social, se manifiesta un pluralismo ideológico que no siempre es compatible con la cultura cristiana.