La cultura del Poder

José Luis Dueñas Barrera

La cultura del poder
Detrás del poder se encuentra la cultura popular que moldea tanto a las jerarquías como a las bases sociales. Entender el hilo conductor entre ambos extremos nos permite comprender mejor la forma en la que respondemos como sociedad a los estímulos originados en las estructuras del gobierno. Para ello nos valemos de la teoría de las dimensiones culturales de Geert Hofstede.

Poder. Esa simple palabra que trastorna las mentes y las acciones de muchas personas ansiosas de alcanzarlo, poseerlo y tomar decisiones sobre la realidad. El terco entorno cambiante ahora en sus manos para moldearlo en lugar de adaptarse a aquel. La cultura política aparéntemente bajo su control.

Por el otro lado de la moneda están quienes, no teniendo poder, lo ven a la distancia quizás con recelo, incluso envidia, pero distantes al fin. Una mezcla entre amor y odio; se le necesita para resolver problemas, pero al mismo tiempo provoca molestia bien sea por percibir ventajas materiales o sociales de quienes detentan poder o por meras posibilidades “qué se sentirá tener poder”.

Pongamos esto en preguntas que seguramente te has hecho alguna ocasión: ¿Por qué el reparto de despensas es tan popular?, ¿por qué el acarreo a eventos políticos es una mala práctica tan cotidiana?, ¿por qué los gobiernos administran problemas en lugar de buscar soluciones efectivas?, ¿por qué tapamos agujeros en las calles en lugar de arreglarlas por completo?, ¿por qué los políticos autoritarios y desalmados son tan exitosos en las votaciones?

Hay algunos rasgos culturales que nos permiten entender el por qué tan dispares actitudes persisten ante el poder.

El sociólogo holandés Geert Hofstede, al realizar un estudio de cultura dentro de IBM, diseñó la teoría de las Dimensiones Culturales, consistente en 6 pares de extremos psicológicos que explican las actitudes de un grupo social.[1]

La primera de estas dimensiones se llama “distancia al poder”, que explica la manera en la que nos relacionamos con las jerarquías, autoridades y cualquier figura superior en la sociedad.

Cada dimensión se evalúa en una escala de 0 a 100, o bien, de menos a más. México obtiene una calificación de 81, una de las más altas de América Latina.[2] ¿Y esto qué significa?

Significa que en general asumimos las jerarquías sin mucha justificación, la centralización es aceptada e incluso es popular, se espera que las autoridades dicten órdenes (es decir, poca proactividad en general y mayor tendencia a esperar que se diga qué hacer), el “jefe ideal” para muchos es un autócrata benevolente (¿López Obrador y semejantes?) y las desigualdades sociales se consideran inherentes a la ubicación jerárquica, en otras palabras, según la posición se acepta pobreza, marginación, inseguridad o prebendas, ventajas y exclusividad en el otro extremo.

Si analizamos estas características, podemos identificar actitudes muy claras ante las figuras de autoridad, especialmente cuando se trata de autoridad política: presidentes municipales y ediles actuando como principados, legisladores rodeados por un numeroso grupo de empleados, funcionarios públicos que obligan a sus colaboradores a realizar sus tareas de posgrado o afiliarse a su partido a cambio de mantener el trabajo, gobernantes autoritarios pero “que reparten”. Todos aprovechando, por decir lo menos, las ventajas de su posición de poder.

Y si lo vemos en el otro lado: ciudadanos desesperados por resolver sus adeudos de impuestos, estudiantes pidiendo apoyo para obtener becas fuera de plazos, negocios que les urge arreglar aquel trámite que eludieron hace tiempo y hoy les representa un enorme soborno o problemas. Todos urgidos de la benevolencia de alguna autoridad que les resuelva y que consideran alejada de su realidad cotidiana.

Combinadas estas actitudes con las características derivadas de otras dimensiones culturales, especialmente dos: evitación de la incertidumbre y orientación a corto plazo, tenemos como resultado el gobierno -argumento aplicable a casi cualquier año y casi cualquier orden de gobierno desde 1970 a la fecha- y la sociedad en que vivimos.

La evitación de la incertidumbre, evaluada con 82 puntos sobre 100, se traduce en mucha ansiedad por el futuro, necesidad de reglamentar todo, vivir para trabajar y resistencia a la innovación o al cambio (incluso si las posibilidades de mejora son previsiblemente seguras, lo que popularmente solemos resumir en “más vale malo por conocido que bueno por conocer”).

La orientación a largo plazo, evaluada en México con 24 puntos sobre 100, indica claramente el miedo al futuro, enfoque a resultados rápidos, preferencia por las acciones antes que a los planes y tendencia baja al ahorro.

Una ventaja de esta nota distintiva de la cultura es la gran capacidad de improvisación, buena adaptabilidad a entornos complejos y obtención de resultados veloces.

Si te sentiste interpelado por la información previa, no lo tomes personal, es la realidad cultural, es tu cultura y la mía, y quizás recordaste alguna actitud tuya o de alguien cercano, noticia o suceso que ahora tiene sentido a la luz del entendimiento de la cultura.

Ahora tienes la oportunidad de analizar el entorno social con lentes nuevos, con miras a contribuir en la edificación del bien común sabiendo de antemano si tus acciones se ajustan a la realidad cultural o no.

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[1] Distancia al poder, Individualismo, Masculinidad, Evitación de la incertidumbre, Orientación a largo plazo e Indulgencia. Más información en https://www.hofstede-insights.com.

[2] Argentina: 49, Colombia: 67, Guatemala: 95, Perú: 64, Brasil: 69, El Salvador: 66. Honduras: 80, Uruguay: 61, Paraguay: 70, Chile: 63, Bolivia: 78, Ecuador: 78, Costa Rica: 35, Panamá: 95, Rep. Dominicana: 65. No hay estudios en Cuba y Nicaragua.

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Escribo desde fuera. He tenido la oportunidad de recorrer algunos países por temas laborales. Mi trabajo como director del Instituto Promotor del Bien Común requiere generar vínculos con investigadores, universidades y otros centros de investigación con quienes trabajar juntos en la generación de líneas de investigación, proyectos comunes, publicaciones y demás.

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