¿Es posible cambiar una cultura para que sea favorable a cualquier proyecto? La experiencia histórica demuestra que sí; a elevados costos en tiempo, recursos, estrategias y conocimientos, se obtienen enormes réditos políticos. Esta posibilidad lamentablemente se usa en muchas ocasiones para favorecer ideologías o proyectos políticos, sin medir las consecuencias.
La cultura es la respuesta de grupos sociales ante estímulos externos a ellos. Así, mientras en Finlandia la gente no se vuelca sobre sus gobernantes para pedirles apoyos o autógrafos, en México la Presidencia de la República tiene una oficina dedicada a procesar toda petición que reciba el presidente por cualquier medio -servilleta, carta, email, etc.-, ya sea un pastel para XV años o un programa social: la cultura y la respuesta social al estímulo es distinta.
La cuestión es ¿puede y debe modificar la cultura?, ¿está bien lo que sucede en Finlandia, y mal lo que pasa en México?
La cultura agrupa valores, normas, costumbres, prácticas, conocimientos, creencias y símbolos que se transmiten de generación en generación y que definen la identidad y el comportamiento de un grupo social. Puede contener elementos considerados errores, como prácticas que dañan la dignidad humana: matrimonios forzados, venta de menores, sacrificios humanos, antropofagia; injusticias y desigualdades; distorsiones en la transmisión de conocimientos; vicios, etc.
Un proyecto de cambio cultural positivo buscaría en primer lugar identificar los valores para protegerlos y modificar paulatinamente los desvíos contra la dignidad, pero en la mayoría de los casos los procesos de cambio cultural están dominados por agrupaciones políticas impacientes por ver realidad su ideal de control o lo que sea que tengan en mente.
El realismo político, el progresismo, el socialismo y el relativismo afirman la inexistencia e inutilidad de la ética y la conciencia, proponiendo que vicios y virtudes se entiendan como “opciones” positivas, siempre que sean de libre elección -individual o colectivamente-. Desde el socialismo Gramsci propone la captura de la cultura para moldearla conforme al modelo del materialismo histórico.
Por ello la mayoría de las propuestas políticas tienen su eje en el cambio cultural: sustituir los valores y principios de una nación con la ideología, con el claro propósito de incrementar su control sobre la sociedad.
Veamos dos ejemplos exitosos en cuanto a sus logros, no así en aspectos éticos, sobre cambios culturales:
- Leyenda negra contra la Iglesia Católica.
Creada por la KGB durante la posguerra, consistente en diez ideas fuerza dirigidas contra el Papa Pío XI, la Iglesia católica y las grandes órdenes religiosas, señalándolas como aliadas del fascismo y el nacionalsocialismo; acumuladoras de inconmensurables riquezas con las que podrían resolver la hambruna mundial; defensoras del oscurantismo y la ignorancia; poseedoras de grandes secretos que podrían desmitificar a Jesús; enemigas de la ciencia y persecutoras de minorías e inocentes mediante la Inquisición, entre otras.
Leyenda ampliamente difundida en obras teatrales, películas, novelas y leyes; bien recibida entre la élite política inglesa, la masonería, el liberalismo norteamericano y los aliados de la URSS en América Latina para desmontar los fundamentos cristianos que a su criterio impedían el avance de sus proyectos políticos.
- Leyenda negra contra la hispanidad.
Al menos se identifican 3 posibles orígenes de esta leyenda -ingleses, franceses e italianos- pero todas comparten el mismo punto de partida, el fantasioso relato de Bartolomé de Las Casas -qué mejor fuente que quien asegura haber atestiguado esos hechos-: España es mala y debe pedir perdón; la Inquisición española torturó y asesinó a cientos de miles de inocentes; los indígenas vivían en paz y armonía antes de la llegada de los españoles y quizás estaríamos mejor si no hubiesen llegado esos salvajes sedientos de oro; la esclavización y el racismo fueron producto de la conquista española; la religión católica fue impuesta por la espada; las riquezas del continente se las llevaron a Europa; Hernán Cortés, o el conquistador de tu país o Cristóbal Colón son el origen de nuestros males; la población indígena fue esclavizada, maltratada y diezmada por numerosos ejércitos españoles, fortísimamente armados, que además trajeron la viruela; los enormes templos fueron derribados por frailes y obligaron a los locales a edificar iglesias encima de sus restos; impusieron un sistema colonial de extracción de recursos naturales; robo de tierras y destrucción de las prósperas culturas locales; la iglesia católica se adueñó de miles de tierras para su enriquecimiento… y un largo etcétera[1], todo ello refutable con pruebas.
Esta leyenda fue bien recibida y difundida por el socialismo, el liberalismo inglés, francés y norteamericano, reforzada por centros de estudios en universidades norteamericanas y adoptada por gobiernos y movimientos de izquierda en América Latina; difundida para modificar la raigambre cristiana en la cultura hispánica -opuesta al liberalismo-, para fortalecer el estatismo y mimetizar el colonialismo británico.
Estas historias y modificaciones culturales fueron posibles porque se anclaron y asumieron en la cultura política existente, a la interpretación de la cotidianidad, y el acceso a medios de comunicación. Algunos de estos mecanismos de ingeniería social están sistematizados en la llamada Ventana de Overton. En cualquier caso, es necesaria una comprensión de las señales culturales que permiten identificar posibles rutas de cambio.
¿Qué señales hay en América Latina? La actitud dócil al sentimentalismo, a la victimización, la indulgencia, el temor a la incertidumbre, caracterízan la cultura política de muchas naciones latinoamericanas, elementos propicios para inducir cambios culturales a partir de las narrativas antes citadas.
El sentimentalismo y la carga emocional son comúnes en todos los seres humanos, a todos se nos hace pequeño corazón por algún motivo, pero en cada nación varían los motivos. En México nadie se mete con la Virgen de Guadalupe, es nuestra morenita, nuestra madre tan querida que hasta un partido político de izquierda robó su apodo para ganar adeptos, pero ¿qué es la Virgen de Guadalupe en Reino Unido o en Canadá? Una parada turística o una pintoresca historia; Hillary Clinton llegó a preguntar al Rector de la Basílica “¿Quién la pintó?” ante la mirada atónita, algunas risas y uno que otro con los ojos en blanco que atestiguaron el hecho.
La indulgencia, bajo los criterios de Geert Hosftede, implica preferir las pasiones a las razones. Dele un millón de dólares a cualquier persona que se encuentre en una calle de la Ciudad de México y ese dinero se dilapidará en cosas superfluas e incluso en grandes actos de bondad pero poco eficaces.
Este hecho cultural tiene muchas manifestaciones que van desde “agarra porque se acaba” -cuando se reparten cosas gratis-, hasta el elevado consumo de alcohol, la violencia criminal y los derroches.
Naturalmente, al hablar de pasiones éstas no sólo son negativas, porque las hay ordenadas y positivas que también se engrandecen si hay condiciones propicias como la religiosidad popular, el cariño a la familia, el cuidado a los seres queridos y el gusto por el deporte en grupo.
La eterna victimización es resultado de etiquetar sistemáticamente momentos del pasado como génesis de una herencia negativa que se vive y se vivirá como destino manifiesto; herramienta aprovechada por regímenes nacionalistas para fundar su narrativa redentora.
La izquierda en América recicla estas las leyendas negras y replica la victimización porque necesita construir enemigos contra los que enfocar su lucha, y qué mejor que personajes y hechos que deliberadamente se distorsionan al ser vistos y explicados desde la óptica actual y no desde las circunstancias en que se vivieron.
Este es un discurso maniqueo que pone lo hecho por los enemigos como malo al identificarlos con conceptos clave como “esclavitud, conquista, viruela, pólvora, robo de oro, opresión, colonialismo”; y a lo que ellos proponen como bueno, positivo, necesario y progresista.
Respecto del temor a la incertidumbre, algunas sociedades latinoamericanas tememos al futuro por impredecible, enigmático e incontrolable, por ello preferimos el pasado, lo explicable que nos aporta seguridad mental: “estamos fregados porque nos robaron los españoles” ¿eso resuelve algo? Absolutamente nada, pero da una certeza de que lo mal que vives no es ni tu culpa ni del gobierno en turno por malo que sea este.
Si en teoría hoy estamos mal, ¿alguna vez estuvimos bien? El anclaje al pasado necesita un mito glorioso que los malos destruyeron: colores, arquitectura monumental, desarrollo científico, abundancia de alimentos, deidades mitológicas y elementos distintivos que ninguna otra cultura tiene, pero que ya no volverán. Los nacionalsocialistas y fascistas pensaron lo mismo al reivindicar las culturas druida y romana respectivamente, lo mismo que hoy el indigenismo exacerbado que enarbola el socialismo en América.
Podemos concluir que el cambio cultural como herramienta de control político es receta para desgracias humanas, guerras, conflictos políticos y otras crisis. Bueno fuera que esta poderosa herramienta se frecuentara para desterrar vicios y no para ahondarlos.
[1] Esta leyenda es tan ampliamente difundida y con tan poca oposición social que incluso aparece sin empacho en recientes películas del universo Marvel: Eternals y Wakanda Forever.





