“En definitiva, lo que les estoy proponiendo es que hagamos a Occidente grande nuevamente”. Con esta frase, que alude al eslogan «Make America Great Again» de Donald Trump (y su variante «MEGA» en referencia a Europa, viralizada por Elon Musk) cerró Javier Milei su valiente discurso en el Foro Económico Mundial de Davos. Lo hizo con mayor credibilidad que hace un año, respaldado por su éxito en la estabilización macroeconómica de Argentina y fortalecido por la reciente asunción al poder de Trump, ahora apoyado por Musk, el hombre más rico del mundo
El objetivo de recuperar la grandeza de la civilización occidental, anteriormente apellidada “cristiana”, resuena más allá del movimiento libertario y MAGA. Hace eco dentro de la Iglesia católica, desde las esferas más tradicionalistas hasta el llamado a una “Iglesia en salida” promovido por el Papa Francisco. Es sin duda motivo de reflexión para muchos laicos inmersos en la vida social y política en América y Europa.
El incendio de Notre Dame de París el 15 de abril de 2019 simbolizó, para muchos, el “desmoronamiento de la civilización” que representaba. Así lo expresa el prólogo en francés del libro Cómo los católicos construyeron una civilización, de William Slattery, que nos recuerda que no fueron los Reyes (ni hoy los Presidentes) quienes edificaron nuestra civilización, sino procesos, de esos que inspira el Papa Francisco cuando dice que “el tiempo es superior al espacio”, desatados por individuos y “minorías creativas” que, sin buscarlo, contribuyeron a su construcción simplemente “buscando primero el Reino de Dios y su Justicia” (Mateo 6,33).
De forma análoga, la reapertura de Notre Dame, el 7 de diciembre de 2024, a la que asistieron líderes políticos, económicos, sociales y religiosos, podría marcar un punto de quiebre en el imaginario colectivo y dar paso a un “nuevo orden social, económico y político”, animado por “un humanismo integral y solidario basado en la dignidad y la libertad de la persona humana”, como señala la introducción del Compendio de la Doctrina Social De la Iglesia.
La causa de la restauración, tras el incendio, le dio al “rey en turno” la oportunidad de trascender, alineando los intereses de la Iglesia y el Estado, en el país de la laicidad, pero sobre todo, respondiendo a los deseos del pueblo francés y la demanda del mundo entero. El gobierno francés logró recaudar un monto de donaciones impensables en otras circunstancias, para restaurar la catedral. Hay que reconocerle al presidente Macron haber cumplido su promesa de reconstruirla en cinco años. Sin embargo, no contaba con que los reflectores se los llevaría “el emperador en turno”, entonces presidente electo, y su influyente mecenas, quienes también entendieron el valor simbólico de la ocasión y quisieron escribir sus nombres en esa página de la historia.
Pero lo que todos ellos pasan por alto es que “las catedrales, la obra más grande del mundo occidental, no llevan firma”. Incluso la Sagrada Familia de Barcelona, fruto del ingenio de Gaudí, pertenece más a la ciudad y a quienes la han continuado que a su creador. Como diría Chesterton: “Las catedrales no dan testimonio de ambiciones sino de ideales; y los ideales siguen vivos. Están incluso más que vivos: son inmortales, porque ningún hombre ha sido jamás capaz de frustrar o realizar estos ideales”.
El secreto del éxito de Occidente: la renovación en lo pequeño.
En Francia, otro evento reciente, menos mediático, pero no menos significativo, demuestra que la civilización cristiana no está en irremediable declive, sino en constante renovación. Se trata de la “elevación” de la Iglesia de Notre Dame de Boulogne, en Boulogne-Billancourt, al rango de Basílica Menor. Conocida como Notre Dame “la Petite”, esta iglesia que da nombre a la municipalidad y al famoso Bosque de Bolonia en el occidente de París, fue construida hace 700 años por orden del rey en turno, Felipe “el Hermoso”. Tras considerarse salvado en una batalla por haberse encomendado a la Virgen y peregrinar en agradecimiento a Notre Dame de Boulogne (en la costa de Calais, donde de acuerdo con la tradición, llegó una imagen tallada en madera de la Virgen en una embarcación sin velas ni tripulantes) decidió dedicarle una iglesia cerca de París para que él mismo y otros pudieran hacer una peregrinación recortada.
Por azares del destino (y de la providencia), esta pequeña iglesia se convirtió en la parroquia de mi familia. Cuando nos instalamos en el vecindario en 2019, era la de los viejitos, más vacía y menos popular que la cercana Santa Cecilia -de los Hermanos de San Juan- donde las misas se llenaban al punto de obligar a los asistentes a sentarse en el suelo. Pero el obispo de Nanterre, Mons. Rougé, tenía otra visión para la antigua iglesia y la confió a una comunidad de los Legionarios de Cristo. En estos cinco años, por mérito de todos los anteriores, pero sobre todo de una comunidad crecientemente participativa, la parroquia ha recobrado una vida impresionante: hoy ofrece cinco misas dominicales, incluida una en español, y una variedad de grupos parroquiales que van desde catequesis y coros para niños y adultos hasta encuentros para padres, madres y jóvenes profesionales.
Como en Notre Dame de París, en Boulogne, las autoridades civiles y religiosas han coincidido en el objetivo de recuperar su valor y sentido. La Alcaldía de Boulogne-Billancourt, propietaria del inmueble, iniciará una restauración de cuatro años para devolverle su esplendor. Y, a petición del obispo y la Conferencia Episcopal de Francia, el Papa Francisco otorgó el decreto de elevación a basílica menor, oficializado el 12 de enero de este año. La misa de celebración, abarrotada y retransmitida en varias sedes, coincidió con la festividad del Bautismo de Jesús, dándonos la clave de la renovación permanente de la cristiandad (siempre antigua y siempre nueva, parafraseando a San Agustín): la “elevación” no es de un edificio, por muy bello que sea, es de cada bautizado, quien al seguir su vocación personal, y por ende la voluntad del Padre se une a la acción de Cristo, Rey y Señor de la Historia.
Nos lo dicen en esta ocasión los chinos: un investigador de la Academia China de Ciencias Sociales, citado en el libro de Slattery, explica: “Al principio, pensamos que Occidente nos superaba por tener armas más poderosas. Luego creímos que era por su sistema político. Más tarde, nos enfocamos en su economía. Pero en los últimos veinte años hemos comprendido que el corazón de vuestra cultura es vuestra religión: el cristianismo. Son los fundamentos morales cristianos de la vida social los que han hecho posible la aparición del capitalismo y el éxito de Occidente.”
Así que, todo aporta. Es significativo que el hombre más poderoso del mundo y el más rico se alineen en “la revolución del sentido común” y frenen el financiamiento al wokismo. Aporta que un presidente que heredó una nación en crisis dé lecciones de capitalismo y motive a la élite global a rescatar la civilización que los ha hecho ricos.
Pero la gran lección de esta historia es que la civilización cristiana no se construye, con la lógica del arquitecto, con ladrillos y reglas, sino que se esparce, con la lógica del sembrador. ”La semilla brota y crece sin que él sepa como” (Marcos 4,27). La civilización cristiana se revitaliza por tanto, de abajo hacia arriba. El papel de las familias, escuelas, parroquias, universidades, empresas, medios de comunicación, cultura y política es fundamental. Lo que pasa en una pequeña iglesia no es insignificante. Quien conoce de historia, entenderá por qué el Papa Francisco eligió su nombre: fue la obsesión de San Francisco de reconstruir la humilde Porciúncula la que desató la renovación de la Iglesia entera.
A estas alturas, el lector habrá notado el uso repetido del prefijo re- (repetición, intensidad), resaltado a propósito a lo largo de este artículo y que al parecer es también propio de nuestra cultura occidental. Lo es sin duda del cristianismo, renovador de la antigua alianza judía, única religión que ofrece la reconciliación, y cuyo mayor misterio es la redención alcanzada por la pasión, muerte y resurrección de Cristo.
Por eso, aunque nos entristece la partida de seres queridos, la esperanza no defrauda. Mi última visita a la pequeña iglesia de Notre Dame de Boulogne, fue para pedir por tres personas cercanas que fallecieron en un mismo fin de semana, pero sobreabundó la alegría pues un récord de 20 jóvenes y adultos recibieron la Biblia como parte de su catecumenado, preparándose para el bautismo en esta Pascua.
El lema de la nueva basílica, Ad portum feliciter (“A buen puerto felizmente”), refleja la esperanza con la que la Iglesia lanza estos procesos, confiada en que el éxito no depende de los méritos humanos, sino de la acción permanente de Cristo en la historia.
Referencias:
https://x.com/elonmusk/status/1880536914690036015?s=46&t=YOzUF2wRym0p6qffUZhHEg
https://www.youtube.com/live/mD6pbE2G8u4?si=5rCrseTTGVf_K30l
Slattery William, 2020, Comment Les Catholiques ont bâti une Civilisation, Ed. MAME.
Francisco, Exhortación Apostólica Evangelium Gaudium https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html
Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, Introducción, Numeral (último) 19.
Monólogo de Orión Welles frente a la catedral de Chartres, en Mentiras y Verdades, citada en Slattery (2020) op.cit.
G.K. Chesterton, The Riddle of Restoration, Daily News, 27 Mayo 1911, citado en Slattery (2020) op. cit.
Ver reportaje en https://youtu.be/fXyL_qCgni8
https://notredamedeboulogne.fr/notre-histoire/
Slattery (2020) pp 303, citando a Aikman (2023) Jesus in Beijing: How Cristianity is Transforming China and changing the global balance of power.
En los idiomas asiáticos (coreano, chino, japonés) generalmente la repetición o intensidad se hace mediante idiófonos duplicados.
In memoriam de Jorge, Ramon y Noris, qepd.





