El acto de votar en las elecciones no es apreciado por los ciudadanos, especialmente por los jóvenes, porque no se tiene conciencia de sus implicaciones. Votar es el inicio y no el final de la participación ciudadana, del ejercicio del civismo, que conduce a la sociedad hacia el bien común. En tiempos de emergencia democrática como los que estamos viviendo, hay que echar mano además de los argumentos de urgencia que convenzan a los electores de la transcendencia que tiene que acudan a las urnas.
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