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El Rostro de la Autoridad Política

por | Política

Cuando se inicia la vida del ser humano comienza también, de manera paralela, su conocimiento de la realidad en cuanto a sí mismo y a todo lo que lo rodea. Es aquí donde se adopta una actitud: el estupor, el cual, le permite obtener información y, al procesarla, se plantea el primero y paradójicamente, el último de sus cuestionamientos: ¿Quién soy? La respuesta se irá conformando al ir tomando consciencia de la naturaleza de su existencia y de la estructura y el funcionamiento del universo que lo rodea. Con todo ello, tenderá a establecer relaciones con lo descubierto mediante la generación de nexos.

 

Criterios de la Visión Helena

¿Cómo se relaciona el ser humano con el entorno, con los otros seres humanos y consigo mismo? Las diferentes culturas han propuesto variadas posturas y respuestas ante éste cuestionamiento. La visión del antiguo mundo heleno, por ejemplo, puede verse en el famoso texto de La Política de Aristóteles:

“De todo esto es evidente que la ciudad (polis, πόλις) es una de las cosas naturales, y que el hombre, por naturaleza, es una especie de animal social (zoon politikon, ζῷον πολιτικόν) […] La razón por la que el hombre es un ser social, más que las abejas o que cualquier otra especie de animal gregario, es evidente: la naturaleza no hace nada en vano. El hombre es, por otra parte, el único que tiene un lenguaje inteligible (zoon logon ekon, ζῷον λόγον ἔχον). (ARISTÓTELES, Política 1253a 1-18)”[1].

Podemos sintetizar que la visión helena del ser humano se centra en una concepción multifactorial. La de ser un animal, es decir, un ser relacionado con su entorno mediante la vida y su capacidad de movimiento; un animal político, es decir, un ser gregario relacionado con los otros mediante una comunidad y; con un lenguaje inteligible, es decir, capaz de estar con los demás mediante un código comprensible gracias a su razonabilidad. Un animal político, racional y que se comunica. El núcleo de la unión para ésta cultura lo ubica en la posibilidad de relacionarse mediante el uso de la palabra: la capacidad de hablar unos con otros.

 

La Cultura Hebrea

En la cultura hebrea se desarrolló una idea diferente en su planteamiento, pero, similar en su propuesta. Al inicio de la Biblia, en el libro del Génesis, se presenta una escena donde se perfilan las particularidades propias de la naturaleza de los elementos de la creación.

“[…] dijo el Señor Dios: «No conviene que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada». Entonces el Señor Dios modeló con arcilla del suelo a todos los animales de campo y a todos los pájaros del cielo, y los presentó al hombre para ver qué nombre les pondría. Porque cada ser viviente debía tener el nombre que le pusiera el hombre. El hombre puso un nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves del cielo y a todos los animales del campo” (Gen. 2:18-20).

El hombre tiene y se diferencia de las otras creaturas, por el poder de nombrar a los seres vivos y a todas las cosas. Después del estupor original de un ser humano, el proceso de significación, es decir, de convertir los objetos en el contenido de las representaciones, le permite integrar la información, darle forma e interpretarla para poder posteriormente, comprender, conocer y aprovechar los objetos. Ahora bien, proponemos un planteamiento hipotético: éste fenómeno ¿podría ser el origen del sentido de dominio del ser humano? Es probable. En todo caso, ¿cómo se desarrollaría la relación entre los diferentes seres humanos?, ¿cómo relaciones de dominio?, ¿sería ésta la única posibilidad? Una alternativa podría ser el diálogo. El diálogo implica un nexo entre dos entes semejantes y sería la base de la vida en comunidad, la organización social y la estructuración institucional. La comunicación humana trae consigo el intercambiar ideas, hablar, charlar y parlamentar.

 

Propuesta Cristiana

Además del diálogo generalizado en la cultura helena y del dominio en el origen propuesto por la cultura hebrea, el cristianismo presentó un aporte ricamente complementario y profundamente significativo:

“Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres (Juan 1:1-4)”.

Los nombres que Adán impone a la creación en el Génesis y el lenguaje inteligible de Aristóteles adquieren una dimensión inconmensurable en el cristianismo donde, pasa a ser: Todo en todo. Se rebasa al diálogo y al dominio mediante la transformación de la comunicación humana en Vínculo. La naturaleza de Cristo transforma y le da al intercambio de ideas, al hablar, al charlar o parlamentar un contenido trascendente hacia el infinito: el Orar. Pero, ¿para qué orar?

“La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre. Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios” (Juan 1:9-12).

El Vínculo generado a partir de la Palabra se propone para ayudar a otros, si así lo quieren, a ser algo más, mucho más que creaturas. Es decir, el cristianismo tiene un solo sentido: cumplir la voluntad de Dios como Padre y, además, presenta el método, el proceso para lograrlo: iluminar a todos para que aquellos que lo ven y lo reciben –lo cual implica la libertad- puedan ser hijos de Dios. El método implica en sí mismo un servicio a los seres humanos:

“Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios. Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:13-14).

Dios ha querido dar el más grande de los servicios: participar de su naturaleza, ser engendrados por Él. Quizá por ello el acto humano de engendrar pudiera ser la más clara imagen de Dios, entendida como un objeto que remite de manera directa a otro. Luego entonces la paternidad se traduciría en la evidente semejanza o analogía con Dios. De ésta manera, en el sencillo momento en que Cristo menciona la palabra “Abba”, se encuentra en una profunda oración. Mejor aún, con el solo hecho de ser el Hijo, su naturaleza se convierte gracias al Vinculo en una oración. Cristo es Oración con el Padre mediante el Espíritu como Vinculo.

Cristo como verdadero hombre va a necesitar de la compañía y del vínculo con otros seres humanos para verlo, protegerlo, escucharlo, educarlo, ayudarlo, guiarlo, quererlo, amarlo y sobretodo como referencia concreta de su Vínculo con el Padre. Cuando Cristo dice Abba el rostro de referencia es el de San José. Además, al pronunciar la palabra, Cristo no dice solamente Padre, dice “Papá” o mejor aún: “Papaíto”, “Papito”. Decir Abba implica la conexión, a partir de uno de los puntos más tiernos de la naturaleza humana, con el primer rasgo de la acción divina: la creación. Cristo al decir Abba es totalmente humano y completamente divino.

Para el cristiano en particular, la repuesta a la pregunta al inicio de ésta exposición de ¿quién soy? tiene, gracias a Cristo una respuesta que va más allá, mucho más allá, que la de ser un animal político, racional y que se comunica. Por supuesto que humanamente la respuesta es correcta. Tanto, que Cristo mismo adopta esa característica al encarnarse. Desde ese momento entró en la historia humana y se convirtió en un ser vivo, empleó un lenguaje inteligible y formó parte de una comunidad. A tal grado que reconoció y respetó las características culturales propias de esa comunidad.

 

Naturaleza humana: creatura o Hijo

En el acontecimiento histórico, Cristo vivió de una manera tan respetuosa su naturaleza humana, que la aceptó como hijo obediente. Dos escenas lo muestran desde la niñez hasta la muerte. La primera se encuentra en el capítulo dos del Evangelio de San Lucas donde se comenta el hecho del extravío de Jesús cuando sus angustiados padres, al no encontrarlo en la caravana de regreso a casa deciden, al tercer día, ir al Templo. La angustia inicial se convirtió en estupor al verlo con los doctores de la ley:

“sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: «Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados». Él les dijo: «¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?» Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio. Regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón. Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia, delante de Dios y de los hombres” (Lc. 2:48-52).

La otra escena, al inicio de su Pasión, se presenta precisamente en la oración de Getsemaní con un texto ubicado en los Evangelios de Mateo (26:39), Lucas (22:42) y Marcos (14:36). Tomamos el de éste último por la forma como se vincula con Dios: “Y decía: «¡Abba, Padre!; todo es posible para ti; aparta de mi ésta copa; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú»”. Cristo nunca va a trasgredir o a violentar su humanidad, al contrario, insistimos la acepta como hijo. Obediente hasta el extremo.

 

Conclusión

A partir del acontecimiento cristiano y en la medida en que nos hacemos conscientes de él, los hombres nos encontramos en un dilema: aceptar nuestra condición de hijos u optar por actuar solamente a partir de la idea de ser un animal político, racional y que se comunica. Si preferimos conservar la segunda y vivir a nuestros propios medios es muy probable que podamos avanzar y desarrollar proyectos fabulosos, majestuosos e incomparables. Desafortunadamente, de ser así, también nos encontramos ante el riesgo de perdernos en el océano de nuestras propias obras. Éste podría ser un ejemplo evidente.

“Todo el mundo hablaba una misma lengua y empleaba las mismas palabras. Y cuando los hombres emigraron desde Oriente, encontraron una llanura en la región de Senaar y se establecieron allí. Entonces se dijeron unos a otros: «¡Vamos! Fabriquemos ladrillos y pongámoslos a cocer al fuego». Y usaron ladrillos en lugar de piedra, y el asfalto les sirvió de mezcla. Después dijeron: «Edifiquemos una ciudad, y también una torre cuya cúspide llegue hasta el cielo, para perpetuar nuestro nombre y no dispersarnos por toda la tierra». Pero el Señor bajó a ver la ciudad y la torre que los hombres estaban construyendo, y dijo: «Si esta es la primera obra que realizan, nada de lo que se propongan hacer les resultará imposible, mientras formen un solo pueblo y todos hablen la misma lengua. Bajemos entonces, y una vez allí, confundamos su lengua, para que ya no se entiendan unos a otros». Así el Señor los dispersó de aquel lugar, diseminándolos por toda la tierra, y ellos dejaron de construir la ciudad. Por eso se llamó Babel allí, en efecto, el Señor confundió la lengua de los hombres y los dispersó por toda la tierra”. (Gen. 11:1-9)

El caso de Babel ¿es una reacción preocupada de Dios por impedir el desarrollo de los hombres? Nosotros más bien estamos convencidos de que se trata de un ejemplo del hombre que se habla a si mismo. No se trató de una academia de idiomas donde cada uno aprendió uno diferente. Más bien nos parece la imagen de ser humano abandonado al diálogo. Al propio proceso permanente de significación y re-significación donde él mismo se convierte, de un riesgo latente a una difícil y dura realidad. Otra opción, a partir del cristianismo será la de transformar el dialogo entre los semejantes en una oración, en un vínculo con el padre. Cristo en la única y verdadera posibilidad de cumplir el planteamiento profético del Señor: “nada de lo que se propongan hacer les resultará imposible, mientras formen un solo pueblo y todos hablen la misma lengua”

 

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[1] Citado por Rufino, S y Arenas, F. (2013). “¿Qué sentido se atribuyó al zoon politikon (ζῷον πολιτικόν) de Aristóteles? Los comentarios medievales y modernos a la Política”, Foro Interno, 13, 91-118, http://dx.doi.org/10.5209/rev_FOIN.2013.v13.43086.

 

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