¿Qué podemos esperar del gobierno de Sheinbaum?

Gerardo Antonio López Hernández

Qué podemos esperar del gobierno de Sheinbaum
El recuento de las primeras decisiones de Claudia Sheinbaum aporta elementos para dilucidar hacia donde nos quiere llevar.

En política, dos de las mayores virtudes de los políticos y gobernantes son prudencia y objetividad.

Era necesario esperar las primeras acciones de gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum para ver el sello que piensa imprimir a su gestión; pero el recuento de sus primeras decisiones aportan elementos para dilucidar hacia donde nos quiere llevar.

Antes de iniciar este análisis es necesario mencionar el contexto en el que llegó a la presidencia Claudia Sheinbaum: destaca la notoria intervención del expresidente en su designación y en su campaña; los ingentes recursos empleados por el gobierno para apoyar las movilizaciones; las decenas de miles de “Servidores de la Nación” que pusieron a andar la maquinaria de movilizaciones y condicionamiento del voto; el inicio anticipado de las campañas y otros apoyos que se brindaron desde los 22 gobiernos estatales que controla Morena.

Respecto de la falacia de que los 35 millones de votos obtenidos les dan el respaldo para llevar a cabo todas las propuestas del expresidente garantizando que sus proyectos emblemáticos continuarían, al igual que otros a los que él la comprometió abiertamente, que como buena alumna Sheinbaum suscribió y se comprometió a darles continuidad durante la gira de despedida de López Obrador.

La presidenta olvida que de los casi 100 millones del padrón electoral sólo el 35% le dan ese supuesto respaldo. La cifra se logró gracias a que Morena movilizó a su favor al 82% del padrón de beneficiarios de los programas sociales a los que condicionó su permanencia a cambio de su voto. Si Morena movilizó un tercio del electorado a su favor, queda claro que dos tercios o no votaron por ella o están en la sombra de la apatía y el desinterés político; que algún día despertarán poniéndonos en la antesala del México bárbaro, con tanta inseguridad que vivimos a diario.

Otra situación notable fue que antes de que tomara posesión, la mitad de su gabinete legal y ampliado le fue impuesto por su mentor. Hay fricciones entre los morenistas entrantes al gobierno los cuales, para integrar a sus equipos de trabajo, le han pedido la renuncia a varios correligionarios. Ante ello, los jefes de facciones afectadas simplemente han dicho que no permitirán afectaciones a sus grupos (cotos de poder). Es decir, tendrán que domar a miembros de grupos ajenos, lo que no se antoja nada fácil.

Al día siguiente que tomó posesión, llevó a cabo una ceremonia de desagravio, en la que a nombre del Estado mexicano pidió perdón a los perseguidos del movimiento del 68; incluida en primer lugar a su madre Annie Pardo Semo, de la cuál se siente muy orgullosa porque recientemente se reveló que la extinta Dirección Federal de Seguridad la tuvo bajo vigilancia durante ocho años por considerarla una comunista activista.

Siguiendo el recuento de las primeras acciones de gobierno: fue muy interesante su firme decisión de destruir la estructura del Poder Judicial. De nada valieron las argumentaciones conciliadoras de los miembros de ese poder, sus movilizaciones respaldadas fuertemente por una buena parte de la ciudadanía.

El Poder Judicial fue infiltrado por el cuatroteísta exministro Arturo Saldívar y por las tres ministras fieles seguidoras de la 4T.

Los chantajes, sobornos y traiciones en la Cámara de Senadores le dieron a Morena la posibilidad de alcanzar la mayoría calificada. Los Yunes y otros, con larga data de corrupción, facilitaron el camino a que los políticos morenistas demostraran que en materia de corrupción que no son iguales, sino peores que los otros.

Con las reformas a la Constitución para hacer inatacables las normas aprobadas por los morenistas, dejan en la indefensión a la ciudadanía y contravienen los acuerdos y convenciones que México ha suscrito internacionalmente, por lo que habrá que esperar la reacción de las instituciones internacionales con las que México ha formalizado los acuerdos. Lo preocupante es que esta aberración ya quedó inscrita de manera indeleble en la historia del país.

En materia de política de seguridad ha respaldado que la Guardia Nacional pertenezca a la SEDENA y las fuerzas armadas seguirán recibiendo miles de millones de pesos y los mandos conservarán sus prebendas.

Es notorio que Omar García Harfush, secretario de Seguridad Pública, uno de los pocos en que confía, ha gestionado ampliar las atribuciones a la investigación de delitos, como “coadyuvante del ministerio público”. Es de esperar que surjan conflictos interinstitucionales con la Fiscalía General de la República y con otras dependencias.

Aunque no ha cancelado la política de “abrazos, no balazos”, las fuerzas armadas en la nuevas prioridades han señalado la detención de generadores de violencia, lo cual se ha traducido en enfrentamientos con el crimen organizado, especialmente en Sinaloa y Guerrero; tiene pendiente de resolver el secuestro del Mayo Zambada, la muerte del exrector de la Universidad de Sinaloa Héctor Cuén Ojeda y sostener a los gobiernos de estos dos estados cuyas relaciones con el crimen organizado son evidentes.

La formación marxista de Claudia Sheinbaum permite tener una visión de lo que quiere para México. Gustavo Petro, presidente de Colombia y exguerrillero la señaló de haber pertenecido a la guerrilla de las FARC; su actitud autoritaria le ha llevado a imponer sus decisiones al domesticado poder legislativo y a los gobiernos estatales morenistas, por lo que han pasado vía fast track los cambios constitucionales impulsados por el ex presidente.

Es previsible que el próximo gobierno de los Estados Unidos de América tenga en cuenta la filiación marxista de la presidenta, lo que podría dificultar la relación con el vecino del norte no será fácil. La declaración del embajador Ken Salazar, el pasado 13 de noviembre, de que …la estrategia de abrazos y no balazos no funcionó… y de que el anterior gobierno no se dejó ayudar en materia de seguridad, habla de que decir que no hay problema, es negar la realidad.

También habrá que considerar lo dicho por Trump: los cárteles son quienes administran México, pueden quitar a un presidente en dos minutos.

La relación podría resultar ríspida si algunas políticas internas que afectan la relación con sus socios comerciales no se moderan; si la justicia en México se pervierte con la elección de jueces, ministros y magistrados a modo.

En la reciente reunión de la presidenta con la Conferencia del Episcopado Mexicano la jerarquía católica le manifestó su abierto descontento con la estrategia de seguridad, que ha costado la vida a varios sacerdotes, el último de ellos en Chiapas, en la gestión de la presidenta.

Por último, hay quienes consideran que la formación marxista de la presidenta indica que es de línea política es dura y que el segundo piso de la cuarta transformación va en serio; que su gobierno tendrá rasgos autoritarios. Ya lo dijo: no nos van a detener. Con esta visión no gobernará para todos los mexicanos.

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