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Inseguridad y descomposición social en México. Desafíos próximos

por | Política

Quién gobierne a México en el período 2024-2030, enfrentará como principal problema la inseguridad y la descomposición del llamado “tejido Social”. Superar estos problemas implicará una tarea de reconstrucción nacional.

Los datos son preocupantes, el número de muertos por hechos violentos conforme la estadística de defunciones registradas (DER) del INEGI y solo con datos del 2019 a julio de 2022 el número de homicidios asciende a 141,357; estimaciones de la organización Statista  agrega por el período faltante de 2022 y lo que va de 2023:  38,000 víctimas adicionales; Statista Research Department  (15 Oct. 2023) señala que de enero de 2006 a septiembre de 2023 contabilizaron 95,900 personas desaparecidas, cifra que incrementaría el número de homicidios.

Por el lado de los representantes de las autoridades civiles y militares, la organización Causa común, en el período del 1 de diciembre de 2018 al 15 de diciembre de 2022, registró 1,818 policías asesinados. La Secretaría de Marina en los últimos 10 años reporta 76 elementos muertos en enfrentamientos armados con miembros del crimen organizado; el ejército reporta 128 militares en lo que va del sexenio de AMLO. El corriente año ha sido el de mayor mortandad para el ejército, al mes de julio alcanzaba una cifra de 41 decesos.

El 20 de noviembre pasado en la ciudad de Ginebra, el “Comité de la ONU sobre desapariciones forzadas”, cita textual: lamentó que persista una situación de desapariciones generalizadas en gran parte del territorio de México y que imperen la impunidad y la revictimización, y criticó que no existan datos confiables sobre desapariciones forzadas. También en esa declaración rechazaron el plan de seguridad del presidente López Obrador.

Otro dato que preocupa es el que aporta el INEGI en su “Encuesta nacional de victimización y percepción sobre seguridad pública” (ENVIPE), período marzo-abril de 2023. En este reporte señala que el 74.6 % de la población mayor de 18 años consideró que vivir en su entidad federativa era inseguro, debido a la delincuencia.

Agrega el INEGI en su resumen de indicadores principales que, en 2022, hay una cifra negra (delitos no denunciados o denunciados que no derivaron en carpeta de investigación) una tasa del 92.4 %. Esto significa una enorme impunidad para castigar a los delincuentes.

Estas cifras de delitos, y no obstante la impunidad ya mencionada, impacta en el número de personas privadas de su libertad; El INEGI en su “Censo penitenciario”, del 18 de julio de 2023, daba una cifra de 226,116 personas encarceladas, que implicaba 2.6 % más que el año previo. En este campo se presenta otro problema estructural del país: el sistema de justicia en México, cuatro de cada diez presos no tienen sentencia.

Estos hechos son el indicador que muestra la gran descomposición social que vivimos. Prácticamente en todas las regiones del país está presente el crimen organizado, que se manifiesta en el cobro de piso para el comercio establecido, secuestros, apropiación de inmuebles, cobros a los agricultores para sacar sus productos (de hecho, les fijan hasta el precio), huachicol, venta y tráfico de drogas en la república y hacia los Estados Unidos que es el principal consumidor; tráfico de personas y trata de blancas. Catálogo de delitos que no son perseguidos porque la gente no denuncia, ya que no la tiene confianza a las autoridades y, sucede con frecuencia, que cuando lo hacen son las propias autoridades quienes informan a los maleantes sobre quienes denunciaron y pagan inclusive con la vida el haberlo hecho. Como ya lo mencionamos, el resultado es el binomio corrupción- impunidad.

El fenómeno de la impunidad es manifiesta, cuando vemos en las noticias como los criminales se pasean por las calles y carreteras, haciendo gala de vehículos, armamento y número de sicarios; de hecho, se han opuesto con éxito en varias ocasiones al ejército, la marina y la Guardia Nacional. Se sabe que hay regiones en que las autoridades simplemente no entran porque no tienen la fuerza para hacerlo o porque también los ha tocado la corrupción.

El impacto social del crimen organizado se ve reflejado en las regiones dónde dominan estos grupos delictivos; muchos de sus habitantes trabajan para ellos, por libre voluntad o son forzados, de lo contrario son desplazados de sus comunidades. Por eso en las noticias vemos con frecuencia como la población sale a protestar cuando es detenido alguno de los jefes de la delincuencia local, y van por delante mujeres y niños. Entonces esta población ha entrado a este juego perverso; familias cuyos hijos son cooptados desde su infancia y juventud por el crimen o bien son inducidos al vicio de las drogas. Este aspecto es lo que podemos calificar como “descomposición del tejido social”. ¿Cuántas personas trabajan para ellos? Seguramente miles. En esas zonas la juventud no tiene porvenir.

La descomposición del tejido social tiene también una faceta muy grave: la subversión de valores y principios. No solo en las clases bajas de escasos recurso se observan la pérdida de éstos, ¿cuántas personas de las clases medias y acomodadas, los privilegiados, tienen por Dios al oro y al poder que genera?  Aspiran a la vida fácil, sin compromiso social; vivimos los tiempos líquidos donde todo es efímero, nada es permanente. De lo que se trata es vivir la vida a plenitud, a toda velocidad.

En el terreno de la política tenemos el mismo fenómeno de corrupción, se cambia de partido a conveniencia, los principios y valores a los que se comprometieron son desechables. Los chapulines están a disposición del mejor postor; aunque después saben que tendrán que pagar plegándose a las instrucciones del líder del partido o camarilla. ¿Cuántas veces hemos visto como estos -dizque representantes populares- están el congreso como simples peones que no le cambian ni una coma a las iniciativas del ejecutivo, o que lo secundan en sus instrucciones delirantes y fuera de la ley?

Si, es triste, México se encuentra en una encrucijada, estamos en el límite de un estado fallido.

Es el momento de revalorar a las instituciones como la familia, la iglesia, el sistema judicial, el escolar. Todos orientados a recuperar principios y valores, a ponerlos en práctica.

De lo contrario la inseguridad y la descomposición social avanzará y sucumbiremos como un pueblo libre. Urge revalorar el respeto a la ley para vivir en paz y en el orden. Debemos emprender una cruzada nacional para salvar a México.

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