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Sistema político mexicano: hegemonía, crisis y regresión

por | Política

¿De dónde proviene el sistema político mexicano y por qué actualmente se afirma que está en un proceso de regresión?

El sistema político mexicano como lo conocemos toma gran parte de sus fundamentos ideológicos de la Guerra de Reforma, a mediados del siglo XIX, y tiene su antecedente más inmediato (formalmente se creó con Calles) en 1910, año en el que Porfirio Díaz renuncia a la presidencia de México, dejando un enorme vacío de poder que rápidamente los distintos grupos políticos de la época trataron de llenar primero de forma pacífica con la elección de Francisco I. Madero y luego por la vía armada a raíz del asesinato de este último.

La lucha por el poder se extendió hasta 1917 cuando el bando Constitucionalista comandado por Venustiano Carranza logra la victoria por encima de los demás grupos, eliminando a sus principales rivales.

Esta situación mantuvo de facto el conflicto que casi en su totalidad finaliza en 1929 a manos de Plutarco Elias Calles, quien inspirado en el fascismo italiano que pregonaba “nada fuera del Estado”, crea el PNR (Partido Nacional Revolucionario), antecedente del PRI (Partido Revolucionario Institucional) y con ello una estructura política de nivel nacional, antes fragmentada ahora unificada y con un acuerdo para el reparto del poder en periodos para cada bando siempre que estuviesen dentro del partido.

La particularidad con la que operaba el PRI confirmó lo que el politólogo italiano Giovanni Sartori definiera como un sistema de tipo hegemónico, donde sí había varios partidos políticos, pero sólo uno tenía acceso real al poder porque dentro de él se agrupaban casi todos los sectores políticamente activos del país.

Para lograr eso el PRI creaba partidos satélites con los cuales la boleta electoral se llenaba de colores, pero al mismo tiempo controlaba al sistema electoral -fuese de papel o fuese en computadora- de tal forma que la victoria del partido de estado siempre estuvo garantizada.

En este contexto técnicamente sólo había un partido político que no emanó del propio sistema, el Partido Acción Nacional, que en el año 2000 se hace de la presidencia de la república que retuvo hasta el año 2012, periodo en el cual no modificó el sistema político prácticamente en nada aunque hubo importantes posibilidades de cambio ya que durante este periodo el poder presidencial se redujo significativamente y permitiendo que se incrementaran el poder e influencia de otros actores, solo que estas posibilidades se diluyeron a partir de 2012 y se agotaron en 2018 con el regreso al poder del ala más radical de los políticos post-revolucionarios.

¿Qué sucedió para que el sistema político resucitara de esa forma pese a los esfuerzos de décadas para reformarlo y pese a sus enormes fracasos a finales del siglo XX?

 

Elementos del sistema político mexicano

Imaginemos al sistema político mexicano como la carpa de un circo en la que todo el poder se concentra en la cúspide de la carpa, ahí todo se sostiene. Esa cúspide es el presidente del país, el gran reclutador como sugiere Roederic Ai Camp, concentrador del poder político y la atención mediática.

La presidencia como componente clave del sistema político mexicano podemos identificar su origen en la época de Benito Juárez, que de una u otra manera en sus casi 15 años al frente del poder político concentró la mayoría de los poderes del bando liberal que fue el bando reconocido como legítimo.

Más abajo en la carpa de circo se encontrarían los gobernadores y el gabinete presidencial. Estos elementos adquieren relevancia en el sistema político gracias a Porfirio Díaz, quien encontró la manera de controlar el sistema mediante reparto de posiciones clave a nivel local, lo que popularmente llamamos el caudillismo.

Los caudillos eran (son) sátrapas locales que a cambio de no ejercer oposición contra el poder presidencial aceptaban (aceptan), cargos públicos de gran relevancia en su localidad o actualmente incluso embajadas; “el gallo quiere máiz” decía don Porfirio.

Más o menos a la misma altura en la carpa se encuentra el poder legislativo cuya presencia clave en el sistema político surge a partir de 1917 con el bando constitucionalista de la Revolución mexicana, año en el que convocan a la Asamblea Constituyente que crea la carta magna aún vigente en México.

En el poder legislativo tanto a nivel federal como a nivel estatal bajo la lógica de la representación popular, el gran reclutador tiene la oportunidad de repartir posiciones de poder a distintos sectores.

El siguiente elemento del sistema político mexicano es el partido de Estado, el gran portero y filtro de entrada a todos los actores, antes el PRI, ahora Morena. Luego tenemos a los sindicatos y al ejército, elementos que fueron incorporados al sistema político durante la presidencia de Lázaro Cárdenas quien -inspirado en el comunismo soviético y siguiendo la línea de Plutarco Elías Calles- logró la concentración máxima de poder político mediante la agrupación de los grandes sectores de la sociedad mexicana en torno no sólo al partido sino de hecho en torno al presidente de la República.

A partir de esa época, las grandes manifestaciones y marchas en eran organizadas por el gobierno, para afianzar la posición y legitimación presidencial. Esta mala práctica que casi se agota en los años 80, está retornando.

 

Crisis del sistema político

Hacia finales de los 70 e inicios de los 80 algunos actores del sistema, en particular el ala de izquierda más radical del PRI pretendió agregar nuevos ingredientes al sistema político, sin éxito: una ideología -el socialismo- un sistema económico centralmente planificado a la usanza socialista e incluso se pretendió que el crimen organizado estuviera controlado desde el poder político nacional.

En la década de los 80 el sistema político mexicano entró en una crisis que se mezcló con la crisis económica; la legitimidad del gobierno y particularmente del gobierno federal, estaba por los suelos.

Aquí el sistema decide hacer una serie de reformas para evitar su desaparición y garantizarle mucho más tiempo al frente del poder político. Para ello se permite que la oposición política empiece a ganar posiciones a nivel municipal y legislativo, es decir, utilizando los propios mecanismos del sistema de reparto de posiciones se permite que la oposición política acceda a una fracción del poder.

La gran diferencia fue que las personas que lograron acceder al poder desde la oposición impulsaron los suficientes cambios y presiones dentro del sistema hasta que en el año 2000 se logra la alternancia partidista en la presidencia de la República y el incremento sustancial de legisladores y presidentes municipales que ya no formaban parte del partido de Estado.

Poco antes, en 1997, el partido de Estado pierde la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, señal inequívoca de que venían más cambios… o al menos así se pensó.

 

Tentativa de regresión

Entre el año 2000 y el año 2014 surgen la mayoría de los organismos autónomos constitucionales que existen en México, las organizaciones de la sociedad civil y las cámaras empresariales reportan un incremento importante en su número y en su capacidad de influencia.

Empiezan a surgir partidos políticos nuevos algunos de ellos todavía vigentes, los gobernadores mayormente pasan de ser subordinados del presidente a actores más relevantes; todavía en ese momento la mayoría de los gobernadores eran del PRI y presentaron una férrea resistencia a las reformas dentro del sistema político.

El fracaso del Partido Acción Nacional -al no reformar el sistema político y al permitir la corrupción en sus filas- se evidenció en la derrota electoral del año 2012 con el regreso del PRI a la presidencia, sexenio en el cual presumiblemente se acordó una transición partidista para entregar el poder político a aquella ala de la izquierda radical que en los años 70 tuvo su auge y ahora regresa con nuevas siglas: Morena.

Este aparentemente nuevo partido político agrupa a quienes en los años setenta y ochenta detentaron el poder político en México y que, de acuerdo con la lógica del reparto de poder consensuado en la Revolución mexicana, “ya les tocaba”, por lo que Morena representa la gran resistencia al cambio en el sistema político. Morena sí es una regresión autoritaria y hegemónica, sin lugar a duda.

La gran ventaja que posee Morena para mantener vivo al sistema viejo es una cultura política centralista que rara vez quita la mirada al presidente, altamente distante pero dependiente del poder, resistente al cambio, fácilmente manipulable ante la necesidad inmediata debido al temor ante la incertidumbre, muy indulgente y una ciudadanía que en general participa solo en aquellos momentos en que las decisiones del sistema le afectan personalmente.

¿Cómo cambiar al sistema político mexicano? La respuesta aunque se dice fácil resulta compleja: entendiendo y cambiando la cultura política.

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