Durante este proceso electoral los ciudadanos hemos recibido un sinfín de mensajes por todas las vías, invitándonos a votar por uno u otro candidato, a elegir una u otra opción, a definir nuestra preferencia y a participar en actos de campaña.
Un tema que permea toda la discusión sobre el proceso es el del porcentaje del electorado que acuda a votar. Se ha hablado mucho de que, a mayor participación, más posibilidad de que la oposición obtenga triunfos.
Esta aseveración se refuerza con los datos de las últimas cuatro elecciones presidenciales, a partir de la alternancia:
2000 – 63.97%, 2006 – 58.55%, 2012 – 63.1%, 2018 – 63.42%
En todos los casos, salvo 2006, el triunfo correspondió al partido o coalición de oposición al partido gobernante, siendo precisamente 2006 -cuando se refrendó al gobierno panista- que el porcentaje de votación fue menor. De ahí la insistencia de partidos y candidatos, sobre todo de oposición, en la necesidad de acudir a votar.
Sin embargo, las elecciones no son atractivas para el ciudadano común, el acto de votar no significa para un gran número de mexicanos un ejercicio ciudadano fundamental. Lo que se decide durante la jornada electoral no parece afectar su vida cotidiana.
Vale la pena reflexionar sobre la razón de esta indiferencia, que se agudiza en los electores jóvenes. Los números de la última elección presidencial en 2018 arrojan un resultado desalentador: solamente el 52.8% de los jóvenes entre 20 a 29 años ejercieron su voto, muy por abajo del promedio de 63.42%.
El voto, sustancial para el mantenimiento de la democracia, es la expresión de la voluntad ciudadana, presupone información, interés, conciencia de su importancia. El voto debe ser consecuencia de una deliberación sobre quién o quiénes deben representarnos y ejercer el poder.
El ejercicio del voto se enmarca en un concepto más amplio que es la participación ciudadana, es decir, del civismo. El ‘cuidado por la ciudad’ –que así podemos definir el civismo– es tarea de todos.
A todos nos favorece contar con alumbrado público adecuado, para todos es benéfico un servicio de limpia eficiente, para todos es agradable la existencia de parques y jardines amigables y cercanos.
A todos nos afectan la proliferación de pandillas y los asaltos, para todos es arriesgado cruzar las calles si no hay señalización adecuada o semáforos. Todos requerimos contar con servicios médicos y educativos de calidad, y también espacios culturales y artísticos.
Y qué decir sobre el ejercicio de las libertades. Expresar nuestras convicciones -individual o colectivamente-, profesar nuestra religión y ejercer el derecho a manifestarnos. Apoyar o disentir de las decisiones que se toman, exigir transparencia en el manejo del presupuesto, vigilar que se utilicen adecuadamente nuestros impuestos, opinar sobre las obras públicas.
Todo lo anterior constituye el bien común, y para llegar a él se requiere que todos, gobierno y sociedad, nos apliquemos en su consecución. De ahí la importancia de que las autoridades y los ciudadanos estén en constante comunicación, y de que sean electas en procesos democráticos con participación mayoritaria. Esto les da legitimidad y las compromete con su electorado.
El voto es el inicio de la participación ciudadana. Una vez elegidas las autoridades o los representantes, hay que dar seguimiento a sus promesas de campaña, participar en la gestión de las políticas públicas, propiciar el diálogo para lograr mejor legislación, ejercer el oficio ciudadano.
Y el voto no es el final de la participación ciudadana. A través de las acciones que se llevan a cabo, de las gestiones exitosas, de los logros a favor de la sociedad, de las exigencias cumplidas, se descubren liderazgos que puede encaminar sus esfuerzos en el servicio a la comunidad accediendo a candidaturas o posiciones de dirección en el servicio público. Desde ahí se pueden perfeccionar los esfuerzos, o modificar el rumbo de las decisiones.
Esta reflexión pretende justificar la importancia del voto en el marco del ejercicio ciudadano responsable. En una sociedad con valores cívicos acendrados el abstencionismo debería ser un factor totalmente secundario. Tenemos como país una asignatura pendiente en este sentido.
Sin embargo, el proceso electoral que estamos viviendo requiere de nuestra participación urgente, por lo que requerimos acudir a los argumentos de emergencia para tratar de convencer a la mayor cantidad de electores de que acudan a votar.
Ofrezco dos paquetes condensados de argumentos para probables electores:
- Las instituciones que tanto nos ha costado construir, que nos han dado estabilidad, que deben ser perfeccionadas, corren el riesgo de desaparecer si gana la opción de la continuidad. Ya el INE y el Tribunal han sido mermados, así como el INAI y el resto de los órganos autónomos.
Este año se elegirá un nuevo ministro de la Corte que acabará con la precaria autonomía de que ahora goza el máximo Tribunal.
Continuará la militarización del país, dejando en manos del Ejército cada vez más actividades propias de los civiles.
Votar por la continuidad es entregarles el país por muchos años más. El sistema como hasta ahora lo conocemos no existirá más para la próxima elección, estaremos atados a ellos.
- Si aspiras a la posibilidad de un crédito para comprar un coche, o un terreno. Si quieres oportunidades de conseguir un buen empleo, si deseas acceder al mundo de la tecnología y de la relación con el mundo. Si te importa el medio ambiente, el cambio climático y la relocalización, no podemos seguir por donde vamos, hay que cambiar.
Si no te conformas con el programa social que te dan cada mes, que te sirve para salir de problemas urgentes, pero no para ‘salir de pobre’. Si eres ‘aspiracionista’ y crees que con oportunidades puedes crecer y alcanzar grandes metas. Si tienes ideas que quieres que sean tomadas en cuenta para mejorar la educación, la economía, la energía, elige el mayor bien posible.
La participación ciudadana es indispensable para que nuestra sociedad se desarrolle. Estamos en momentos cruciales de la patria. Participar es votar. Votar es decidir.
Seamos de los que deciden.
www.ine.mx estadísticas y porcentajes de participación





