El término “Corea del Centro” surge en el ámbito de la crítica política más informal como una metáfora irónica para describir a quienes, en medio de escenarios polarizados, eligen una aparente neutralidad.
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El término “Corea del Centro” surge en el ámbito de la crítica política más informal como una metáfora irónica para describir a quienes, en medio de escenarios polarizados, eligen una aparente neutralidad.
Soñar es un acto político. Es resistirse a aceptar que lo que hay es lo único posible. Es desobedecer sin armas, pero con esperanza.
Cuando parece que el orden social cristiano yace en ruinas y nos reconocemos en el uróboro de la mitología egipcia que se devora a sí mismo, solo Dios nos ofrece la esperanza de ser rescatados de nosotros mismos mediante el don de la paz al que el Papa León XIV recientemente aludió en su primera aparición pública.
La política no es ajena al misterio cristiano. Esta afirmación, que podría parecer provocadora en una cultura secularizada, encuentra una sólida fundamentación en la Doctrina Social de la Iglesia (DSI). Rocco Buttiglione sostiene que “no se puede pensar la política sin una visión de la historia” y que esta debe comprenderse a partir de la presencia de Cristo en la vida de los pueblos
Durante los últimos años se ha criticado (y con justa razón) al progresismo identitario y su tendencia a convertir la ofensa en argumento y profesionalizar la fragilidad y el victimismo, hoy nos encontramos con un fenómeno que, aunque se presenta como su antítesis, reproduce sus métodos y busca los mismos resultados.
El contexto mundial actual de conflictos entre naciones requiere que todos nos involucremos en caminar y construir la paz, iniciando por nuestro propio hogar y familia, y dando testimonio de ello ante la sociedad.
La cultura nos hace humanos; sin ella, seríamos animales (los más desarrollados) pero incapaces de construir nada que hiciera frente a la naturaleza. Seríamos incapaces de trascender en este mundo físico: cada generación estaría condenada a iniciar desde el mismo punto de partida y a alcanzar el mismo nivel de desarrollo, sin capacidad de superarlo.
La cultura es una forma de resistencia: una respuesta creativa frente a los embates del entorno o del poder. Y como tal, es más fuerte cuando nace de la libertad -de la capacidad de elegir el bien mayor posible-y no de la imposición.
Nuestro mundo es una esfera saturada de una belleza que muchas veces dejamos de ver, sumidos en la contemplación de la fealdad con firma humana. Nuestro mundo es paradoja: es fe y razón, razón y voluntad, voluntad y contingencia, contingencia y absoluto, absoluto y relatividad, relatividad y verdad, verdad y Verdad.
La cuestión de la intersubjetividad y la dimensión relacional del ser humano constituye uno de los ejes fundamentales del pensamiento filosófico contemporáneo, especialmente en las corrientes personalistas que han tratado de superar tanto el individualismo moderno como los colectivismos deshumanizadores. En el ámbito de la filosofía española y europea, destacan tres pensadores que han profundizado esta temática con particular rigor y originalidad: Alfonso López Quintás, Pedro Laín Entralgo y Karol Wojtyla.
Las ideologías invierten los valores sociales, pervierten el pensamiento, corrompen el orden social y la identidad de los pueblos. ¿Qué las hace entonces tan encantadoras? Justamente que prometen la felicidad en esta vida al modo de escatologías secularizadas.
«La Abolición del Hombre» (The Abolition of Man) es una obra escrita por C.S. Lewis en 1943 y que sigue vigente en nuestros días. En este ensayo filosófico, Lewis presenta una defensa de los valores morales objetivos frente a lo que él percibe como un creciente relativismo moral y subjetivismo en la educación y la cultura moderna.
La violencia, cuando se vuelve cotidiana, normaliza el sufrimiento y anestesia la empatía. Este fenómeno es una manifestación de deshumanización, donde las víctimas pasan de ser individuos a convertirse en «estadísticas» o «números.»
Es impresionante ver que, en los enredos que trae y que ha generado el oficialismo, pareciera que la Ética no tiene cabida. Se traiciona con cinismo, se sostiene en público una cosa y se hace otra en lo oscurito.
Es preciso un cambio. La política no puede jugarse en el terreno de los dualismos. No podemos mantener las ridículas dicotomías de lo público y lo privado, del gobierno y su oposición, de las derechas y las izquierdas, liberales y conservadores, buenos y malos.
Los siguientes párrafos relativos a la expansión de los Derechos Humanos, el proceso de vaciado de su contenido y la divinización del Estado como garante de la libertad son sorprendentemente correctos, aunque con la necesidad de aclarar que este proceso inició ya con la Revolución Francesa, que se identifica con la supuesta “edad dorada” a la que Milei quiere regresar. Nuevamente, Milei es incapaz de reconocer en su propia ideología la fuente de las desviaciones actuales.
La crítica al postmodernismo ha sido frecuentemente malinterpretada como un ejercicio exclusivo de la derecha, esto es una narrativa simplista que oculta la complejidad del debate teórico contemporáneo.
La honestidad intelectual representa un principio fundamental en el desarrollo del conocimiento y el progreso social. Consiste en la capacidad de examinar ideas, creencias y argumentos con objetividad, rigor y apertura, sin someterse a prejuicios o narrativas preconcebidas.
Los conceptos de entropía y barroco han servido para describir formas contrastantes de interpretar y estructurar la realidad. La entropía, desde una perspectiva científica, se centra en la tendencia natural de los sistemas hacia la uniformidad del desorden. Por su parte, el barroco, como expresión cultural y filosófica, refleja una búsqueda consciente de unidad en la diversidad.
El día 23 de enero de 2025, el presidente de Argentina, Javier Milei, volvió a tomar el micrófono en el Foro Económico Mundial de Davos para predicar nuevamente su mensaje político.
El ser humano, por su naturaleza racional, está intrínsecamente orientado hacia la búsqueda de la verdad. En este camino, dos capacidades fundamentales destacan por su papel en el discernimiento de lo real y lo moral: el sentido común y la sindéresis.