C.S. Lewis y la abolición del hombre

Rafael Funes Torres

C.S. Lewis y la abolición del hombre
"La Abolición del Hombre" (The Abolition of Man) es una obra escrita por C.S. Lewis en 1943 y que sigue vigente en nuestros días. En este ensayo filosófico, Lewis presenta una defensa de los valores morales objetivos frente a lo que él percibe como un creciente relativismo moral y subjetivismo en la educación y la cultura moderna.

La “Abolición del Hombre” de Clive Staples Lewis (C.S. Lewis), obra escrita en la primera mitad del siglo pasado, nos ofrece una crítica casi profética sobre cómo la negación de los valores objetivos nos conduce a la erosión de la humanidad misma.  

La descripción de los “hombres sin pecho” —individuos intelectualmente desarrollados pero carentes de coraje y emocionalmente atrofiados, incapaces de reconocer una verdad moral objetiva— resuena inquietantemente con ciertos aspectos del fenómeno ideológico woke.

En este contexto, el relativismo moral, la subjetividad y las narrativas individuales tienden a prevalecer y celebrarse por encima de cualquier principio o moral universal, rechazando valores tradicionales en el proceso. 

C.S. Lewis nos advertía en su obra sobre los peligros de descartar cualquier forma de moral objetiva. Esta inquietud de Lewis encuentra eco en los movimientos contemporáneos, como aquellos derivados de la ideología woke, que tienden a abandonar los valores más fundamentales y, al hacerlo, socavan la libertad, sometiendo a quienes se adhieren a dichos principios a un condicionamiento ideológico. 

La Abolición del Hombre 

«La Abolición del Hombre» (The Abolition of Man) es una obra escrita por C.S. Lewis en 1943 y que sigue vigente en nuestros días. En este ensayo filosófico, Lewis presenta una defensa de los valores morales objetivos frente a lo que él percibe como un creciente relativismo moral y subjetivismo en la educación y la cultura moderna. 

A través de un profundo análisis filosófico y pedagógico, Lewis sostiene que el rechazo de los valores objetivos y universales conduce a la destrucción misma de la humanidad -he ahí el nombre de su libro-, aunque no alude a una extinción física, sino a una degradación ética: la abolición ocurre cuando el hombre, al descartar los valores objetivos, se reduce a un mero objeto que es manipulado por el poder. 

Lewis comienza su análisis criticando un libro de texto escolar (al que se refiere como «El Libro Verde» y que es en realidad un texto ficticio que representa las tendencias educativas que ve desarrollándose en ese momento histórico), señalando que sus autores, a quienes llama «Gaius y Titius», sutilmente enseñan a los jóvenes estudiantes que los juicios de valor son meramente expresiones subjetivas de sentimientos, no afirmaciones sobre cualidades reales que existen en los objetos. Esta visión, argumenta Lewis, socava la comprensión tradicional de que ciertos valores son universalmente válidos y reconocibles en todas las culturas humanas. 

Estas tendencias cometen un error fundamental al enseñar que los juicios de valor no reflejan realidades objetivas (como llamar “sublime” a un paisaje natural o “malvado” a un acto dañino), sino meramente emociones subjetivas. Para Lewis, esta postura no es simplemente una ingenuidad, sino que socava las bases mismas de la moralidad al negar la existencia de bondades y males reales, y las reduce a simples impresiones personales (relativismo moral); esto resulta en una educación que, en nombre una supuesta neutralidad, omite darles las herramientas suficientes a los alumnos para crear el criterio necesario para distinguir entre lo noble y lo vil. 

El argumento de Lewis se centra en lo que él denomina «el Tao», un término que toma prestado de la filosofía china para referirse al conjunto de principios morales objetivos reconocidos a través de diversas culturas y tradiciones, esto es: la ley moral objetiva y que se presenta en tradiciones filosóficas y religiosas de diversas culturas. Esta moral universal, argumenta, no es una imposición meramente arbitraria, sino una base que permite distinguir entre el bien y el mal, entre lo bello y lo repugnante; y cuando la educación o la cultura falla y enseña que los valores son meras construcciones subjetivas, el hombre pierde su brújula. 

Lewis advierte que el rechazo de la modernidad a una moral objetiva conducirá eventualmente a la «abolición del hombre». Al descartar la existencia de valores objetivos, la educación moderna produce lo que él llama «hombres sin pecho”: individuos carentes de firmeza moral, adoctrinados para desconfiar de cualquier principio  o valores, incapaces de virtud (sin pecho = sin corazón ni carácter); lo que los hace manipulables por quienes sí tengan una agenda moral definida (tanto ideólogos, virtuosos o tiranos), los convierte en seres humanos en quienes el intelecto está desarrollado pero las emociones están atrofiadas, incapaces de integrar razón y sentimiento de manera adecuada. Este desequilibrio, argumenta Lewis, nos hace vulnerables a nuestros impulsos animales por un lado y a la manipulación ideológica por otro. 

La abolición del hombre, nos explica Lewis, no es un acto violento, sino un proceso gradual donde el hombre renuncia a su racionalidad moral. 

Así, Lewis explora las implicaciones más amplias del rechazo de los valores tradicionales, lo que es particularmente preocupante y advierte -casi de forma profética a lo que estamos viviendo hoy- es el intento del humano por la conquista de la naturaleza a través de la tecnología, sin contar con una guía o principios morales objetivos, que nos conducen paradójicamente a nuestra propia esclavitud, pues si los seres humanos somos vistos solamente un producto de las fuerzas naturales y culturales, podemos ser manipulados y condicionados por quienes controlan la tecnología.  

Señala Lewis, que, al renunciar a la racionalidad moral en favor de un supuesto pensamiento meramente científico, los humanos no se vuelven más libres, sino menos humanos y vulnerables a ser controlados. Sin un marco moral objetivo desde el cual juzgar, quedamos a merced de nuestros impulsos y de la manipulación. La conquista final de la naturaleza -dice- se convierte en la conquista de la naturaleza humana por una pequeña élite y desemboca en la conquista de toda la humanidad por sus propios impulsos irracionales. 

La Abolición del Hombre de la que nos advierte Lewis, no es la física, sino la perdida de la esencia humana. 

Es particularmente notable esta visión de C.S. Lewis, pues, aunque era un Cristiano devoto, no basa su argumento en una autoridad religiosa, sino, en su observación de que toda cultura durante la historia ha reconocido alguna moral objetiva fundamental, y su visión trasciende fronteras religiosas y culturales, apelando a la sabiduría humana que es amenazada por el relativismo. 

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