En febrero de 2022, mientras Twitter (hoy X) aún mantenía suspendida la cuenta de Donald Trump, una nueva plataforma intentaba irrumpir en el ecosistema digital con la consigna de recuperar la plaza pública para la libertad de expresión. Truth Social, impulsada por el propio Trump, se presentó como una trinchera para el sector más radical de sus seguidores, quienes se sentían censurados por las élites y grandes conglomerados de las redes sociales.
Esta alternativa, que comenzó presentándose como la nueva plaza de la pluralidad, rápidamente se convirtió en un espacio cerrado, donde la disidencia es casi inexistente y la narrativa dominante gira alrededor de la victimización de ese sector radical del trumpismo y la desacreditación del disenso y de sus adversarios políticos.
Vivimos en una época en la que la fragilidad emocional y la victimización ha dejado de ser una condición real y humana para convertirse en un arma utilizada para proveer de una legitimidad artificial a la visión política de algún grupo. En lugar de construir espacios donde se busque la verdad en medio del desacuerdo, han preferido las trincheras ideológicas desde las que se proclaman heridos.
Ya hemos reflexionado sobre el progresismo identitario y la cultura woke -en su concepción más “tradicional”-, que durante décadas ha monopolizado y profesionalizado el victimismo identitario y la lógica de la ofensa. Pero hoy asoma un fenómeno simétrico: discursos que, desde el polo opuesto, replican este patrón, adoptando la victimización y el identitarismo como estandarte y la censura como escudo.
La derecha “woke”: el reflejo del progresismo.
Si, durante los últimos años se ha criticado (y con justa razón) al progresismo identitario y su tendencia a convertir la ofensa en argumento y profesionalizar la fragilidad y el victimismo, hoy nos encontramos con un fenómeno que, aunque se presenta como su antítesis, reproduce sus métodos y busca los mismos resultados.
James Lindsay, de quien ya hemos hablado en otros artículos (“La Ilusión del Cambio: Foucault y lo Woke”) ha denominado esta tendencia emergente como la “derecha woke”, una expresión que, aunque provocadora, busca evidenciar la simetría entre los discursos que, desde polos ideológicos opuestos, comparten una estructura común: victimización colectiva, tribalismo moral y censura interna. En su ensayo “Woke Right”, publicado en New Discourses (28 de octubre de 2024), Lindsay advierte que:
Ciertos sectores que se presentan como opositores al progresismo han comenzado a adoptar sus mismas tácticas discursivas, reproduciendo una lógica emocional, excluyente y dogmática que antes criticaban.
Estas nuevas sensibilidades no se articulan en torno a la justicia social o a la identidad de género, sino a la defensa de sus valores, identidades nacionales o credos que perciben como perseguidos o amenazados. Desde su perspectiva, cualquier crítica a sus valores es interpretada como un ataque a su existencia, y por lo tanto, su respuesta inmediata es un intento de censura, con la misma lógica de la cancelación: pureza ideológica y emocionalismo, métodos que veíamos casi exclusivos de la izquierda radical.
Así, construyen una narrativa de agravio que convierte a sus grupos como “victimas culturales” de una élite progresista, y con ello justifican la exclusión de voces disidentes dentro de su propio grupo.
Este fenómeno no es meramente retórico. En algunos espacios, se ha traducido en la creación de medios alternativos que operan como cámaras de eco –por ejemplo truth social o plataformas como Infowars de Alex Jones-; también en intentos de censura y desacreditación de quien presenta una visión moderada por no adherirse a la línea oficial, o en la exaltación de figuras autoritarias como garantes de una identidad en peligro.
Como lo señala el periodista Javier Rubio Donzé, “Wokismo de derechas y populismo identitario”, publicado en The Objective (8 de marzo de 2025), esta nueva ola identitaria “explota las lealtades de grupo–nación, etnia, religión, en su cacareada ‘batalla cultural’ contra el ‘establishment’ y lo hace con una intensidad que recuerda el fervor de los movimientos que dice combatir.
Lo mas preocupante de esta simetría no es su contenido ideológico, sino su forma: una estructura discursiva que reemplaza el argumento por la emoción, la deliberación por la lealtad tribal, y la búsqueda de la verdad por la afirmación de una identidad herida.
En ese sentido, la “derecha woke” no representa una alternativa al progresismo radical, sino su reflejo: una reacción que, en lugar de romper un ciclo y oponerse a sus métodos, los replica, imita y perpetua.
Lejos de buscar construir una alternativa sólida frente al discurso identitario progresista, esta nueva ideología emergente parece adoptar una lógica reactiva, emocional y mimética —como ha advertido la analista Ani O’Brien en su artículo This is what the Woke Right is (2024)—.
En lugar de articular una visión de la verdad o una búsqueda del bien común, lo que predomina es una política de mímica: no buscan construir, sino combatir con las mismas armas del adversario. Como lo señala O’Brien, estos sectores no están interesados en el debate racional, sino en ganar la guerra cultural usando las mismas herramientas que la izquierda woke.
A ello se suma una lógica tribal que subordina la búsqueda de la verdad a la lealtad al grupo. Quien disiente, aunque sea desde posturas moderadas, es inmediatamente tachado de débil, tibio o traidor. Así, la fragilidad moral ya no se presenta como una condición que interpela a la reflexión, sino como una herramienta de exclusión. La derecha woke no rompe el ciclo del dogmatismo identitario; simplemente lo invierte y lo perpetúa.
Conclusión
Este fenómeno, con raíces en la cultura política estadounidense, comienza a tener un impacto cada vez más visible en su vida pública, sus debates intelectuales y sus pugnas partidistas. En México, si bien las voces que se adhieren a esta visión todavía son escasas y con una influencia limitada y marginal, su existencia ya es perceptible.
Y al igual que ha ocurrido con la ideología woke y el identitarismo, no hay razón para pensar que sus métodos y posturas no puedan ser fácilmente importadas e imitadas en nuestro entorno político y cultural. Por eso, es importante que estemos atentos no solo a los discursos, sino a las prácticas y hábitos de pensamiento que -bajo apariencia de resistencia o disidencia- terminan por corroer el diálogo, empobrecer el debate y dificultar una vida común basada en el respeto, la razón y la búsqueda compartida del bien.
Referencias:
Lindsay, J. (2024, octubre 28). Woke Right. New Discourses. https://newdiscourses.com/2024/10/what-is-the-woke-right/
Rubio Donzé, J. (2025, marzo 8). Wokismo de derechas y populismo identitario. The Objective. https://theobjective.com/opinion/2025-03-08/wokismo-de-derechas-y-populismo-identitario/
O’Brien, A. (2024). This is what the Woke Right is. Substack. https://aniobrien.substack.com/p/this-is-what-the-woke-right-is





