Lo que parecía ser un gran avance que universalizaba un derecho restringido en el pasado, el derecho a la información, ahora se ha convertido en una amenaza, tanto por los emisores-receptores que utilizan las redes sociales, como por parte de los proveedores de las plataformas que hacen posible la circulación de los mensajes, al erigirse en “autoridades” capaces de controlar lo que circula por las redes.
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