El agotamiento de la modernidad y la «alt right».
Artículos seleccionados sobre esta temática, con enfoque académico y profesional
El agotamiento de la modernidad y la «alt right».
Dicen que la suerte ocurre cuando una oportunidad coincide con la capacidad para aprovecharla; solo en ese sentido puede entenderse el descubrimiento de América como un golpe de suerte. Mientras las discusiones por ponerle nombre al 12 de octubre diluyen el acontecimiento, olvidamos que detrás de 1492 hubo mucha más ciencia, técnica, experiencia marinera y preparación de lo que solemos reconocer.
Hay una escena que se repite en casi cualquier conversación política. Cuando una acusación alcanza a quienes rechazamos, pedimos explicaciones inmediatas, investigaciones y consecuencias. Cuando un señalamiento semejante toca a quienes sentimos más próximos, aparecen la cautela, el contexto y la presunción de inocencia. Esas cautelas son necesarias. El problema comienza cuando solo recordamos su valor de un lado de la discusión.
Dos propuestas recientes han vuelto a poner en duda algo que parecía resuelto: quién puede votar. Una pediría acreditar un conocimiento mínimo del Estado antes de sufragar; la otra sustituiría el voto individual por un voto por hogar, emitido por un solo responsable de la familia. Ambas nacieron en redes y ambas apuntan a problemas reales, como una ciudadanía poco informada y un voto expuesto a la compra y la coacción.
Este artículo es la continuación del desastre que causó la Eugenesia y como esta dio una base “científica” al racismo y ultimadamente a la masacre de los campos de concentración de los nazis.
El término “Corea del Centro” surge en el ámbito de la crítica política más informal como una metáfora irónica para describir a quienes, en medio de escenarios polarizados, eligen una aparente neutralidad.
La censura ha dejado de ser una amenaza latente para convertirse en una realidad cotidiana disfrazada de discurso progresista, especialmente en los gobiernos asociados al Foro de Sao Paulo.
Las ideologías invierten los valores sociales, pervierten el pensamiento, corrompen el orden social y la identidad de los pueblos. ¿Qué las hace entonces tan encantadoras? Justamente que prometen la felicidad en esta vida al modo de escatologías secularizadas.
El 2 de junio de 2024, se va a llevar a cabo la elección presidencial que se ha ganado la narrativa de ser la más compleja y clave de la historia reciente en México.
Muchas personas en el mundo se sienten decepcionadas por los partidos políticos tradicionales, que no han sabido responder a las demandas sociales, económicas y ambientales de la ciudadanía. Los escándalos de corrupción, la polarización ideológica, la falta de diálogo...
Al hablar de las dictaduras, es imposible dejar de señalar el adoctrinamiento y la ideologización que se da a través de la educación pública y, en los países que están en transición hacia este sistema totalitario, la imposición que se hace a la educación privada.
Los gobiernos socialistas de José Luis Rodríguez Zapatero y de Pedro Sánchez han promulgado leyes que pretenden imponer una interpretación del pasado reciente, con fines claramente políticos e ideológicos.
Hoy por hoy, el acento, en materia de Derechos Humanos, parece ponerse en los supuestos “derechos” que postula la ideología de género.
Es momento de organizarnos y atender esta nueva emergencia educativa, dejarlo para después puede ser demasiado tarde.
¿Qué les asegura a los mexicanos que el programa educativo fortalezca los planes y programas para lograr una formación -como lo marca el tercero constitucional- con estricto respeto a la dignidad de la persona humana?