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La filosofía personalista, la opción por el hombre

por | Filosofía

Muchas personas en el mundo se sienten decepcionadas por los partidos políticos tradicionales, que no han sabido responder a las demandas sociales, económicas y ambientales de la ciudadanía. Los escándalos de corrupción, la polarización ideológica, la falta de diálogo y consenso, y la incapacidad para afrontar los retos globales como el cambio climático, la pobreza o la migración, han erosionado la confianza en las instituciones democráticas y en sus representantes.

Ante este panorama, algunos sectores de la sociedad buscan una tercera vía, una alternativa política que supere las divisiones entre izquierda y derecha, que incorpore las voces de los movimientos sociales y ciudadanos, que promueva la participación, la transparencia y la rendición de cuentas, y que ofrezca soluciones innovadoras y pragmáticas a los problemas actuales. Una tercera vía que se base en los valores de la democracia, los derechos humanos, la solidaridad y el desarrollo sostenible.

Una de las fuentes de inspiración para esta tercera vía puede ser la “filosofía personalista”, que pone el énfasis en la persona como un ser relacional, libre, trascendente y con un valor absoluto. La filosofía personalista busca promover la dignidad y la democracia de cada persona, sin reducirla a un individuo aislado o a un miembro de un colectivo. La filosofía personalista se opone tanto al individualismo como al colectivismo, y propone una visión integral del ser humano que tenga en cuenta sus dimensiones físicas, psicológicas, espirituales y sociales.

¿Existe realmente esta tercera vía? ¿Qué características tendría? ¿Qué desafíos enfrentaría? Estas son algunas de las preguntas que se plantean quienes aspiran a una renovación política que recupere la ilusión y el compromiso de la ciudadanía con el proyecto común de construir un mundo mejor.

La filosofía personalista es una corriente de pensamiento que nació en el siglo XX para defender el valor absoluto e irreductible de la persona, frente a las ideologías que la reducían a un mero individuo o a un elemento de un colectivo. La persona, según el personalismo, es un ser relacional, libre, trascendente y moral.

La filosofía personalista surge en un momento histórico y cultural de gran polarización ideológica, en el que se enfrentaban visiones opuestas y excluyentes del hombre y la sociedad. El cientificismo, el positivismo, el capitalismo, el marxismo, el nazismo y el fascismo eran algunas de las corrientes que negaban o limitaban la dignidad, la subjetividad, la libertad y la responsabilidad de la persona humana. Frente a ellas, surgieron diversos pensadores que buscaron recuperar la noción de persona como categoría central de la antropología y la ética.

Los principales exponentes de la filosofía personalista fueron Emmanuel Mounier (1905-1950), fundador de la revista Esprit y líder del movimiento personalista francés; Jacques Maritain (1882-1973), filósofo tomista que defendió los derechos humanos y la democracia cristiana; Gabriel Marcel (1889-1973), filósofo existencialista y dramaturgo que reflexionó sobre el misterio del ser y la intersubjetividad; Maurice Nédoncelle (1905-1976), filósofo fenomenológico que desarrolló una ontología relacional de la persona; Borden Parker Bowne (1847-1910), filósofo estadounidense que se consideró el primer personalista; Max Scheler (1874-1928), filósofo fenomenológico que elaboró una ética del valor y una antropología espiritualista; Dietrich von Hildebrand (1889-1977), filósofo realista que destacó el papel de la afectividad y el amor en la vida moral; Edith Stein (1891-1942), filósofa y mártir que profundizó en la estructura ontológica y psicológica de la persona; Romano Guardini (1885-1968), teólogo y pedagogo que propuso una visión integral del hombre y su relación con Dios, el mundo y los demás; Martin Buber (1878-1965), filósofo judío que formuló una filosofía del diálogo basada en el encuentro yo-tú; Ferdinand Ebner (1882-1931), filósofo austriaco que también defendió el carácter dialógico de la existencia humana; Franz Rosenzweig (1886-1929), filósofo judío que planteó una concepción trinitaria de la realidad como relación entre Dios, el hombre y el mundo; Emmanuel Lévinas (1906-1995), filósofo judío que enfatizó la alteridad radical del otro como fuente de la ética; Karol Wojtyla (1920-2005), futuro papa Juan Pablo II, líder de la Escuela de Lublin y autor de una antropología personalista basada en la experiencia del sujeto y en la teología del cuerpo; entre otros.

Los principios de la filosofía personalista se pueden resumir en los siguientes: 1) La persona es un ser único e irrepetible, dotado de inteligencia, voluntad, libertad y conciencia. 2) La persona es un ser relacional, que se realiza en el encuentro con los demás, con el mundo y con Dios. 3) La persona es un ser trascendente, que supera las determinaciones materiales, biológicas, sociales e históricas. 4) La persona es un ser moral, capaz de obrar según su propia ley interior y según los valores objetivos. 5) La persona es un ser con dignidad absoluta e inviolable, que no puede ser tratada como un medio o como un objeto.

La aplicación de la filosofía personalista en la política se basa en el reconocimiento y la promoción de los derechos humanos, la democracia participativa, el bien común, la subsidiariedad, la solidaridad, el pluralismo, la paz y la justicia social.

El personalismo político se opone tanto al individualismo liberal como al colectivismo totalitario, y propone una visión comunitaria y humanista de la sociedad. El personalismo político también implica una crítica al personalismo en el sentido de la adhesión a una persona y a sus ideas, más que a una ideología o a un proyecto colectivo.

El personalismo político rechaza el culto a la personalidad, el autoritarismo, el caudillismo y el populismo, y defiende el liderazgo ético, el diálogo, la participación y la representación de los ciudadanos.

La filosofía personalista ofrece una visión integral y equilibrada del ser humano y de su destino, que puede iluminar las cuestiones más acuciantes de nuestro tiempo. Entre ellas, podemos mencionar la defensa de la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural; el respeto a la dignidad de cada persona sin distinción de raza, sexo, edad o condición; la promoción de una cultura del encuentro que supere las divisiones y los conflictos; el cuidado de la casa común que es nuestro planeta; la búsqueda de un desarrollo humano auténtico que no se reduzca al mero crecimiento económico; la participación activa y responsable de los ciudadanos en la vida pública; y el diálogo intercultural e interreligioso que favorezca la comprensión mutua y la paz.

La filosofía personalista es, por tanto, una propuesta esperanzadora y transformadora que invita a cada persona a descubrir su vocación y su misión en el mundo.

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Autor

  • Rafael Funes Díaz

    Licenciado en administración con especialidad en economía, colabora como coordinador de la unidad estado de México de la UVAQ. Es el facilitador para el Plan de gobierno abierto del Estado de México.