A cien años de la Cristiada, México debe mirar su historia religiosa como una advertencia: cuando el Estado convierte la laicidad en instrumento de control, despojo y censura, deja de proteger la libertad y comienza a gobernar la conciencia.
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A cien años de la Cristiada, México debe mirar su historia religiosa como una advertencia: cuando el Estado convierte la laicidad en instrumento de control, despojo y censura, deja de proteger la libertad y comienza a gobernar la conciencia.
La libertad religiosa no es solo un derecho humano fundamental de carácter multidimensional, sino el reflejo de la unión consciente entre lo finito del ser humano y lo infinito de lo divino. A un siglo de la Guerra Cristera, y frente a los retos de un mundo secularizado e hiperacelerado, la memoria histórica nos convoca a no olvidar las vulneraciones del pasado y a defender la libertad de conciencia como el criterio decisivo para la construcción de sociedades plurales, pacíficas y orientadas al bien común.
Según la Lista Mundial de Persecución, en la actualidad hay 46 países en los que la persecución religiosa es alta, muy alta o extrema. África y Medio Oriente destacan, pero también hay casos preocupantes en América.
Parece que la diferencia en la cobertura periodística entre esos eventos radica en solo difundir eventos que se pueden usar como bandera política que apoye la ideología fundamental de agrupaciones como «Black Lives Matter».
Al conmemorar el 108 aniversario de la UNPF y acercándonos al centenario de la Guerra Cristera, en esta tierra mexicana que ha dado tantos mártires, rendimos un humilde homenaje a quienes, perteneciendo a esta noble institución, inscribieron sus nombres en la historia celestial. Los recordamos y oramos por ellos en la tierra, pidiendo su intercesión por nuestro México. Su lucha por la libertad religiosa, un derecho fundamental que hoy, como ayer, exige nuestra vigilancia y defensa, es un faro que ilumina nuestro deber y nuestro derecho.
El Beato Anacleto González Flores (1888–1927) es una figura clave en la historia de la Iglesia en México y un ejemplo inspirador para los laicos comprometidos con la defensa de la fe, la justicia y la libertad religiosa.
El complemento natural y necesario del Estado laico es el reconocimiento y protección jurídica de la libertad religiosa de los ciudadanos, de modo que cada uno tenga la libertad de elegir y seguir la religión que prefiera o no elegir ninguna.
Gracias a Jean Meyer en México se dio a conocer un capítulo obscuro de nuestra historia que había pasado desapercibido por el ocultamiento que el gobierno había hecho de él, cuando éste inició una persecución en contra de la Iglesia, a la que le quiso coartar sus derechos y libertades. Este capítulo de martirio lo escribe el pueblo en la defensa de la libertad religiosa.
Hay que hablar y hacerlo con toda valentía, claridad y verdad, y difundir el mensaje por todos los medios posibles como los que se obtienen de las TICs.
De prosperar este nuevo proyecto en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, se afectaría sin duda la libertad religiosa, la laicidad positiva del Estado y se generarían conflictos con la cultura y la religiosidad popular en una nación como lo es México
Al comenzar el Tercer Milenio muchas voces anunciaban el fin de los conflictos armados, una bonanza universal, la tolerancia y la no discriminación; sin embargo, la realidad de hoy es totalmente diferente.
Hasta donde hemos llegado con el llamado derecho al libre desarrollo de la personalidad, para que se pretenda coaccionar desde el Estado y en la legislación, a toda la sociedad a tratar a una persona como ésta se autoperciba, con independencia de su realidad ontológica, de su naturaleza, de su ser.
Desde hace diez años, el OLRC publica el “Informe de ataques a la libertad religiosa en España”, que es utilizado como fuente tanto para otros reputados informes sobre la situación de la libertad religiosa en el mundo, como el que elabora el Departamento de Estado de Estados Unidos. Los datos de este año muestran que los ataques a la libertad religiosa en España han aumentado un 37% en 2020.
Los seguidores de la Ilustración han arrinconado el pensamiento metafísico y negado “el mundo de la idea”, el mundo del espíritu, lo sobrenatural, el lado superior de los seres humanos, para reducir a los hombres en solo un avanzado producto de la evolución y nada más.
Se está promoviendo, como en su momento lo hiciera el comunismo y el nazismo, una imposición ideológica que, ahora sí, implantaría un pensamiento único, recientemente configurado y sin fundamentos antropológicos, filosóficos o de cualquier otra naturaleza. Se trata de un acoso mediante el cual se pretende arrinconar a quienes no se plieguen a ciertos dictados.