Cultura de la victimización: Cuando ser víctima se convierte en identidad

Rafael Funes Torres

Cultura de la victimización: cuando ser víctima se convierte en identidad
Este artículo describe tres conceptos centrales que Gad Saad desarrolla en el quinto capítulo de su libro The Parasitic Mind: How Infectious Ideas Are Killing Common Sense (2020): la homeostasis de la victimología, el Munchausen Colectivo y su instrumentalización retórica, y la consecuencia lógica e identitaria que el propio Saad resume en la fórmula "soy víctima, luego existo", ligada a la lógica que él describe como que "todos los caminos conducen al fanatismo".

Introducción

En él muestra cómo estos tres conceptos forman un andamiaje progresivo dentro de su argumento, un mecanismo estructural que exige mantener constante el nivel de agravio percibido, una herramienta retórica que explota o fabrica la victimización para silenciar el desacuerdo, y una conclusión identitaria que convierte el estatus de víctima en el fundamento mismo del yo. Se ilustra el argumento con el caso del actor Jussie Smollett (2019), ejemplo que permite visualizar con claridad el funcionamiento práctico de estos mecanismos tal como los plantea Saad.

En el capítulo quinto de The Parasitic Mind, Gad Saad, profesor de la Escuela de Negocios John Molson de la Universidad Concordia y autor de la teoría de la mente parasitaria, extiende su marco biológico-evolutivo hacia uno de los fenómenos culturales que considera más corrosivos para el debate racional, la conversión del estatus de víctima en una moneda de cambio social, moral e incluso identitaria.

Este capítulo compara la propagación de ciertas ideologías con la de un virus, explicando que, así como un patógeno biológico modifica el comportamiento de su huésped para maximizar su propia transmisión, la cultura de la victimización desarrolla mecanismos que garantizan su propia perpetuación, independientemente de que existan o no razones objetivas para sostenerla y desarrolla tres conceptos clave para entender este fenómeno.

La Homeostasis de la Victimología

El primer concepto es una analogía tomada directamente de la fisiología. La homeostasis es, en biología, el mecanismo de retroalimentación negativa mediante el cual un organismo mantiene constantes ciertas variables internas (temperatura corporal, niveles de glucosa, presión sanguínea) pese a los cambios en su entorno. Saad traslada esa lógica al terreno ideológico: propone que ciertos grupos e instituciones desarrollan un interés estructural en mantener constante el nivel de «agravio» o de «odio» percibido en la sociedad, con independencia de que la incidencia real de discriminación aumente o disminuya.

La consecuencia directa de este mecanismo es lo que el propio Saad, retomando literatura previa sobre psicología social, conecta con el fenómeno del concept creep o «expansión conceptual», a medida que los casos genuinos de injusticia disminuyen, la definición de lo que cuenta como daño se ensancha para llenar el vacío.

Lo que antes se consideraba una broma de mal gusto pasa a calificarse de violencia; lo que antes era un desacuerdo académico pasa a calificarse de agresión y, en los casos más extremos, cuando ni siquiera la expansión conceptual basta, Saad sostiene que se fabrican directamente incidentes de odio inexistentes, apoyándose en el trabajo del politólogo Wilfred Reilly, quien ha documentado varios de estos casos en Estados Unidos.

El Munchausen Colectivo y su instrumentalización

Sobre esta base estructural, Saad introduce un segundo concepto de corte más clínico: el Munchausen Colectivo (Collective Munchausen), término que fusiona dos síndromes psiquiátricos reales.

El síndrome de Munchausen consiste en fingir o inducirse una enfermedad para obtener atención y cuidado; el síndrome de Munchausen por poderes consiste en inducir o fingir una enfermedad en un tercero —típicamente un dependiente— para obtener esa misma atención por procuración.

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Saad traslada esta lógica clínica al plano cultural y político. El Munchausen Colectivo describe a individuos o colectivos que fingen o exageran su propia victimización (la variante clásica), o que insisten en presentar a terceros como víctimas, incluso cuando esos terceros no se perciben a sí mismos de ese modo, con el fin de obtener capital moral, atención mediática o legitimidad política (la variante por poderes).

Entre los ejemplos que Saad discute en esta sección se encuentran reacciones de indignación selectiva ante ciertos hechos políticos y controversias en torno a la apropiación cultural de vestimenta o gastronomía.

La instrumentalización de este concepto ocurre cuando la narrativa de victimización deja de ser un simple mecanismo psicológico individual y se convierte en una herramienta retórica activa, y comienza a acusar a un interlocutor de causar daño, aunque ese daño sea inventado, exagerado o desproporcionado y funciona como un arma que cierra el debate de antemano, porque cuestionar la narrativa de victimización se reinterpreta automáticamente como una nueva agresión hacia quien la enarbola, así logra que el desacuerdo deje de evaluarse por sus méritos argumentativos y pasa a evaluarse por la identidad de quien lo formula.

El Incidente de Jussie Smollett (2019)

Para ilustrar cómo operan conjuntamente estos dos mecanismos, resulta útil el caso del actor estadounidense Jussie Smollett, ampliamente documentado en medios y en el propio proceso judicial que lo siguió.

El caso de Jussie Smollett comenzó el 29 de enero de 2019, cuando el actor reportó a la policía de Chicago haber sido atacado alrededor de las 2 de la madrugada. Según su relato, dos hombres lo agredieron mientras gritaban insultos racistas y homofóbicos, le arrojaron una sustancia desconocida y le colocaron una soga alrededor del cuello, además de hacer referencia a un eslogan político.

El caso generó una ola inmediata de solidaridad pública por parte de figuras políticas, celebridades y medios de comunicación que condenaron el ataque como evidencia del clima de intolerancia en aquel país, antes de que existiera ninguna investigación independiente que confirmara los hechos.

Posteriormente los detectives identificaron a dos hermanos, Ola y Abimbola Osundairo, como los supuestos agresores, quienes declararon que Smollett les había pagado para escenificar el ataque contra sí mismo. En marzo de 2019 los cargos originales fueron retirados sin explicación detallada por parte de la fiscalía, lo que generó una fuerte controversia pública; poco después, un fiscal especial reabrió el caso y en 2020 presentó nuevos cargos.

Tras un juicio celebrado a fines de 2021, un jurado declaró a Smollett culpable de cinco de seis cargos de conducta desordenada por presentar un reporte falso ante la policía, y en marzo de 2022 fue sentenciado a 150 días de cárcel, libertad condicional y el pago de más de 120 mil dólares en restitución por los costos de la investigación.

El caso funciona como una ilustración clara de cómo operan conjuntamente los conceptos de Saad; primero, la rapidez con que el incidente fue aceptado sin escrutinio adicional refleja la homeostasis de la victimología, es decir, la necesidad social de que existan agravios que confirmen una narrativa preexistente sobre la intolerancia; segundo, la fabricación misma del incidente por parte del propio afectado para, según la fiscalía, mejorar su posición contractual y su perfil público, ejemplifica la variante clásica del Munchausen Colectivo, mientras que la validación institucional casi automática por parte de medios y figuras públicas ilustra su variante por poderes.

«Soy Víctima, Luego Existo»

En la idea de Gad Saad esto lleva a una conclusión de carácter epistemológico e identitario: si existe un mecanismo estructural que exige mantener constante el nivel de agravio percibido (la homeostasis de la victimología), y si además existe una herramienta retórica que permite fabricar o explotar la victimización para blindar cualquier narrativa frente a la crítica (el Munchausen Colectivo weaponizado), el resultado es un sistema que se vuelve, en la práctica, infalsable, pues prácticamente cualquier hecho, comentario o dato puede reinterpretarse como una nueva evidencia de prejuicio, y cualquier intento de refutación se lee como la confirmación misma del prejuicio que se pretende refutar.

Esta es la lógica que Saad describe como una estructura de pensamiento que, al no admitir ninguna evidencia en contra, funciona más como un dogma que como una hipótesis abierta a revisión.

El término, «soy víctima, luego existo», parafraseando deliberadamente el cogito cartesiano, describe Gad Saad la culminación identitaria de todo el proceso, pues sostiene que, en ciertos círculos, el estatus de víctima ha dejado de ser la descripción de una experiencia concreta de injusticia para convertirse en el fundamento mismo de la identidad y del valor moral de la persona.

Así, quien logra presentarse exitosamente como víctima no solo obtiene atención o simpatía puntual, sino una forma de autoridad epistémica ya que la presunción de que su experiencia le otorga una comprensión privilegiada e incuestionable sobre el tema en disputa, lo que él describe metafóricamente como tener «una mano ganadora» en un juego de naipes de la victimización.

Conclusión

Los conceptos revisados forman una secuencia argumentativa coherente dentro del capítulo quinto de The Parasitic Mind. Primero, un mecanismo estructural explica por qué el nivel de agravio percibido no disminuye, aunque la injusticia real sí lo haga; segundo, un mecanismo retórico que explica cómo esa necesidad estructural se traduce en la fabricación o explotación activa de narrativas de victimización; tercero, la consecuencia final es un sistema cerrado e infalsable en el que el estatus de víctima se convierte en el fundamento último tanto del argumento como de la identidad de quien lo esgrime.

El caso Smollett ofrece una ilustración concreta de cómo estos mecanismos pueden operar en la práctica a través de un incidente fabricado que fue aceptado casi de inmediato por su coherencia con una narrativa previa, y que solo tras una investigación posterior se reveló como una construcción deliberada de victimización.

 


Referencias:

Saad, G. (2020). The Parasitic Mind: How Infectious Ideas Are Killing Common Sense. Regnery Publishing.

Cita este artículo

Funes Torres, R., (2026, septiembre 16). Cultura de la victimización: Cuando ser víctima se convierte en identidad. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/cultura-de-la-victimizacion-cuando-ser-victima-se-convierte-en-identidad/

 

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