La travesía de Waite Phillips

Rodolfo Quilantán Arenas

La travesía de Waite Phillips
Uno de los espacios culturales más notables de Oklahoma es el Philbrook Museum of Art, en Tulsa, un lugar al que he regresado varias veces y que siempre ofrece nuevos motivos de admiración. Sus colecciones, arquitectura, jardines y la calidad de sus exposiciones temporales continúan sorprendiéndome.

En 2022, el museo se preparaba para inaugurar una extraordinaria exposición dedicada a Frida Kahlo y Diego Rivera cuando recibí instrucciones para trasladarme del Consulado de México en Little Rock, Arkansas, a la Embajada de México en Singapur. No pude asistir, aunque seguí con interés un acontecimiento que marcaría la primera exhibición de obras de ambos artistas en Tulsa.

La muestra, titulada Frida Kahlo, Diego Rivera, and the Mexican Modernism, reunió siete autorretratos de Frida –entre ellos Diego en mi mente y Autorretrato con monos–, Los Girasoles de Rivera, así como obras de Rivera, María Izquierdo, Rufino Tamayo, Lola Álvarez Bravo y Gunther Gerzso. Como complemento, los jardines del Philbrook evocaron la Casa Azul de Coyoacán con especies vegetales mexicanas, recreando para los visitantes el universo íntimo de Frida.

El museo promovió la exhibición como una de las principales atracciones culturales de la región, describiéndola como “un acontecimiento único en la vida”.

Sin embargo, tan fascinante como aquella exposición es la historia del hombre que donó el Philbrook a la ciudad de Tulsa para convertirlo en museo.

Durante una de mis visitas adquirí Beyond the Hills: The Journey of Waite Phillips, de Michael Wallis, una de las lecturas más memorables de mi estancia en Oklahoma. El libro relata la vida de Waite Phillips: empresario, petrolero, ganadero y filántropo cuya influencia permanece profundamente ligada a la historia del estado.

Waite Phillips y su hermano gemelo idéntico, Wiate, nacieron en Iowa el 19 de enero de 1883, en el seno de una familia metodista marcada por una sólida ética del trabajo y del servicio.

Como sus hermanos mayores, Frank y L. E., futuros fundadores de Phillips Petroleum Company en Bartlesville, Oklahoma, sentían una irresistible atracción por el mundo que se extendía más allá de las colinas que rodeaban la granja familiar.

Aquella inquietud coincidía con una época en que millones de estadounidenses seguían fascinados por la expansión hacia el Oeste, alimentada por acontecimientos como la compra de Luisiana en 1803, el Tratado Guadalupe-Hidalgo con México en 1848, la fiebre del oro de California el mismo año, el ferrocarril transcontinental en 1869 y la apertura de Oklahoma en 1889.

En octubre de 1899, con apenas dieciséis años, los gemelos abandonaron el hogar para recorrer el Oeste y el Medio Oeste estadounidenses, las tierras de las Naciones Indias y el sur de Canadá.

Durante casi tres años sobrevivieron desempeñando toda clase de trabajos: construcción, agricultura, hotelería, minería, ferrocarriles, tala de bosques, pesca e incluso comercio de pieles.

La aventura terminó abruptamente en Spokane, Washington, el 16 de julio de 1902, cuando Wiate murió de apendicitis aguda. La pérdida marcó para siempre a Waite, que había perdido no sólo a su hermano gemelo, sino también a su compañero inseparable de viaje. La pérdida fue devastadora. Waite sintió que una parte de sí mismo había desaparecido para siempre.

De regreso en Iowa trabajó en una tienda de comestibles en Gravity, donde residían sus padres, y más tarde estudió contaduría en Shenandoah. Aquella sería toda su educación formal. Sus hermanos comenzaron entonces a interesarse por su futuro y vislumbraron en él un valioso colaborador para sus crecientes negocios.

Tras desempeñar diversos empleos en Iowa, Missouri, Oklahoma e Illinois, Waite aceptó en 1906 la invitación de Frank para incorporarse a las empresas familiares en Bartlesville, donde la familia Phillips construía una creciente red de inversiones petroleras, bancarias e inmobiliarias.

Antes de comenzar, Frank le ofreció un consejo que jamás olvidaría: “Aprenderás un nuevo oficio y ascenderás hasta los peldaños más altos, siempre que empieces desde abajo y permanezcas cerca de tu trabajo”. Waite siguió la recomendación al pie de la letra. Vivió en los propios campos petroleros donde trabajaba día y noche durante seis días y medio a la semana. Solo los domingos regresaba a Bartlesville para disfrutar un baño caliente, ropa limpia y una cena abundante.

Sus jornadas era agotadoras, pero aprendió cada aspecto del negocio. Su disciplina y capacidad de adaptación le permitieron ascender rápidamente e invertir en las compañías familiares. A los veintitrés años había encontrado finalmente una vocación.

En pocos años se convirtió en una figura clave dentro de los negocios de los Phillips. Mientras Frank y L. E. dirigían cada vez más su atención hacia la banca, Waite seguía convencido de que el futuro estaba en la exploración petrolera.

Convencido de que las oportunidades debían extenderse a toda la familia, persuadió a sus hermanos para incorporar también a Fred, el hermano menor, que aún vivía en Gravity. La propuesta fue aceptada y, para 1908, los cinco hermanos Phillips participaban en algunas de las concesiones petroleras más importantes de la Nación Osage, en el noreste de Oklahoma.

Al concluir la primera década del siglo XX, Waite había perfeccionado sus capacidades de gestión y adquirido una valiosa experiencia en los campos petroleros. Mientras la exploración se expandía hacia Oklahoma, Kansas y Texas, recomendó a Frank adquirir nuevas concesiones. Sin embargo, su hermano prefirió limitar las operaciones en Tulsa y concentrarse cada vez más en los negocios financieros.

Para 1912, Frank y L. E. contemplaban incluso abandonar el petróleo para dedicarse de lleno a la banca. Planeaban vender sus intereses petroleros y trasladarse a Kansas City con el propósito de consolidar un imperio financiero.

Waite no compartía aquella perspectiva. Percibía que Frank comenzaba a pensar más como banquero que como explorador petrolero. Él, en cambio, seguía cautivado por la búsqueda de nuevos yacimientos. Mientras existiera una sola posibilidad de descubrimiento, no tenía intención alguna de abandonar el campo.

Durante 1912 y 1913 continuó administrando con lealtad los intereses de sus hermanos. Sin embargo, la divergencia entre ambos terminó por hacerse irreconciliable. En mayo de 1914 decidió independizarse. Comprendió que debía tomar las riendas de su propio destino.

Comunicó a Frank y a L. E. su intención de emprender nuevas aventuras en el sector petrolero y les ofreció venderles las participaciones que poseía en once compañías petroleras. Aunque intentaron convencerlo de permanecer a su lado, terminaron aceptando. En ese momento, la fortuna personal de Waite ascendía a veinticinco mil dólares.

En la primavera de 1914, mientras oscuros nubarrones comenzaban a acumularse sobre Europa, Waite, Genevieve y su pequeña hija Helen Jane abandonaron Bartlesville.

Una vez más, Waite se encontraba en movimiento, que era quizá su estado natural. Necesitaba distancia para reflexionar sobre el futuro y medir los riesgos de las oportunidades que se abrían ante él. Su naturaleza indómita y espíritu emprendedor permanecían intactos; sus aspiraciones, lejos de apagarse, ardían con renovada intensidad. Tenía treinta y un años, una familia feliz y buena salud.

Sin embargo, según confesó a Genevieve, aún le faltaba algo esencial para sentirse completo: la presencia de Wiate, el hermano gemelo cuya ausencia nunca había dejado de acompañarlo.

Continuará…

Cita este artículo

Quilantán Arenas, R., (2026, julio 25). La travesía de Waite Phillips. Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/la-travesia-de-waite-phillips/

 

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