Las últimas encuestas sobre las preferencias electorales a las alternativas políticas en el estado de Sinaloa (México) son demoledoras y coincidentes: 46% reconocen a Morena como opción, 14% al PAN y 11% al PRI.
La pregunta inmediata es cómo es posible que la gente siga respondiendo las encuestas en favor de Morena, frente al gobierno y las idas y venidas de Rubén Rocha Moya; la violencia por el enfrentamiento entre los seguidores del Chapo Guzmán y los del Mayo Zambada; el número de muertos habidos en los últimos años; la baja inversión de la iniciativa privada y falta de empleo; el clima de inseguridad para las familias; las amenazas y extorsiones y el impacto directo que todo esto ha tenido en el turismo, actividad básica para los sinaloenses.
Los estudios sociológicos y políticos, así como las explicaciones de los analistas son muy diversas y van desde el miedo, hasta la cooptación a través de prebendas o del involucramiento de familiares o cercanos en el crimen organizado.
Sin embargo, aparece el dilema clásico en la ciencia política y la psicología electoral:
El electorado tiende a rechazar el vacío. La frase «nadie vota por la nada» refleja la ventaja natural de la oficialidad ante la ausencia de una oposición sólida y visible.
Parecería claro el sesgo del statu quo y la aversión a la incertidumbre: En psicología del voto, «más vale malo conocido que bueno por conocer» no es solo un refrán, es una respuesta a la decisión. Si un ciudadano no está conforme con el gobierno actual, pero percibe que la alternativa es fragmentada, invisible o caótica, suele optar por mantener lo existente o responder las encuestas con la opción predominante.
Hay que partir de la base que las encuestas no miden amor absoluto al gobierno, sino falta de alternativas viables en ese momento.
Cuando las encuestadoras preguntan «¿Por quién votaría si hoy fueran las elecciones?», la mente del encuestado busca el estímulo más presente y estructurado. El partido en el poder mantiene presencia constante, presupuestos operativos y narrativa diaria. Si la oposición no encarna una figura o propuesta clara, el cerebro registra esa falta de opción como un espacio vacío («la nada»), y la respuesta por defecto vuelve a ser el oficialismo.
Lo cierto es que el descontento ciudadano no se traduce automáticamente en apoyo a la oposición.
Si el rechazo al gobierno es del 40%, pero ese porcentaje se divide entre cinco partidos opositores o se refugia en la indecisión, el partido gobernante seguirá encabezando las preferencias individuales de las encuestas con márgenes cómodos.
Lo que dicen los números en las encuestas
Cuando se analiza a fondo una encuesta política con este fenómeno presente, destacan algunos indicadores clave:
La paradoja del cambio político
Esta inercia se rompe únicamente bajo dos escenarios:
1. La aparición de una alternativa aglutinadora: Un candidato o movimiento consolida el rechazo disperso y ofrece una «forma» concreta a la oposición, llenando el vacío.
2. El punto de quiebre (Voto Castigo): Cuando el deterioro socioeconómico o político supera el miedo a la incertidumbre, la ciudadanía prefiere arriesgarse por «la nada» o el cambio a ciegas antes que permitir la continuidad.
Muy cercano aún tenemos el comportamiento del electorado durante el régimen priista de la “dictadura perfecta”.
La movilización que llevaba a cabo la CTM y el oficialismo sindical, el comportamiento del sector agrario a través de la CNC o los burócratas y sectores populares mediante la CNOP, en la práctica imponían un piso al número de votos que podía atraer alguno de los candidatos.
Y si los órganos electorales están en manos del gobierno en turno presenciamos el juego redondo.
Justo en ese tiempo, la alternativa que tenía el elector al llegar a la urna era votar por quien más confianza le despertaba y, al mismo tiempo, constituía una protesta de cara a las opciones presentes y al juego electoral del gobierno en turno.
Así que, en innumerables ocasiones, miles de boletas tenían el nombre de “Cantinflas” como opción y protesta.
Lo cierto es que hoy, generacionalmente Mario Moreno ya no representa un personaje vigente y alternativo para la farsa electoral.
De esta forma, el hecho de que Cantinflas haya muerto como alternativa contundente es una triste realidad, que no han podido ocupar “El Santo” o el “Chapulín Colorado”.
No hay duda de que el balón está en la cancha de la oposición para despertar el entusiasmo que en su momento generaron Vicente Fox, el Maquío Clouthier o Cuauhtémoc Cárdenas.
En tanto no surja una alternativa así, el ciudadano buscará escapar del vacío de poder en sus respuestas y refugiarse en que continúe grupo político en turno, por más negativo o falta de consenso que genere.
Y ahí, el resultado de las encuestas podrá ser tan volátil e incomprensible frente a la realidad que se vive, por más adversa que pareciera.
Porque la opción de “Cantinflas”, ha muerto.
Nota:
CTM, CNC y CNOP son organismos sindicalistas y obreros ligados al partido de estado, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) que detentó el poder político desde 1929 hasta el año 2000. Su sistema centralizó el control de los grandes sectores obreros, militares y populares del país bajo el esquema del corporativismo.
Cita este artículo
Rebollo, H., (2026, octubre 5). ¡Cantinflas, ha muerto! Revista Forja Para el Bien Común. https://revistaforja.org/cantinflas-ha-muerto/
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