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Asunción de Javier Milei

por | Internacional

A partir del 10 de diciembre, Argentina tiene un nuevo Gobierno de raigambre liberal, se abre un camino de una gran esperanza, y con posibilidades de incidir con personas de bien en esta nueva gestión; he de analizar a continuación el Primer Mensaje al País en el Acto de asunción, que marca las prioridades que debe atender.

Al comenzar su discurso no lo hizo a la Asamblea Legislativa, sino a todos los argentinos, algo inédito en la historia del País, sus palabras fueron:

“Señores ministros de la Corte. Señores Gobernadores, señores Diputados y Senadores nacionales. Presidentes y dignatarios extranjeros. Argentinos. Hoy comienza una nueva era en Argentina.

Hoy damos por terminada una larga y triste historia de decadencia y declive, y comenzamos el camino de la reconstrucción de nuestro país. Los argentinos de manera contundente han expresado una voluntad de cambio que ya no tiene retorno. No hay vuelta atrás. Hoy enterramos décadas de fracaso, peleas intestinas y disputas sin sentido. Peleas que lo único que han logrado es destruir nuestro querido país y dejarnos en la ruina. Hoy comienza una nueva era en Argentina. Una era de paz y prosperidad. Una era de crecimiento y desarrollo. Una era de libertad y progreso.”

Como se puede leer, expresó con claridad que desea constituirse en quien dé por finalizada la etapa de gobiernos populistas, que han empobrecido a la sociedad en todos los órdenes, no sólo material, sino también cultural y moral. A continuación, realizó un diagnóstico de la situación actual y la corrupción de la política.

“Hace 200 años, un grupo de ciudadanos argentinos reunidos en San Miguel de Tucumán, le dijeron al mundo que las Provincias Unidas del Río de la Plata no eran más una colonia española y que a partir de ese histórico momento seríamos una nación libre y soberana… Para principios del siglo XX éramos el faro de luz de Occidente. Nuestras costas recibían con brazos abiertos a millones de inmigrantes que se escapaban de una Europa devastada en búsqueda de un horizonte de progreso. Lamentablemente, nuestra dirigencia decidió abandonar el modelo que nos había hecho ricos y abrazaron las ideas empobrecedoras del colectivismo. Durante más de 100 años los políticos han insistido en defender un modelo que lo único que genera es pobreza, estancamiento y miseria.

Un modelo que considera que los ciudadanos estamos para servir a la política y no que la política existe para servir a los ciudadanos. Un modelo que considera que la tarea de un político es dirigir la vida de los individuos en todos los ámbitos y esferas posibles. Un modelo que considera al Estado como un botín de guerra que hay que repartir entre los amigos. Señores, ese modelo ha fracasado. Ha fracasado en todo el mundo, pero en especial ha fracasado en nuestro país. Así como la caída del Muro de Berlín marcó el final de una época trágica para el mundo, estas elecciones han marcado el punto de quiebre de nuestra historia.”

Luego realizó un detallado diagnóstico de la crisis económica en la que nos encontramos inmersos, al borde de una hiperinflación del 15.000% anual, pero cabe destacar como veremos que no sólo se detiene en el aspecto financiero sino que apunta a otras áreas de la sociedad:

“El nivel de deterioro de nuestro país es tal que abarca todas las esferas de la vida en comunidad. En materia de seguridad, Argentina se ha convertido en un baño de sangre. Los delincuentes caminan libres mientras los argentinos de bien se encierran tras las rejas. El narcotráfico se apoderó lentamente de nuestras calles, a punto tal que una de las ciudades más importantes de nuestro país ha sido secuestrada por los narcos y la violencia. Nuestras fuerzas de seguridad han sido humilladas y maltratadas durante décadas. Han sido abandonados por una clase política que le ha dado la espalda a quienes nos cuidan. La anomia es tal que sólo el 3% de los delitos son condenados. Se acabó con el ‘siga, siga’ de los delincuentes.

En materia social, estamos recibiendo un país donde la mitad de la población es pobre. Con el tejido social completamente roto. Más de 20 millones de argentinos no pueden vivir una vida digna porque son presos de un sistema que lo único que genera es más pobreza. Como dice el gran Jesús Huerta de Soto, los planes contra la pobreza generan más pobreza. La única forma de salir de la pobreza es con más libertad. Al mismo tiempo, 6 millones de chicos hoy a la noche se irán a dormir con hambre, que caminan descalzos por la calle y otros que cayeron en la droga.”

Situación que habíamos descrito en artículos anteriores, y como podrán observar a continuación se detuvo en la crítica situación educativa, la cual cosecha treinta años de decadencia; como Secretario del área a nombrado a un catedrático de la Universidad Católica, con firmes principios.

“Lo mismo ocurre en materia educativa. Para que tengan idea del deterioro que vivimos, solo el 16% de nuestros chicos se reciben en tiempo y forma en la escuela. Solo el 16%. Solo 16 de cada 100. Es decir, que el 84% de nuestros chicos no termina la escuela en tiempo y forma. A su vez, el 70% de los chicos que sí terminan la escuela no pueden resolver un problema de matemática básica o comprender un texto. De hecho, en las últimas evaluaciones PISA, la Argentina se encuentra en el puesto 66 de 81 y séptima en América Latina, siendo que Argentina fue el primer país en terminar con el analfabetismo en el mundo.”

También realizó un análisis pormenorizado de la situación de la salud pública, y remarcó la responsabilidad de la clase política en esta ‘herencia recibida’, señalando que no hay margen para la inacción -parafraseando a Su Santidad Juan Pablo II-, nosotros decimos que en esta dramática hora para la Argentina a nadie le es lícito permanecer ocioso.

“Lo que quiero graficar con todo esto es que la situación de la Argentina es crítica y de emergencia. No tenemos alternativas y tampoco tenemos tiempo. No tenemos margen para discusiones estériles. Nuestro país exige acción y una acción inmediata.

La clase política deja un país al borde de la crisis más profunda de nuestra historia. Cada uno de ellos tendrá que hacerse cargo de su propia responsabilidad.

Sin embargo, nuestro compromiso con los argentinos es inalterable. Vamos a tomar todas las decisiones necesarias para arreglar el problema que causaron 100 años de despilfarro de la clase política.

También sabemos que no todo está perdido. Los desafíos que tenemos son enormes, pero también lo es nuestra capacidad para superarlos. No va a ser fácil. 100 años de fracaso no se deshacen en un día, pero un día empieza y hoy es ese día. Hoy empezamos a desandar el camino de la decadencia y comenzamos a transitar el camino de la prosperidad.

Tenemos todo para ser el país que siempre soñamos. Tenemos los recursos, tenemos la gente, tenemos la creatividad y mucho más importante, tenemos la resiliencia para salir adelante.”

Al puntualizar su concepto de ‘liberalismo’ observamos que en síntesis es el respeto de la persona desde el momento de su concepción, y la enunciación de los principios de la Doctrina Social de la Iglesia en materia de economía y trabajo.

“Hoy volvemos a abrazar las ideas de la libertad, esas ideas que se resumen en que  ‘El liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo basado en el principio de no agresión, en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad, cuyas instituciones fundamentales son la propiedad privada, los mercados libres de intervención estatal, la libre competencia, la división del trabajo y la cooperación social’.”

Hacia un nuevo ‘contrato social’ donde el Estado sea eficiente y eficaz, reducido a sus funciones esenciales sin avasallar a la iniciativa privada; una sociedad donde se restaure el orden y la disciplina y el valor del mérito.

“Este nuevo contrato social nos propone un país distinto, un país en el que el Estado no dirija nuestras vidas, sino que vele por nuestros derechos. Un país en el que el que las hace las paga. Un país en el que quien corta la calle violando los derechos de sus conciudadanos, no recibe la asistencia de la sociedad. Puesto en otros términos, el que corta no recibe el subsidio. Un país que dentro de la ley permite todo, pero fuera de la ley no permite nada. Un país que contiene a quienes lo necesitan, pero no se deja extorsionar por aquellos que utilizan a quienes menos tienen para enriquecerse a ellos mismos.

No pedimos acompañamiento ciego, pero no vamos a tolerar que la hipocresía, la deshonestidad o la ambición de poder interfieran con el cambio que los argentinos elegimos. A todos aquellos dirigentes políticos, sindicales y empresariales que quieran sumarse a la Nueva Argentina los recibimos con los brazos abiertos. Así, no importa de dónde vengan, no importa que hayan hecho antes, lo único que importa es hacia dónde quieren ir.

A aquellos que quieren utilizar la violencia o la extorsión para obstaculizar el cambio, les decimos que se van a encontrar con un presidente de convicciones inamovibles que utilizará todos los resortes del Estado para avanzar en los cambios que nuestro país necesita.”

En su arenga final, invocó la protección de Dios, con citas expresas del Libro de los Macabeos, y fue el único presidente de los últimos tiempos en solicitar que en la tarde de su asunción hubiese una oración ‘interreligiosa’ en la Catedral de Buenos Aires, presidida por el Cardenal Primado, invocando la ayuda de Dios.

“No vamos a claudicar, no vamos a retroceder, no nos vamos a rendir. Vamos a avanzar con los cambios que el país necesita, porque estamos seguros que abrazar las ideas de la libertad es la única manera en la que podremos salir del pozo en el que nos han metido. Por lo tanto, y para ir terminando, que quede claro: hoy comienza una nueva era en Argentina. El desafío que tenemos por delante es titánico, pero la verdadera fortaleza de un pueblo se mide en cómo enfrenta los desafíos cuando se presentan. Y cada vez que creemos que nuestra capacidad para superar esos desafíos ha sido alcanzada. Miramos al cielo y recordamos que esa capacidad bien podría ser ilimitada. El desafío es enorme, pero lo afrontaremos con convicción. Trabajaremos sin descanso y llegaremos a destino.

La guerra de los Macabeos es el símbolo del triunfo de los débiles por sobre los poderosos, de los pocos por sobre los muchos, de la luz, por sobre la oscuridad y sobre todas las cosas, de la verdad, por sobre la mentira. Porque ustedes saben que prefiero decirles una verdad incómoda antes que una mentira confortable. Estoy convencido de que vamos a salir adelante.

Recuerdo cuando hace dos años, junto a la doctora Villarruel, hoy vicepresidente de la Nación, ingresamos a esta casa como diputados. Recuerdo que en una entrevista me habían dicho pero si ustedes son dos en 257, no van a poder hacer nada. Y también recuerdo que ese día la respuesta fue una cita del libro de Macabeos 3:19, que dice que la victoria en la batalla no depende de la cantidad de soldados, sino de las fuerzas que viene del cielo.

Por lo tanto, Dios bendiga a los argentinos y que las fuerzas del cielo nos acompañen en este desafío. Muchas gracias. Será difícil, pero lo vamos a lograr.

A ponerse de pie, que vamos a salir.”

Sin lugar a duda habrá un sinfín de obstáculos en las metas a alcanzar, pero es una gran esperanza de cambio hacia una sociedad más justa, donde cada persona pueda alcanzar un desarrollo humano integral, material y espiritual.

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