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Argentina y su democracia

por | Internacional

Tras el resultado electoral de octubre, en Argentina, en el que la diferencia entre el primer lugar no alcanzó el 40% de los votos y la diferencia con el segundo lugar no fue superior al 10%, la segunda vuelta definirá quién de los candidatos Sergio Massa o Javier Milei, que representan proyectos radicamente opuestos, se hará con la presidencia de la República Argentina.

Después de un mes en Argentina, pude apreciar algunas cosas que no por actuales dejan de tener raíces en el pasado no tan reciente, pues el peronismo, que data de 1947, hace presencia en 2023 a través del actual gobierno, presidido por Alberto Fernández y su vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner (dos veces presidenta, y ahora vicepresidenta).

De ellos se pude decir que son más peronistas que Perón, ya que la visión populista del primero es sin duda superada por los actuales gobernantes, quienes no han tenido empacho en presentar como su candidato a la presidencia al actual ministro de economía, Sergio Massa, responsable de la actual inflación (103.2% en lo que va de 2023) que ha empobrecido al 40.1% de los argentinos, cuyos ingresos no alcanza para adquirir la canasta básica.

Por la oposición, Javier Milei representa un cambio radical al peronismo; oferta una sociedad abierta en una perspectiva extrema siguiendo a Karl Popper y su racionalismo crítico, pero con propuestas que -a juicio de muchos- son difíciles de aterrizar en un tiempo corto.

El problema para él radica en que la población va a enfrentar a una cultura que no entiende cambios tan radicales. Y si los votantes se asustan, ya sea porque no entienden qué va a suceder, o son manipulados por el oficialismo para oponerse a estos cambios, disminuyen sus posibilidades de acceder al poder.

Aún así, si lo hace, no hay buenos augurios para Argentina, de manera que podemos decir malo si gana Massa, malo si gana Milei.

En ausencia de otras opciones, como sucede en México, los contrapesos, el Congreso y la Corte Suprema -como representantes de todos los estamentos sociales-, pueden moderar el poder absoluto que implica un régimen dictatorial.

Los populismos -tan de moda-, hacen presencia prácticamente en todo el mundo. El más destacado por haber ocurrido en Estados Unidos, es Donald Trump, pero no podemos olvidarnos de Adolfo Hitler, Benito Mussolini, y José Stalin, o quien no tubo medida para imitarlos, Juan Domingo Perón, de quien aún tiene consecuencias su gobierno y por eso Argentina se encuentra en la encrucijada, entre Massa y Milei (de la sartén al fuego, o del fuego a la sartén).

Los resultados de la elección de este mes no presagian nada bueno para la nación  Argentina, y no podemos los mexicanos desentendernos de un proceso que por su trascendencia puede afectar a América y ser ejemplo para otros remedos de dictadores que pululan en nuestro Continente y solo esperan la oportunidad para ascender y enquistarse en el poder.

Nicaragua, Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Perú, Colombia y México (que ya padeció una dictadura de más de 70 años con el PRI, y que ahora con su cuarta transformación amenaza con volver a perpetuarse).

Solo queda decir, como en la canción: “NO LLORES POR MI Argentina”.

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