Dada la normalización de la amoralidad en el mundo de la política, llamada “arte de lo posible”, teatro de la astucia o de la habilidad como así lo asumen quienes a diario se desayunan sus vergüenzas contradiciendo el mandato virtuoso de Platón, se verá de políticamente incorrecto el que introduzca como tema el de la cuestión de la dignidad humana. Asumo el riesgo, así me acompañen sólo doce, diría San Juan Pablo II.
















