La crisis venezolana no puede entenderse únicamente como un problema nacional; constituye un fallo sistémico de gobernanza, con implicaciones éticas, políticas y humanitarias en el sistema internacional.
Artículos seleccionados sobre esta temática, con enfoque académico y profesional
La crisis venezolana no puede entenderse únicamente como un problema nacional; constituye un fallo sistémico de gobernanza, con implicaciones éticas, políticas y humanitarias en el sistema internacional.
Al simularse la liberación de los presos de opinión y de conciencia –calificados de traidores a la patria y/o de asociados para delinquir contra el régimen venezolano– se crea un imaginario, a saber, la mentira de una nueva etapa de consensos en el país, entre carceleros y encarcelados.
Proponemos una lectura de la trama internacional que enlaza a Norteamérica, al Caribe, a Sudamérica y a Medio Oriente. El punto de partida será el Estado de Irán, donde las presiones están a la orden del día.
Recientemente hemos observado un fenómeno que merece una reflexión más profunda: manifestaciones públicas de apoyo al gobierno de Nicolás Maduro y, en paralelo, una intensa ola de respaldo en redes sociales tanto hacia el régimen venezolano como hacia la República Islámica de Irán, un Estado que actualmente enfrenta un ciclo prolongado de protestas internas y cuestionamientos internacionales. En ambos casos, protestas organizadas por grupos que igual apoyan el socialismo o la ideología woke aunque en aquellos países su pensamiento se encuentre duramente sancionado.
Hace más de una década, llegó a mis manos el libro «Nuestra Hora: los latinoamericanos en el siglo XXI» de Raul Rivera Andueza, una invitación a ver la evidencia de las fortalezas de nuestra región y no conformarse con los arraigados mitos del fracaso latinoamericano.
Finalmente, el 3 de enero, Nicolás Maduro fue capturado en una operación encabezada por el gobierno de Donald Trump. ¿Será este el fin de la dictadura chavista en Venezuela?
La crisis venezolana ha reactivado uno de los dilemas más complejos del orden internacional contemporáneo: la tensión entre la exigencia de justicia frente a violaciones graves de derechos humanos y el principio jurídico de soberanía estatal.
La tragedia para países como Cuba, Venezuela y Nicaragua -y para allá se encamina Morena, en México- es que varias generaciones de jóvenes no conocen ni han experimentado la democracia.
Venezuela ha sucumbido a una guerra ideológica y de tiranía de Estado, por lo que sólo podrán salir adelante fortaleciendo la enseñanza.
La “democracia” de Maduro no es exclusiva de él, ya la hemos visto aplicarse en otros países como Rusia y Nicaragua.
En mi reciente viaje por Colombia pude percibir más de cerca la crisis en la que se encuentra el modelo del socialismo del Siglo XXI.
La crisis política en Venezuela ha alcanzado un nuevo punto crítico tras las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024.
Maduro se ha convertido en un apestado en la región, entre otras razones porque llegó al poder por la designación de Hugo Chávez.
Nicolás Maduro, el actual presidente de Venezuela, buscará su tercera reelección bajo la bandera del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).
La situación política en Venezuela ha alcanzado un punto crítico tras las elecciones presidenciales celebradas el pasado domingo 28 de julio, marcadas por acusaciones de fraude electoral.