Ante la difícil situación que aqueja a la hermana República de Venezuela, luego del escandaloso fraude para sostener en el Poder al actual presidente, Nicolás Maduro, es bueno preguntarnos cómo se reconstruye la paz social, en una sociedad atomizada y resquebrajada por el chavismo y su proyecto del ‘socialismo del Siglo XXI’.
Los resultados de dicho plan están a la vista; pauperización, violencia, inseguridad, emigración, y una Tiranía instalada, que con la complicidad de los mandos de las Fuerzas Armadas -ganados por la corrupción, y el beneplácito de Gobiernos extranjeros-, pretende eternizarse en el poder, cometiendo toda serie de violaciones a los derechos humanos, ante la miopía y sordera de la Comunidad Internacional y de los Organismos que dicen velar por la democracia.
Recomponer el tejido social, no sólo dependerá del fin del presente régimen, sino de una firme voluntad de todos los venezolanos de volver a vivir en libertad, sin temores a ser perseguidos o encarcelados por sostener una opinión contraria a quienes los gobiernan; desenmarañar la red de ‘espías e informantes’ que destruyeron la confianza comunitaria.
Habrá que alimentar los lazos entre los residentes y los que han emigrado -casi 9 millones se encuentran en el exterior-, la mayoría con familia también en suelo Venezolano, que anhelan un reencuentro y la posibilidad de volver a la tierra que los vio nacer; facilitando las entradas y salidas del país, sin restricciones, con agilidad en los trámites y sin corrupción.
Hay que recuperar la identidad de la ‘familia grande’, con abuelos, tíos, primos y los parientes más cercanos, volviendo a generar la vida en comunidad; luego será el momento de ‘unión con otras familias’ con el mismo pensar y sentir, de manera de comenzar a gestar asociaciones cuya finalidad sea promover un orden social, donde por encima de todo interés individual se busque el Bien Común.
En esta reconstrucción se deberán generar iniciativas de diferentes formas de Solidaridad, tratando de asistir a los más vulnerables procurando, en primer lugar, desideologizar la ayuda asistencial del Estado, gestando acciones privadas, a través de Instituciones existentes como Cáritas.
Desde la Iglesia Católica, junto a los diferentes credos, podrán formalizar instancias de diálogo real, a través de ‘Mesas de Encuentro’, que reúnan políticos, empresarios, sindicatos y representantes de la sociedad civil, buscando la paz social y gestando un camino de crecimiento, con políticas de inclusión y empleo, evitando la sectorización, y colocando ante todo la prioridad del bien general. Estos encuentros deben ser ampliamente representativos, que no dejen al arbitrio del Estado lo que la iniciativa privada puede desarrollar; sin olvidar que el Rol del Estado es subsidiario cuando la instancia particular no puede alcanzar el fin que se propone.
La educación construye el futuro de una Nación, basta observar los ejemplos de la posguerra mundial, Japón y Alemania, destruidas material y espiritualmente, pudieron sobreponerse, reconociendo sus errores y atrocidades y encarando la reconstrucción de sus Países a través de la Educación de las generaciones venideras.
Venezuela ha sucumbido a una guerra ideológica y de tiranía de Estado, por lo que sólo podrán salir adelante fortaleciendo la enseñanza para que los jóvenes puedan mirar el futuro con esperanza. Para ello se tendrán que purificar y/o eliminar los libros de texto obligatorios, educar integralmente, en la verdadera dignidad de la persona humana, procurando -con el ejemplo- el crecimiento en las virtudes individuales y sociales que lleven a una auténtica fraternidad; para ello hay que contar con Maestros que vivan su vocación de entrega a forjar un País mejor.
En cuanto a la seguridad interior, no hay que tener pudor en pedir la ayuda necesaria en el exterior para neutralizar al crimen organizado y el narcotráfico que, con el aval del chavismo, asoló a la población; medidas ejemplares de seguridad desalientan la delincuencia, si son conscientes de que el delito tiene su pena. Esto supondrá un Poder Judicial Independiente al servicio del pueblo y no de los jerarcas de turno. Sólo desde una accionar transparente de la Justicia se puede ir gradualmente limitando las acciones delictivas.
El buen clima social se construye entre todos, sin exclusiones, hay mucho por hacer, reordenar la economía, la salud, la educación, la justicia, la burocracia del Estado, la seguridad, etc. Es una dramática hora en la que nadie puede permanecer ocioso, cruzado de brazos, todos pueden aportar su talento en aras de una verdadera Reconciliación Nacional, que devuelva la libertad a una País que siempre se había caracterizado por ella. Y que vuelva a recibir a sus hijos que se vieron obligados a emigrar.





