La presidenta Claudia Sheinbaum miente al afirmar que la reforma electoral es una exigencia del pueblo. Nadie lo pidió.
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La presidenta Claudia Sheinbaum miente al afirmar que la reforma electoral es una exigencia del pueblo. Nadie lo pidió.
La inminente aprobación de una reforma político-electoral en el Congreso de la Unión ha despertado todo tipo de opiniones y posicionamientos por parte de actores diversos. La envergadura de los cambios que se anuncian no es para menos; se trata de un cambio sustantivo, no solo al proceso electoral, sino al funcionamiento del poder representativo de la sociedad mexicana, con las consecuencias que esto implica.
La reforma electoral que propone el gobierno de la 4T representa una terrible incongruencia, no solo por la regresión autoritaria que impulsa, sino también porque los autores -en su mayoría-, fueron actores relevantes en las reformas electorales anteriores que dieron paso a una representación proporcional más equitativa.
México atraviesa un momento de reacomodo político que exige memoria histórica y criterio moral. Tras un siglo de experimentos —del partido hegemónico posrevolucionario a la partidocracia y, desde 2018, a un nuevo hegemonismo— el país vive un cambio de régimen más que una transformación del sistema.
Para hacer un análisis sereno del proceso electoral, deberán asentarse las aguas que se levantaron como tsunami el domingo de la jornada.
Este trabajo presenta una reflexión, en torno a la posibilidad de emitir un voto responsable en las próximas elecciones nacionales en México, a partir de un llamado del Episcopado Mexicano a su feligresía.
México se encuentra en la antesala de un nuevo proceso electoral, que puede guardar similitudes con el vivido en Argentina el año 2023; donde alguien que no provenía del espectro político clásico llega a la Presidencia de la Nación
A medida que se acercan las elecciones, el concepto de «voto útil» se vuelve cada vez más relevante. Este tipo de voto no se trata de elegir al candidato de preferencia personal, sino al candidato que, considerando el contexto político actual, tiene mayores posibilidades de ganar y, con ello, bloquear a una opción menos deseable o incluso contraria.
El acto de votar en las elecciones no es apreciado por los ciudadanos, especialmente por los jóvenes, porque no se tiene conciencia de sus implicaciones. Votar es el inicio y no el final de la participación ciudadana, del ejercicio del civismo, que conduce a la sociedad hacia el bien común. En tiempos de emergencia democrática como los que estamos viviendo, hay que echar mano además de los argumentos de urgencia que convenzan a los electores de la transcendencia que tiene que acudan a las urnas.
El 2 de junio de 2024, se va a llevar a cabo la elección presidencial que se ha ganado la narrativa de ser la más compleja y clave de la historia reciente en México.
Ahora la Iglesia tiene un papel más activo. La Conferencia del Episcopado Mexicano preparó el documento “Compromisos por la paz”, sobre la violencia y necesaria pacificación del país; lo presentó a los candidatos y los invitó a suscribirlo.
Desde la creación del IFE en 1994, el sistema electoral mexicano ha experimentado transformaciones significativas para fortalecer la democracia, aunque aún enfrenta desafíos. El Tercer Informe de Integridad Electoral del ANIE identifica cinco focos rojos que amenazan la integridad del proceso electoral 2023-2024.
A medida que México se acerca a las elecciones del 2 de junio de 2024, la participación de cada ciudadano en este proceso democrático cobra una importancia crítica. Inspirados por el Decálogo del Laico Católico presentado por Monseñor Ramón Castro Castro, este artículo explora cómo estos principios constituyen un poderoso llamado a la acción cívica.
Muy independientemente de candidatos y del desarrollo de las actuales campañas disimuladas que se están haciendo, vale la pena preguntarse ¿por qué hay tanta preocupación por invitar a votar a una ciudadanía que debería estar muy consciente de su responsabilidad?
México se prepara para un proceso electoral de trascendental importancia, no solo por los cargos en disputa sino por el contexto de desafíos sociales, económicos y de seguridad que enfrenta. Los obispos, movidos por un amor profundo a México y desde su misión religiosa, convocan a la nación a abrazar este proceso como una oportunidad para afirmar y fortalecer los cimientos democráticos y el respeto al estado de derecho.