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Legitimidad, elecciones y cultura cívica

por | Política

El 2 de junio de 2024 se celebrarán en México elecciones para renovar el Ejecutivo Federal, la Cámara Baja del Congreso y parte de la de senadores, además coincide con la elección de gobernador y congreso local en 9 estados de la República.

Será una elección importante por el número de puestos a cubrir, por el número de posibles votantes, será la más numerosa de lo que va de Historia y sobre todo será importante porque con el gobierno de López, el actual presidente, el pueblo de México ya ha tenido la oportunidad de conocer y sentir en carne propia tres formas distintas de conducir el país: la del grupo dominante por setenta años, la de la oposición que podríamos considerar de derecha, Partido Acción Nacional y finalmente el estilo populista del actual régimen, Movimiento de Regeneración Nacional.

Además, si la enmarcamos en el contexto iberoamericano podrá dar tono a la tendencia general al populismo o por el contrario al regreso a una forma ortodoxa de gobierno en lo social y en lo económico.

Por cualquiera de las tres causas que la hacen importante es frecuente encontrar en editoriales y redes sociales invitaciones a votar, desde jocosas, pasando por las que llaman a la consciencia cívica hasta exaltadas que señalan el peligro del abstencionismo.

Muy independientemente de candidatos y del desarrollo de las actuales campañas disimuladas que se están haciendo, vale la pena preguntarse ¿por qué hay tanta preocupación por invitar a votar a una ciudadanía que debería estar muy consciente de su responsabilidad?

Seguramente la muy baja asistencia a votar por gobernador, fue por gobernadora, que se registró en el muy céntrico estado: Estado de México, es una señal, no cabe duda. Hubo poco aprecio en la práctica por participar cuando debió hacerse. ¿Por qué ese poco aprecio?

Entre las muchas explicaciones que se han ofrecido se señala el importante número de votantes jóvenes que tal vez no aprecian el largo camino que en México se siguió para que las elecciones fueran ciudadanas y no controladas por el gobierno, puede ser.

Sin embargo, tal vez la razón sea más profunda que desprecio o solamente pereza, desgano por buscar la casilla, hacer una fila, esperar turno y finalmente votar y recibir una marca de color en un dedo.

Ciertamente tiene poco tiempo, algo más de veinte años, que los resultados de las elecciones son controlados por ciudadanos a través del Instituto Nacional Electoral y que con este procedimiento se haya garantizado el respeto al voto emitido.

El gobierno existente, a pesar de más de un desacierto, es en rigor un gobierno legítimo, después de tantos años de tolerarse. Sin embargo, su origen hablando con honestidad no fue legítimo, la paz pública de que se ha gozado lo ha legitimado, paz que el partido en el poder presumió en las elecciones de 1994 haciendo una comparación con otros países iberoamericanos, pero no inició así.

Si volteamos al origen del actual pacto político llegamos a la Constitución de 1917. Bastantes historiadores reconocen lo poco representativos que de la voluntad general eran los diputados constituyentes, fue un proceso controlado por los triunfadores de luchas armadas entre facciones, nada más.

Si preferimos tomar como referencia la creación del sistema político que logró Plutarco E. Calles, eso menos puede llamarse voluntad popular; más bien fue la convenenciera prudencia con que la camarilla gobernante ha sabido en momentos claves escuchar los reclamos de líderes ciudadanos, lo que a la larga ha legitimado al régimen actual y hasta ha permitido algunas alternancias en el ejecutivo federal para evitar confrontaciones de mayor nivel.

Todo este proceso con mayor o menor profundidad ha sido percibido por la mayoría de los ciudadanos y permea hasta el fondo de la conciencia. Por ello no termina de fijarse en la cultura popular el que AHORA se pueda vivir una auténtica democracia, una verdadera selección de gobernantes mediante el voto ciudadano.

Me parece que esa incredulidad de la certeza en la elección es la causa raíz.

Además, dado que eso lo entiende bien el actual equipo gobernante, procura abonarlo con declaraciones y discursos en los que se da a entender que el futuro ya está decidido, porque muchos lo apoyan o porque se haga lo que se haga impondrá a quien mejor le parezca.

La cultura, en este caso la cultura cívica se obtiene no solamente por aceptación de argumentos, es imprescindible la práctica de aquello en que se cree, de otro modo no se logra la inculturación en la sociedad.

Veremos que se hace en este país más de una vez considerado líder en Iberoamérica.

 

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