En fecha reciente, el Episcopado Mexicano presentó a la feligresía un vídeo invitando a la participación responsable en las próximas elecciones nacionales. En ese sentido, sugerimos atender varios aspectos contenidos en los tres siguientes cuestionamientos.
¿Cuáles serían las prioridades que en la actualidad se necesitan atender y mirar con atención en México?
Para ello, partimos de una escena del evangelio de San Juan: Jesús respondió: “…«yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz». Pilato le preguntó: «¿Qué es la verdad?»”. Pilato no esperó la respuesta, ¿Por qué? Porque la conocía: La vida política en el mundo en general, en todo tiempo y momento y, ahora en México en particular, yacía y yace en poder de la mentira. Esta es, desde nuestro punto de vista, la gran prioridad a atender: reconocer y ser consciente de la presencia de la Verdad entre nosotros.
El corazón humano busca la Verdad, tiende a ella, la necesita y por eso quizá, Pilato salió inmediatamente a señalarle al pueblo la verdad proponiendo, al mismo tiempo una opción “posible”, “aceptable”, “negociada”: «Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo. Y ya que ustedes tienen la costumbre de que ponga en libertad a alguien, en ocasión de la Pascua, ¿quieren que suelte al rey de los judíos?». (S. Jn. 18: 37-39)
Sin embargo y, a pesar de ser razonable la propuesta no fue aceptada. La razonabilidad requiere partir de una hipótesis positiva para descubrir la Verdad. Para Pilato fue más fácil, más práctico, aceptar la condena a muerte de un inocente aún, conociendo la Verdad. Era, pragmáticamente hablando, la mejor decisión, la más democrática.
De manera generalizada y desde la propuesta filosófica del modernismo y la cultural del renacimiento, la ciencia política se ha centrado en el estudio de los fenómenos del poder entendido, como capacidad de dominio. Esa postura es diferente a la propuesta de Jesucristo en la Última Cena con sus discípulos donde, inició lavándoles los pies:
“Después de haberles lavado los pies, se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: «¿comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor, y tienen razón, porque lo soy. Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes. Les aseguro que el servidor no es más grande que su señor, ni el enviado más grande que el que lo envía. Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican”. (S. Jn. 13: 13-17)
El dilema actual nos parece, se encuentra entre las opciones políticas de dominio y de servicio. Aquí se resumen las dos grandes prioridades: búsqueda de la verdad y vocación de servicio.
¿Cuáles serían los criterios cristianos de valoración para juzgar qué propuesta o plataforma política puede aproximarse a resolver los aspectos antes mencionados?
El pragmatismo es la gran dificultad de la vida comunitaria. Sobre todo, si se debate entre el dominio y el servicio en un ambiente generalizado de mentiras. Un ejemplo es el fundamento de las propuestas políticas: “finalmente la política se trata de obtener el poder que asegura el dominio y, queremos el dominio para servir” decía un importante personaje político, católico, en un reciente programa en las redes ¿dominar para servir?
La teoría del mal menor es otro buen ejemplo: aceptar la existencia solamente de males en cualquier situación sería reconocer que ese es un espacio donde la Redención no es posible. Aunque Aristóteles, que no era cristiano, y Santo Tomas, haciendo una categorización teórica cuando tocaba el tema relacionado con la muerte y la guerra, lo afirmaran.
El criterio cristiano central para la toma de decisiones políticas, entendida la política como el arte de vivir en comunidad y no como el arte de medrar a partir del dominio, sería reconocer la presencia de la Verdad, su búsqueda, análisis, difusión y aplicación en la cotidianeidad y el compromiso de vivir de acuerdo con ella.
Es el núcleo de la participación política a partir de la idea de Emanuel (Dios con nosotros), más allá de la simple aplicación práctica de algo que muchas veces, no llega ni a propuesta. Viktor Frankl (2015) ha dejado una hermosa evidencia de que esto es posible incluso, viviendo recluido en los campos de concentración, o de trabajos forzados, bajo el nacismo.
Para ello, proponemos analizar cuál es la Verdad de las propuestas y las plataformas, de su nacimiento, su trayectoria y aplicación hasta éste momento sin perdernos, solamente, en las posibilidades futuras.
¿Cómo podemos participar más comprometidamente en la construcción del bien común?
Ayudarnos unos a otros a ser conscientes de la presencia cotidiana de Cristo. Para ello en importante partir del significado profundo de lo que un voto es y significa. El voto no se reduce a un sufragio (sufragar implica asumir el costo de o por algo). Mucho menos se reduce a un simple “menú” donde se escoge entre diferentes ofertas sustituibles. El voto, en términos cristianos, significa una promesa, un compromiso, un juramento, que implica el que se está en comunión con algo o mejor aún, con alguien.
En el matrimonio se hacen votos uno con el otro. Un sacerdote, religiosa o consagrado hace una serie de votos. En ese sentido, como cristiano necesitamos emitir un voto totalmente consciente más que simplemente razonado. ¿Es posible? Podemos distinguir de manera consciente si emitimos un voto en verdad o en mentira.
En ese sentido, el Papa Francisco (2017) siempre ha sido claro, en cuanto a la acción política, al señalar como conducirnos en nuestra participación en la plaza pública: con verdad, caridad y Mimsericordia, mediante la aceptación del Otro en los otros, el perdón y, la reconciliación.
Referencias:
Frankl, Viktor. 2015. El hombre en busca de Sentido, Barcelona, Herder.
Papa Francisco. 2017. Plaza del Pueblo. Ceseña. 1 de octubre.
Vaticano. 1990. El Libro del Pueblo de Dios, La Biblia.
https://www.vatican.va/archive/ESL0506/_INDEX.HTM





