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Gobierno de México, lejos del bien común

por | Política

El Catecismo de la Iglesia Católica,* en la Primera Sección, Capítulo Segundo, “La comunidad humana”, artículo 1, se refiere a la comunidad humana, en la que señala que la persona humana, conforme su naturaleza, necesita la vida social; familia y sociedad son los pilares para la convivencia social. Concepto que con certeza el actual gobierno de México en la práctica, rechaza.

“El principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana”[1]

La sociedad debe favorecer el ejercicio de las virtudes, no ser obstáculo para ellas. Debe inspirarse en una justa jerarquía de valores.

En este mismo capítulo en su artículo 2, se refiere a la participación en la vida social; y, en su primer apartado, define a la autoridad como: “Una sociedad bien ordenada y fecunda, requiere gobernantes, investidos de legítima autoridad, que defiendan las instituciones y consagren, en una medida suficiente, su actividad y sus desvelos al provecho común del país”[2]

La autoridad es necesaria para la unidad de la sociedad. Su misión consiste en asegurar, en cuanto sea posible, el bien común de la sociedad.[3]

Este necesario preámbulo para aclarar conceptos básicos nos lleva al tema de este artículo: El Bien común.

Por bien común es preciso entender “conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos, y a cada uno de sus miembros, conseguir más plena y fácilmente su propia perfección”[4]

La búsqueda del bien común y su construcción es tarea de todos, exige prudencia de cada persona, pero más aún de aquellas que ejercen alguna autoridad. Integra tres elementos esenciales:

1.- Respeto a la persona humana, a su dignidad. Especialmente aquellos que ejercen algún tipo de autoridad, están obligados a respetar los derechos fundamentales e inalienables de las personas.

2.- El bien común, exige el bienestar social y el desarrollo del pueblo. Debe facilitar a cada miembro de la sociedad lo que necesita para su desarrollo humano-integral (alimento, vestido, salud, trabajo, educación, información veraz, entre otros)

3.- Finalmente el bien común, implica que la autoridad proporcione paz a la sociedad. Es decir, garantizar la seguridad de un orden justo.

Al analizar este marco conceptual de lo que mandata la doctrina social de la iglesia, podemos afirmar que en nuestro país estamos actualmente muy lejos de vivir bajo estas normas.

En primer lugar, el respeto a la persona humana y a su dignidad es algo que no ofrece el gobierno; desde la más alta tribuna del país, a diario el presidente ataca a individuos a instituciones sin respetar su dignidad, en claro y flagrante abuso de poder; esta actitud de no respetar la ley ha generado que una parte importante de la sociedad también se corrompa.

La inacción de las autoridades para castigar conductas delictivas, que se traduce en una enorme impunidad, ha permitido el avance del crimen organizado en muchas regiones del país. Las organizaciones criminales tienen el respaldado de una amplia base social, ya que éstas son el motor de la economía regional, corrompen e imponen autoridades, cobran derechos e impuestos, y además “administran justicia, pronta y expedita”. En una palabra, en muchas zonas hay ausencia de estado de derecho, lo que se ha traducido en miles de muertos, desaparecidos y desplazados.

Por otro lado, el avance del crimen organizado evidencia, que las políticas implementadas para contenerlo han sido ineficaces. La Guardia Nacional, sus instalaciones, miles de hombres, armas y vehículos, no han rendido los frutos esperados; por recursos no ha parado este gobierno, lo que nos lleva a pensar que son ineptos o son corruptos para detener este baño de sangre que estamos sufriendo en todo el territorio nacional.

Pero lo más grave de todo, es que no contamos con un gobierno que busque el bien común, las condiciones esenciales para establecerlo no se dan.

No hay respeto por la persona humana; estamos lejos de alcanzar el bienestar social porque este gobierno lo que busca, en el fondo, es la aprobación popular a través de los programas sociales electoreros, esto se ha demostrado por el incremento de la pobreza en lo que va de su gestión.

Y, en tercer lugar, estamos muy lejos de que tengamos paz: la tranquilidad dentro del orden no se vislumbra en el corto plazo.

Por eso es importante que, con nuestro voto, el próximo año detengamos la destrucción de la patria. Recordemos… todos construimos el bien común.

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[1] Párrafo 1881, cita de la encíclica Gaudium et Spes 25,1.

[2] Párrafo 1897 cita de la encíclica Pacem in Terris 46.

[3] Párrafo 1897 cita de la encíclica Inmortali Dei

[4] Párrafo 1906 cita de la encíclica Gaudium et Espes 26,1; 74,1.

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